sintomas

¡Yo no quiero ser una enferma!

– ¡¡¡¡Yo no quiero ser una enferma!!!, grité mientras lloraba.

Sentada en el sillón de la esquina. En la habitación 219. Mi casa durante aquellas semanas. Largas e infinitas semanas para mí.

Entonces él pronunció mi nombre.

– ¡ MARÍAAA!.

Lo hizo con un tono tajante pero tratando de serenarme. Lo suyo también fue un grito. Un grito que clamaba tranquilidad.

Durante el tiempo que estuve ingresada, en aquellos ratos de soledad en los pasillos del hospital, intentando caminar sin caerme, o en las noches que me costaba dormir, llegué a pensarlo. Llegué a plantearme si lo que tenía podría ser algo “malo”.

Lo de ser algo “malo” era muy abstracto, y encerraba tantas posibilidades dentro de sí, que cuando pensaba en ello, mis ideas eran taxativas y rotundas.

Hoy me atrevo a decirlo.

En mi mente -no sé si llegué a verbalizarlo, creo que no-, me decía:

– Si lo que tengo es “malo”, me quito de en medio.

Fue un pensamiento que durante ese mes, en más de una ocasión, se pasó por mi coco. ¡Qué duro!, ¡qué asustada estaba!.

No quería vivir siendo una enferma. Eso lo tenía claro. No quería estar tomando medicación. No quería ser la pobrecita María. No quería depender de nadie. No quería dejar de trabajar. Tantas cosas que no quería y que temía pudieran suceder. …

Han pasado menos de 2 años, pero casi ya.

Y tantas cosas de las que no quería, han tenidos que ser. Sí, es así, he ido asumiendo, aprendiendo, adaptándome y aceptando.

Sin embargo, tengo la fortuna de cumplir con la primera frase que espeté tras mi diagnóstico.

¡Yo no quiero ser una enferma!

Y no lo soy. ¡No soy una enferma. No estoy enferma!

Tengo una enfermedad, que es diferente. Muy diferente.

Hay personas que viven enfermas y no tienen enfermedades. Ésa es su terrible enfermedad. También las hay que, teniendo una enfermedad, no son enfermas. Ahí se encuentra la sanación. O eso creo yo.

Esa es mi fe, mi credo. Deseo seguir con este talante, con esta energía, con esta vibración.

No soy esclerosis, soy múltiple.

Y eso, decidir ser múltiple, encierra muchas más esperanzas.

 

imagen de Emma Leonard.
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Miss Graña

Día sí, día no.

Ella se presenta en mi casa y se establece. Sea bienvenida o no. Ahí se queda, como si fuera una invitada de honor.

En la revisión con el neurólogo, ya me lo había advertido.

– Lo que te sucede en la vista se llama migraña con aura; escotoma de fortificación. No siempre es el fenómeno de Uhthoff. Eres migrañosa, María.

¡Ya coño, otra cosa más!, pensé. Pero la verdad que se producía más alejada en el tiempo y casi que era un mal secundario.

Sin embargo, llevo 2 o 3 semanas, sin juegos visuales afortunadamente, pero que el dolor de cabeza intenso e insoportable, se hace presente. Muy presente.

Día sí, día no.

Miss Graña.

No tengo claro si se debe a tensión, si es por algún medicamento que me lo está provocando, si el síntoma trata de decirme algo, si es por la alimentación, cambio de estación… Lo que si sé es que me jode.

Me jode que venga con tanta frecuencia y sin entender a qué responde esto ahora. Ya hoy me paré a mirar en el calendario las fechas y me he dedicado a reflexionar sobre ello.

El único cambio de último es que he incluido yoga. Pero en realidad allí mejoro, con estiramientos y relajación. No creo que tenga que ver con eso.

Algo que sí me lleva a pensar, es que como tengo una lesión en la C-3 y otra en la D-3, además de las cerebrales, al hacer determinados ejercicios, pueda estar sobrecargando. Lo cierto es que, como novedad, he notado que me cuesta mucho, muchísimo – en cualquier actividad- mantener los brazos arriba. Es algo AGOTADOR y que al hacerlo y estar extenuada, tengo tendencia a tensar para tratar de aguantar. Si fuera por ellos (por los brazos), se caerían al segundo 2.

¿Será que ahora soy más consciente o es que es algo nuevo?

