agradecimiento

¿A dónde van?

¿A dónde van los sentires no transitados, no colocados?

Emociones escondidas u olvidadas. Memorias del pasado que una cree tener ‘controladas’ …. pero resulta que sólo están congeladas, paradas, petrificadas, rígidas y esclerotizadas

Y un deshielo casual (¡o no, seguramente!), las deja visibles y palpables.

¡¡COÑO!!, ¡qué grandes, cómo imponen!….

Y como si de un iceberg se tratara, el impacto contra el barco es bestial.

¡¡¡¡¡¡¡PUUUUUUM!!!!!!!!

Se queda al descubierto mucha basura, pero el desastre del estampido, no deja ver con claridad lo que hay…..

Mejor esperar a que las aguas se calmen para descifrar tanto mensaje en clave.

Revisando y dejando que amaine….

No es una huida, es que con el barullo de fondo, todo me aturde. Tengo que ordenar y descubrir por qué ha salido basura y dolores viejos.

Sé que tienen que ver con María pequeña. Con María enfadada. Con María triste. Con María insegura. Con María perdida.… Eso sí lo sé.

Hay emociones escondidas u olvidadas. Memorias del pasado que una cree tener ‘controladas’ …. pero resulta que sólo están congeladas, paradas, petrificadas, rígidas y esclerotizadas.

¿Y a dónde van las emociones de esa pequeña María?

¿Dónde viven esos sentimientos?

¿Es mi pecho el baúl de los recuerdos?

¿Son mis poros los que traspiran nostalgias?

¿Mi Casiopea particular está fijada-endurecida por ellos?

¿A dónde van?

¿A dónde van?. Silvio Rodríguez. 

¿Adónde van las palabras que no se quedaron?
 ¿Adónde van las miradas que un día partieron?
 ¿Acaso flotan eternas,
 como prisioneras de un ventarrón,
 o se acurrucan entre las rendijas,
 buscando calor?
 ¿Acaso ruedan sobre los cristales,
 cual gotas de lluvia que quieren pasar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van...?
 ¿Adónde van?
 
 ¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?
 ¿Adónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?
 ¿Por dónde están las angustias,
 que desde tus ojos saltaron por mí?
 ¿Adónde fueron mis palabras sucias
 de sangre de abril?
 ¿Adónde van ahora mismo estos cuerpos
 que no puedo nunca dejar de alumbrar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van...?
 ¿Adónde van?
 
 ¿Adónde va lo común, lo de todos los días:
 el descalzarse en la puerta, la mano amiga?
 ¿Adónde va la sorpresa,
 casi cotidiana del atardecer?
 ¿Adónde va el mantel de la mesa,
 el café de ayer?
 ¿Adónde van los pequeños terribles encantos
 que tiene el hogar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van..?
 ¿Adónde van? 
Collage de Shawn Marie Hardy
Anuncios

¡Yo no quiero ser una enferma!

– ¡¡¡¡Yo no quiero ser una enferma!!!, grité mientras lloraba.

Sentada en el sillón de la esquina. En la habitación 219. Mi casa durante aquellas semanas. Largas e infinitas semanas para mí.

Entonces él pronunció mi nombre.

– ¡ MARÍAAA!.

Lo hizo con un tono tajante pero tratando de serenarme. Lo suyo también fue un grito. Un grito que clamaba tranquilidad.

Durante el tiempo que estuve ingresada, en aquellos ratos de soledad en los pasillos del hospital, intentando caminar sin caerme, o en las noches que me costaba dormir, llegué a pensarlo. Llegué a plantearme si lo que tenía podría ser algo “malo”.

Lo de ser algo “malo” era muy abstracto, y encerraba tantas posibilidades dentro de sí, que cuando pensaba en ello, mis ideas eran taxativas y rotundas.

Hoy me atrevo a decirlo.

En mi mente -no sé si llegué a verbalizarlo, creo que no-, me decía:

– Si lo que tengo es “malo”, me quito de en medio.

Fue un pensamiento que durante ese mes, en más de una ocasión, se pasó por mi coco. ¡Qué duro!, ¡qué asustada estaba!.

No quería vivir siendo una enferma. Eso lo tenía claro. No quería estar tomando medicación. No quería ser la pobrecita María. No quería depender de nadie. No quería dejar de trabajar. Tantas cosas que no quería y que temía pudieran suceder. …

Han pasado menos de 2 años, pero casi ya.