También sé que la mandíbula, cuello, hombros, omóplatos, cráneo, sien, escápulas, todos ellos están como bloques. Tensos, duros, contracturados.

Luego voy al fisio, me da masaje, me relaja, me los afloja, pero horas después hemos vuelto a la trinchera. Guerra inconsciente.

Vuelve la Miss. La Graña. La incomodidad. El dolor.

¡Buaaaaaaa, snif, snif!

Tendré que valorar si es que tiendo a compensar por esta debilidad en los brazos (hablando, como siempre, en voz alta). Comentarlo con los profesionales a los que acudo en las diferentes terapias, incluso tenerlo presente cuando vuelva al neurólogo. Ver la posible relación con las lesiones de la cervical y la dorsal.

Día sí, día no.

Hoy ha sido de los que sí. Hoy tocó.

María y su Miss Graña.

No somos amigas, pero estamos cohabitando.

 

imagen de Teresa Freitas

Papiroflexia

Hice un avión de papel y escribí tu nombre en él, creyendo que podrías ver con altura lo que no ves. 

Y a aquella cima me subí, desde allí lo lancé. 

Pero el aire no nos quiso nunca ayudar. 

Planeó a ras de suelo hasta que ya dejé de verlo y ya nunca lo volví a encontrar”. McEnroe. Vendaval. 

Hoy me despedí de la terapia visual. Casi un año de sesiones semanales. Ha sido un trabajo de constancia, empeño y voluntad.

Tanto la profesional como yo, consideramos que se han conseguido grandes avances y objetivos. No sólo visualmente, sino en la parte cognitiva, confirmando así la gran plasticidad cerebral que tenemos, aún siendo adultos. Yuju (así con la boca chica lo digo).

Justo de la mano con mi despedida, una jaqueca brutal.

Jaqueca que afecta directamente a mis ojos, o viceversa. ¿Será al revés, son ellos los que mandan señales de dolor a mi cabeza? No lo sé. Aún no lo sé.

Mis ojos están sensibles. Y duelen y lloran.

Hoy duelen, hoy lloran.

Y juegan con mi alma. Remueven lo que veo y lo que no veo.

Esconden mis días de colores y los apagan. Los vuelven grises.

No sólo es mi dolor de cabeza.

No silencies tus sentires de esta última semana, María.

De mis ojos salen aviones, palomitas, estrellas o lágrimas. Vuelan y se van. Tampoco se quedan mucho rato.

El lunes tuve terapia con la psicóloga. En la sesión, el avión colisionaba directa y brutalmente con mi pecho. Con mi sentir pintado de elegante. Con mi cajón ordenado y escondido.

¡PUM!

Destrozo. Pedazos rotos.

El espejo hecho añicos. El puzzle que ya no encaja. Que no sirve. Que ya no es. O que nunca lo fue.

Mis ojos son listos. Mejor no enfocar, todo emborronado. Así, desdibujado, no se nota.

Mis ojos están sensibles. Y duelen y lloran.

Hoy duelen, hoy lloran.

 

Y con los trozos rotos, hago un mosaico. Con los papeles que no dicen nada, hago papiroflexia.

A volar….

 

 

 

 

 

 

Canela en rama

En el año 2001 trabajaba en un hogar de acogida de menores. Por ese entonces, en los intermedios de la TV ponían una canción de un grupo canario, que empezaba diciendo:

– María de la Canela, pelo negro, tez morena. Tiene alas y no vuela (…)

Los niños del hogar comenzaron a llamarme así. A mí me parecía tan bonito….

Poco a poco, alguna de las familias empezaron a creer que ese era mi nombre y cuando venían de visita al centro, me saludaban y decían: – ¿Qué tal María de la Canela, cómo se portó esta semana fulanito?

Siempre me gustó ser María de la Canela. Sí, fui María de la Canela y lo recuerdo con mucha ternura.

Durante otra etapa de mi vida, años más tarde, los chicles de canela se convirtieron en un sabor sagrado. Luego dejaron de comercializarlos, pero hasta hace poco, guardaba el último chicle de un paquete en una caja de madera.

En una de mis limpiezas de cachivaches, lo tiré. El recuerdo permanece. No es necesario guardar cosas – lo digo en voz alta para autoconvencerme-.

En esa época, el aroma a canela también era importante. Muy significativo.

Más tarde, bastante más, empecé a añadirla espolvoreada en la fruta picada. ¡Mmmmmm, me encanta!

Luego la incorporé a algunas comidas.

Ahora lo hago también en las infusiones. A veces en rama, a veces en polvo. Depende.

Y por último, algo muy reciente. Se me viene a la mente la expresión Canela en rama, como forma de decir:

– ¡Olé! Muy bien. Así es. Buen trabajo. Lo estoy consiguiendo.

Como un grito de lucha y esfuerzo, valentía y tesón.

¡¡¡¡Canela en rama!!!!

Así que, de un modo u otro, la canela y yo tenemos un vínculo misterioso y mágico.

Y hoy, cuando me senté a contar mi relación con ella, tecleé las palabras en el buscador para ver si encontraba alguna ilustración que me inspirase, y lo que me sale es el Kanka con un tema que no había oído.

De los brotes, salen las raíces, las ramas y por fin los frutos.

Canela en rama.
Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote.
 Y aunque diga mi oculista
 que tengo muy mal la vista
 hoy me quedé mirándote.
 Y pese a que el insomnio me desvela cada noche
 hoy me quedé; soñándote...
  Yo que hablo hasta debajo del agua
 hoy me sorprendí escuchándote.
 Y aunque de puro cobarde
 siempre he sido pacifista,
 hoy te luché;
 y te gané.
 Yo, que siempre he sido de poner tierra por medio
 hoy te vi, y me quedé.
 Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón;
 canela en rama.
 Hoy cocino en tu cocina, corazón.
 Yo que siempre fui animal nocturno
 hoy me quedo a ver amanecer.
 Y yo que siempre fui rockero
 hoy te canto por boleros
 ay "si tú me dices ven"...
 Yo que siempre he huido de las modas
 hoy visto Pret a Porter.
 Son las cosas de la vida,
 son las cosas del querer.
 Yo venía de visita,
 yo venía de visita y me quedé.
  Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón
 canela en rama.
 En tu cocina, corazón, canela en rama
 En tu cocina, corazón.
 Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote... El Kanka.

 

ilustración de Nono Astro Irareza

Si del cielo te caen limones…

Integrar el aprendizaje. Es algo que aún me falta.

36 años de automatismos frente a 22 meses de nuevas maneras.

Estar más presente y escucharme más. Cada día, cada rato, cada minuto.

Ayer me volvió a suceder.

No me miré, ni me pregunté, ni me paré a observar. Y yo creyendo que sí….¡Qué engaño!

Tras una sesión de terapia dura, como de último, me puse como una moto – sin ser consciente-. Hablar, caminar, pensar, evadirme, planificar, organizar, escribir. Todo aquello que me alejara de encontrarme conmigo misma

Luego, poco rato después, me meto en el fisio. Me dejo fluir, me relajo, me sereno.

Salgo de allí, con el firme propósito de integrar ambas experiencias.

De masticar la primera y degustar la segunda.

Analizar lo que duele y colocarlo en su lugar; emociones y contracturas.

Pero poco duró ese propósito. En el camino de regreso a casa, ya estaba esta cabeza loca mía, con otros planes. Y sí, sé que es una huida.

Lo que me doy cuenta, normalmente, a toro pasado.

Me excedí y hoy me encuentro en un día crítico. Que diga, cítrico.

Sí, eso es algo que sí he aprendido. A hacer limonadas con miel, otras más frescas, a veces con hierbabuena, o simplemente exprimir el limón. Pero lo voy consiguiendo.

Mis días cítricos. Los que el cuerpo me grita su desacuerdo. Su malestar. Los que el alma me susurra que no me olvide de ella, que la mire más; con más frecuencia y más atención. Los días en que mi mente me boicotea con su negatividad habitual. Me recrimina mi error, me culpabiliza por no saber.

Ella – mi mente- los llama días críticos.

Yo, los llamo días cítricos. Y los saboreo. Y aprendo de ellos.

Ya no me peleo ni enfado.

Hoy, curso de limonadas on-line.

“mi limón, mi limonero, entero me gusta más……”

 

ilustración de Anne M. Bentley

Mujeres

No pude quedarme en el parque San Telmo. No pude quedarme. No pude. Tuve que irme antes de que se produjera la aglomeración

El color violeta abundaba, como lo hacía la energía bonita. Yo quería estar, pero los lugares con muchas personas me aturden, me desestabilizan, me agobian. Mis piernas se tambalean, como se tambalea mi vista.