Y tantas cosas de las que no quería, han tenidos que ser. Sí, es así, he ido asumiendo, aprendiendo, adaptándome y aceptando.

Sin embargo, tengo la fortuna de cumplir con la primera frase que espeté tras mi diagnóstico.

¡Yo no quiero ser una enferma!

Y no lo soy. ¡No soy una enferma. No estoy enferma!

Tengo una enfermedad, que es diferente. Muy diferente.

Hay personas que viven enfermas y no tienen enfermedades. Ésa es su terrible enfermedad. También las hay que, teniendo una enfermedad, no son enfermas. Ahí se encuentra la sanación. O eso creo yo.

Esa es mi fe, mi credo. Deseo seguir con este talante, con esta energía, con esta vibración.

No soy esclerosis, soy múltiple.

Y eso, decidir ser múltiple, encierra muchas más esperanzas.

 

imagen de Emma Leonard.

Canela en rama

En el año 2001 trabajaba en un hogar de acogida de menores. Por ese entonces, en los intermedios de la TV ponían una canción de un grupo canario, que empezaba diciendo:

– María de la Canela, pelo negro, tez morena. Tiene alas y no vuela (…)

Los niños del hogar comenzaron a llamarme así. A mí me parecía tan bonito….

Poco a poco, alguna de las familias empezaron a creer que ese era mi nombre y cuando venían de visita al centro, me saludaban y decían: – ¿Qué tal María de la Canela, cómo se portó esta semana fulanito?

Siempre me gustó ser María de la Canela. Sí, fui María de la Canela y lo recuerdo con mucha ternura.

Durante otra etapa de mi vida, años más tarde, los chicles de canela se convirtieron en un sabor sagrado. Luego dejaron de comercializarlos, pero hasta hace poco, guardaba el último chicle de un paquete en una caja de madera.

En una de mis limpiezas de cachivaches, lo tiré. El recuerdo permanece. No es necesario guardar cosas – lo digo en voz alta para autoconvencerme-.

En esa época, el aroma a canela también era importante. Muy significativo.

Más tarde, bastante más, empecé a añadirla espolvoreada en la fruta picada. ¡Mmmmmm, me encanta!

Luego la incorporé a algunas comidas.

Ahora lo hago también en las infusiones. A veces en rama, a veces en polvo. Depende.

Y por último, algo muy reciente. Se me viene a la mente la expresión Canela en rama, como forma de decir:

– ¡Olé! Muy bien. Así es. Buen trabajo. Lo estoy consiguiendo.

Como un grito de lucha y esfuerzo, valentía y tesón.

¡¡¡¡Canela en rama!!!!

Así que, de un modo u otro, la canela y yo tenemos un vínculo misterioso y mágico.

Y hoy, cuando me senté a contar mi relación con ella, tecleé las palabras en el buscador para ver si encontraba alguna ilustración que me inspirase, y lo que me sale es el Kanka con un tema que no había oído.

De los brotes, salen las raíces, las ramas y por fin los frutos.

Canela en rama.
Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote.
 Y aunque diga mi oculista
 que tengo muy mal la vista
 hoy me quedé mirándote.
 Y pese a que el insomnio me desvela cada noche
 hoy me quedé; soñándote...
  Yo que hablo hasta debajo del agua
 hoy me sorprendí escuchándote.
 Y aunque de puro cobarde
 siempre he sido pacifista,
 hoy te luché;
 y te gané.
 Yo, que siempre he sido de poner tierra por medio
 hoy te vi, y me quedé.
 Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón;
 canela en rama.
 Hoy cocino en tu cocina, corazón.
 Yo que siempre fui animal nocturno
 hoy me quedo a ver amanecer.
 Y yo que siempre fui rockero
 hoy te canto por boleros
 ay "si tú me dices ven"...
 Yo que siempre he huido de las modas
 hoy visto Pret a Porter.
 Son las cosas de la vida,
 son las cosas del querer.
 Yo venía de visita,
 yo venía de visita y me quedé.
  Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón
 canela en rama.
 En tu cocina, corazón, canela en rama
 En tu cocina, corazón.
 Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote... El Kanka.

 

ilustración de Nono Astro Irareza

Si del cielo te caen limones…

Integrar el aprendizaje. Es algo que aún me falta.

36 años de automatismos frente a 22 meses de nuevas maneras.

Estar más presente y escucharme más. Cada día, cada rato, cada minuto.

Ayer me volvió a suceder.

No me miré, ni me pregunté, ni me paré a observar. Y yo creyendo que sí….¡Qué engaño!