De momento no puedo asistir a concentraciones multitudinarias.

Fui a medio día. Con menos movimiento.

No quería detenerme mucho. Me apuraba la idea de encontrarme a personas conocidas y no saber cómo decirles que con mi “aparente normalidad”, no puedo estar de pie, ni con mucho ruido, ni es lugares abarrotados. Aún me cuesta….aún me siento “rara”.

Parecía una turista mirando una atracción. De soslayo observaba a las personas, en su gran mayoría mujeres. Por dentro, vibraba de emoción. Por fuera, sonreía.

Si, pasé y paseé. Pero no me pude quedar.

Me ha dejado triste….. Querer estar y no poder hacerlo. Me apena.

Pero al menos pasé por allí. Las vi. Las escuché. Las leí. Con pancartas o sin ellas. Sus rostros hablaban por sí solos. También se sumaban a la huelga algunos hombres. Acompañando en la lucha.

Yo hoy no pude estar. Pero aún así, estuve.

Y sí, también me estremecen mujeres.

ilustración  Carmen Gómez

Mujeres
Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
 hacia la estrella de aquella otra madre mayor.
 Y cómo los recogía del polvo teñidos
 para enterrarlos debajo de su corazón.
 
 Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo,
 siempre a la sombra y llenando un espacio vital.
 Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
 de la melena invencible de aquel alemán.
 
 Me estremeció la muchacha
 hija de aquel feroz continente,
 que se marchó de su casa
 para otra de toda la gente.
 
 Me han estremecido un montón de mujeres,
 mujeres de fuego, mujeres de nieve.
 
 Pero lo que me ha estremecido
 hasta perder casi el sentido,
 lo que a mi más me ha estremecido
 son tus ojitos, mi hija,
 son tus ojitos divinos.
 
 Me estremeció la mujer que parió once hijos
 en el tiempo de la harina y un quilo de pan
 y los miró endurecerse mascando carijos.
 Me estremeció porque era mi abuela además.
 
 Me estremecieron mujeres
 que la historia anotó entre laureles.
 Y otras desconocidas, gigantes,
 que no hay libro que las aguante.  Silvio Rodríguez

Domando a la fiera

El redoble de tambores marcaba el ritmo y el paso, del fin de semana. Yo iba saltarina. Pizpireta. Presente.

Y de un baile, saltaba a otro. No importaba si era un tango o un pasodoble, una lambada o danza urbana. Yo quería participar en todos.

Así transcurrió el viernes, con quehaceres varios y mi tambor resonando de fondo –Ran, rataplán, ran, rataplán- ….

Sábado con actividades interesantes, encuentros agradables y linda compañía. El ritmo que siguiera sonando, que yo podía con el baile.

El domingo, más melodías. Mi cuerpo se negaba a la rendición. Paseos, abrazos, comidas y cenas. Todas con gluten, mucho gluten y amor, mucho amor.

Ya en la noche, escuché la primera queja en MAYÚSCULAS: amenazante jaqueca seguida de nauseas.

El lunes en la mañana abrir los ojos se convertía en una temeridad. El tambor se había instalado en mi cabeza con la firme intención de querer batirse en duelo conmigo.

Hice caso omiso a su tentativa y volví a dormirme. No podía moverme. Horas después, seguía la encrucijada sobre mi sien. Presionando, haciendo imposible la tarea de levantarme.

Cuando por fin pude coger las riendas de la situación, abrí los ojos y me comí algo, lo que el cuerpo me dejaba, porque las nauseas seguían por ahí pululando. Mi inactividad poco duró, porque la tarde estaba demasiado bonita como para quedarme en casa.

INCONSCIENCIA-DESCONOCIMIENTO-NO ESCUCHARME.

Me fui de paseo por las Canteras y concluí el cha, cha, cha, en el supermercado. Haciendo una compra interesante para cargar y subir por los tres pisos que llevan a mi hogar.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

El martes todo era un esfuerzo. Hasta hablar, hasta respirar, hasta callarme.

Me sentía incómoda siendo y dejando de ser. Nada me calmaba. El cuerpo estaba molesto con su realidad.

Pero, bueno, igual si salgo, cojo aire y hago un poco de yoga, todo sea diferente. Igual me venga bien y me despeje……Igual es lo que necesito: airearme.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

Y de la amenaza pasó a la acción. La fiera me pilló. O me dejé pillar, no lo sé.

Me quedé en k.o. técnico. Fuera de combate. Noqueada. Vencida.

Ayer martes por la tarde noche, volví al pozo oscuro. Donde todo es confuso. El dolor adquiere una nueva dimensión. La fatiga se eleva a la máxima potencia. Donde la fiera se apodera de toda mi existencia y me deja abatida a su antojo.

La fiera estuvo avisando y yo, ajena a su lenguaje, seguí bailando al redoble del tambor. Me gusta tanto la música que me cuesta aceptar.

Hoy ha sido un día más claro. De darme un tiempo y un espacio para volver a mirar a la fiera de frente. Volver a escuchar sus condiciones, sus necesidades y sus límites. Y terminar ambas fundidas en un abrazo.

Y aquí me encuentro, mano a mano con ella: domando a la fiera que vive en mí.

 

Ilustración de Gabriella Barouch

Te veo

Desde pequeña solía dibujar ojos sueltos. Tengo libretas y folios viejos, con mi ojo hecho, a veces con bolígrafo, a lápiz, uno pintado en una pequeña piedra – que aún guardo- , en otras superficies con pinturas más resistentes…. Ojos con pupila, pestañas y lágrimas. Se repiten.

María y los ojos. Una relación íntima.

Después de la primera neuritis que fue en el año 2008 y del brote del año pasado (que me afectó a la vista), la mirada y los ojos, adquieren para mí un interés más especial aún.

Un sentido que a veces falla. Y duele, asusta.

Cuando comencé a recuperarme, no sólo de la vista, sino del choque que supuso saber que el tratamiento no estaba haciendo efecto; que habían aparecido nuevas lesiones y que debía pasar a un tratamiento más potente de segunda generación, se me ocurrió materializar de alguna forma mi relación de amor y desamor con los ojos.

Por ese entonces lo conocí a él. Pensé que qué mejor forma de dejar plasmada mi historia con los ojos, que a través de un cuadro. Mi cabeza que siempre está haciendo conexiones: él es artista, podrá hacerme algo interesante, seguro.

Así surge la idea. Se la planteo poco después. Sin embargo, él le da la vuelta a la situación.

– Creo que lo que me sugieres es un proyecto muy interesante, pero me parece mucho más enriquecedor para ti, que seas parte activa en la creación de la pieza. Yo te lo puedo hacer sin problema y lo pondrás en tu salón, pero no es tuya, no es hecha por ti. Cuando te encuentres mejor, puedas hacer esfuerzo físico y demás, vemos qué podemos hacer ¿te parece?

Eso quedó en el aire y por un motivo u otro no arrancaba. Mi rehabilitación, dolores, incomodidad, adherencia al tratamiento, etc, etc.

Cuando el proyecto arranca, yo estoy a la expectativa pero dejándome guiar, sin poner peros ni comas. Con mis dificultades – viejas conocidas- para dejarme llevar.

Dibujar con ojos cerrados, un experimento con la mano izquierda, tratando de no buscar la perfección. Es más, sin preocuparme de si se mancha aquí o allá, de si se pisa o se arruga. Lo importante es estar haciéndolo, no el resultado final. Esas van siendo sus indicaciones.

Metida de lleno en el ahora, que ya es pasado, logro olvidarme por ratos, del tiempo y de mis males.

Así se va desarrollando la creación de mis ojos. Con su guía, supervisión, ayuda y, con sus ojos maestros.

El resultado ya está colgado en mi pared. Me recuerda a cada momento que VEO. Que te veo, que les veo, que me veo.

Que no estoy sola. Que tengo mucho que agradecer, a muchos, por mucho, a todos, por todo.

Gracias.

En la película Avatar utilizan la frase “TE VEO” . Significa: te respeto, te saludo, te honro, te reconozco, te recibo, me conecto contigo. VEO tu alma. Tu verdadera esencia. Veo quién realmente eres.

Al igual que sucede con la palabra en Sánscrito, “Namaste”, el saludo habitual en la India, que significa reconocer la divinidad presente dentro de la otra persona y dentro de ti.

Te Veo!