Tras una sesión de terapia dura, como de último, me puse como una moto – sin ser consciente-. Hablar, caminar, pensar, evadirme, planificar, organizar, escribir. Todo aquello que me alejara de encontrarme conmigo misma

Luego, poco rato después, me meto en el fisio. Me dejo fluir, me relajo, me sereno.

Salgo de allí, con el firme propósito de integrar ambas experiencias.

De masticar la primera y degustar la segunda.

Analizar lo que duele y colocarlo en su lugar; emociones y contracturas.

Pero poco duró ese propósito. En el camino de regreso a casa, ya estaba esta cabeza loca mía, con otros planes. Y sí, sé que es una huida.

Lo que me doy cuenta, normalmente, a toro pasado.

Me excedí y hoy me encuentro en un día crítico. Que diga, cítrico.

Sí, eso es algo que sí he aprendido. A hacer limonadas con miel, otras más frescas, a veces con hierbabuena, o simplemente exprimir el limón. Pero lo voy consiguiendo.

Mis días cítricos. Los que el cuerpo me grita su desacuerdo. Su malestar. Los que el alma me susurra que no me olvide de ella, que la mire más; con más frecuencia y más atención. Los días en que mi mente me boicotea con su negatividad habitual. Me recrimina mi error, me culpabiliza por no saber.

Ella – mi mente- los llama días críticos.

Yo, los llamo días cítricos. Y los saboreo. Y aprendo de ellos.

Ya no me peleo ni enfado.

Hoy, curso de limonadas on-line.

“mi limón, mi limonero, entero me gusta más……”

 

ilustración de Anne M. Bentley

Me veo

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Me miro, me miro tan ajena, tan despistada, tan ausente de mí, que es como estar orbitando en un universo paralelo.

Yo, que he creído estar tan presente, tan consciente, tan “despierta”.

Anestesiada de mí, con mi propio veneno. Y yo pensando que era el antídoto.

Y poco a poco, en este intervalo de tiempo en el que estoy conmigo, empiezo a saberme. A sentirme, a encontrarme, a verme.

¡Por fin!

No sé dónde estaba. No me recordaba.

Conectada con el mundo y desconectada de mí.

Pero me voy viendo. Y me gusta lo que veo. Me enternece y también me incomoda.

Es raro, hacer visible lo oculto. Lo tapado.

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Ir decapando todas aquellas manos de maquillaje que, lenta y sutilmente, me he ido poniendo.

Tienes más ojeras de las que crees, pero eres bonita. Eres tierna, vulnerable y caprichosa. ¡Sí, lo eres! No pasa nada por serlo. A veces, eres coherente y serena, pero otras, tienes pataletas sinsentido.

Y me veo y me reconozco.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Y no pasa nada. ¡Aquí sucede la magia!

¡¡¡NO PASA NADA!!!

Me veo. Me veo. Me veo…..

Y es entonces, con esta realidad que agarro en mis manos, que abrazo y que no suelto más, que empiezo a verme.

A verte a ti.

Me da tanta fuerza verme, que mi vulnerabilidad se convierte en polvo de estrellas. Ahora es sensibilidad. Presencia para estar, para verte.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Me veo.

Domando a la fiera

El redoble de tambores marcaba el ritmo y el paso, del fin de semana. Yo iba saltarina. Pizpireta. Presente.

Y de un baile, saltaba a otro. No importaba si era un tango o un pasodoble, una lambada o danza urbana. Yo quería participar en todos.

Así transcurrió el viernes, con quehaceres varios y mi tambor resonando de fondo –Ran, rataplán, ran, rataplán- ….

Sábado con actividades interesantes, encuentros agradables y linda compañía. El ritmo que siguiera sonando, que yo podía con el baile.

El domingo, más melodías. Mi cuerpo se negaba a la rendición. Paseos, abrazos, comidas y cenas. Todas con gluten, mucho gluten y amor, mucho amor.

Ya en la noche, escuché la primera queja en MAYÚSCULAS: amenazante jaqueca seguida de nauseas.

El lunes en la mañana abrir los ojos se convertía en una temeridad. El tambor se había instalado en mi cabeza con la firme intención de querer batirse en duelo conmigo.

Hice caso omiso a su tentativa y volví a dormirme. No podía moverme. Horas después, seguía la encrucijada sobre mi sien. Presionando, haciendo imposible la tarea de levantarme.