Beer para creer

Es el eslogan que veo a diario cerca de mi casa “beer para creer”.

Yo no necesito una cerveza para estar bien, ni un mojito para disfrutar, pero está claro que cuando me tomaba uno u otra, me sabían a gloria bendita.

He estado, por fuerza mayor, más de un año y medio sin probar gota de alcohol. Pocos momentos de gloria, pocos momentos benditos. No por el alcohol; evidente. Sino por las burbujitas de la vida, la espuma o la hierbabuena.

Pocos momentos de gloria, pocos momento benditos.

Pero la fe continúa. La confianza. El deseo. La ilusión. Soy así. Soy soñadora, entusiasta y perseverante.

Y ya ocurrió. Sucedió. Llegó el día. Se puede. Se recomienda. Me lo merezco.

Hay suspiros en los que me huelo a flores, me escucho contenta, me veo sonriendo, saboreo con ganas y camino con fuerza.

María está regresando. Sí, hay suspiros en los que, mientras el aire permanece en los pulmones, María está presente de nuevo.

No es la cerveza. No. Son las burbujitas de la vida, la espuma y la hierbabuena.

 

imagen de Vásquez Rocca

1, 2, 3, un pasito pa`lante María

Esta semana tuve revisión con el neurólogo. El día antes, hice una recopilación de todo lo vivido desde junio, que había sido la última visita.

¡Mi madre! No soy consciente de todo lo que ha ido sucediendo, porque los cambios se producen por días, incluso, por horas. Arriba y abajo.

Cuando recojo las notas para comentarle al médico, es cuando puedo apreciar – con datos objetivos- el péndulo en el que me he estado balanceando: en un punto y en el otro. TIC y TAC.

En la sala de espera, repaso con mi padre, las anotaciones hechas el día anterior. Incluso, por la noche me desperté con más aspectos a comentar y los anoté en el móvil para no olvidarlos.

¡Todo controlado! Mi mayor mal.

Lo sé y trato de hacer una tregua con él. A veces sale mejor y otras no tanto.

Esta vez dejé, o eso creo, que fuera el médico el que hiciera las preguntas. Tenía encima de la mesa la libreta de anotaciones, mi carpeta con todos los informes, bolígrafo, pañuelos, agua. Como si fuera a acampar en aquella consulta.

Como suele ocurrir, él indaga con mucho detalle. Ahonda en ciertos datos. Es más rápido para otros. Se detiene, me mira a la cara, se sonríe. Esta vez ha estado mucho más amable y bromista. Esta vez, yo he estado mucho más amable y bromista. No es casualidad. Esta vez, yo he estado más serena y esperanzada con la vida. Con mi vida. Con toda mi montaña rusa emocional incluida. No es casualidad.

Pasamos a la pruebas y exploración física: en camilla, tumbada, haciendo fuerza, flexionando, estirando, empujando, de pie, equilibrio, coordinación, mirando hacia aquí, hacia allá, abriendo ojos, agarrando manos, siguiendo la luz, mordiendo fuerte. Seguimos, saca lengua, para aquí, para allá.

Pruebas de sensibilidad, cosquilla lado derecho, lado izquierdo. Reflejos, martillo en mano, golpitos.

Agudeza visual. Tapando un ojo, mirando todas las aberturas de las U. Todo genial. Veo hasta la última fila. Esto camina bien, pienso. Y me sigo viniendo a arriba.

Ahora sin calcetines, caminando hacia la puerta, la vuelta, retorno, con un pie delante de otro. – No te agarres a la pared, María. Ya te puedes volver a calzar.

-¡NO HAY COLOR CON LAS ANTERIORES EXPLORACIONES! Físicamente estás estupenda. Las pruebas y la clínica son muy buenas, me dice.

¡¡¡¡¡¡Bien, coño, bien!!!!!, ¡lo estoy haciendo bien!

Estoy avanzando. Me estoy superando. Con constancia, con esfuerzo, con implicación, con altibajos importantes y con mucha rabia. Con alegrías y tristezas varias. Con esperanza y desazón, a veces. Pero estoy en la lucha. Estoy caminando. Estoy intentándolo.

1, 2, 3, un pasito pa´lante María.

En este caso, ¡un buen salto pa´lante, mi niña!

Tengo mucho que celebrar y además, mucho que agradecer.

 

imagen de Lucy Campbell