Cuando por fin pude coger las riendas de la situación, abrí los ojos y me comí algo, lo que el cuerpo me dejaba, porque las nauseas seguían por ahí pululando. Mi inactividad poco duró, porque la tarde estaba demasiado bonita como para quedarme en casa.

INCONSCIENCIA-DESCONOCIMIENTO-NO ESCUCHARME.

Me fui de paseo por las Canteras y concluí el cha, cha, cha, en el supermercado. Haciendo una compra interesante para cargar y subir por los tres pisos que llevan a mi hogar.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

El martes todo era un esfuerzo. Hasta hablar, hasta respirar, hasta callarme.

Me sentía incómoda siendo y dejando de ser. Nada me calmaba. El cuerpo estaba molesto con su realidad.

Pero, bueno, igual si salgo, cojo aire y hago un poco de yoga, todo sea diferente. Igual me venga bien y me despeje……Igual es lo que necesito: airearme.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

Y de la amenaza pasó a la acción. La fiera me pilló. O me dejé pillar, no lo sé.

Me quedé en k.o. técnico. Fuera de combate. Noqueada. Vencida.

Ayer martes por la tarde noche, volví al pozo oscuro. Donde todo es confuso. El dolor adquiere una nueva dimensión. La fatiga se eleva a la máxima potencia. Donde la fiera se apodera de toda mi existencia y me deja abatida a su antojo.

La fiera estuvo avisando y yo, ajena a su lenguaje, seguí bailando al redoble del tambor. Me gusta tanto la música que me cuesta aceptar.

Hoy ha sido un día más claro. De darme un tiempo y un espacio para volver a mirar a la fiera de frente. Volver a escuchar sus condiciones, sus necesidades y sus límites. Y terminar ambas fundidas en un abrazo.

Y aquí me encuentro, mano a mano con ella: domando a la fiera que vive en mí.

 

Ilustración de Gabriella Barouch

Te veo

Desde pequeña solía dibujar ojos sueltos. Tengo libretas y folios viejos, con mi ojo hecho, a veces con bolígrafo, a lápiz, uno pintado en una pequeña piedra – que aún guardo- , en otras superficies con pinturas más resistentes…. Ojos con pupila, pestañas y lágrimas. Se repiten.

María y los ojos. Una relación íntima.

Después de la primera neuritis que fue en el año 2008 y del brote del año pasado (que me afectó a la vista), la mirada y los ojos, adquieren para mí un interés más especial aún.

Un sentido que a veces falla. Y duele, asusta.

Cuando comencé a recuperarme, no sólo de la vista, sino del choque que supuso saber que el tratamiento no estaba haciendo efecto; que habían aparecido nuevas lesiones y que debía pasar a un tratamiento más potente de segunda generación, se me ocurrió materializar de alguna forma mi relación de amor y desamor con los ojos.

Por ese entonces lo conocí a él. Pensé que qué mejor forma de dejar plasmada mi historia con los ojos, que a través de un cuadro. Mi cabeza que siempre está haciendo conexiones: él es artista, podrá hacerme algo interesante, seguro.

Así surge la idea. Se la planteo poco después. Sin embargo, él le da la vuelta a la situación.

– Creo que lo que me sugieres es un proyecto muy interesante, pero me parece mucho más enriquecedor para ti, que seas parte activa en la creación de la pieza. Yo te lo puedo hacer sin problema y lo pondrás en tu salón, pero no es tuya, no es hecha por ti. Cuando te encuentres mejor, puedas hacer esfuerzo físico y demás, vemos qué podemos hacer ¿te parece?

Eso quedó en el aire y por un motivo u otro no arrancaba. Mi rehabilitación, dolores, incomodidad, adherencia al tratamiento, etc, etc.

Cuando el proyecto arranca, yo estoy a la expectativa pero dejándome guiar, sin poner peros ni comas. Con mis dificultades – viejas conocidas- para dejarme llevar.

Dibujar con ojos cerrados, un experimento con la mano izquierda, tratando de no buscar la perfección. Es más, sin preocuparme de si se mancha aquí o allá, de si se pisa o se arruga. Lo importante es estar haciéndolo, no el resultado final. Esas van siendo sus indicaciones.

Metida de lleno en el ahora, que ya es pasado, logro olvidarme por ratos, del tiempo y de mis males.

Así se va desarrollando la creación de mis ojos. Con su guía, supervisión, ayuda y, con sus ojos maestros.

El resultado ya está colgado en mi pared. Me recuerda a cada momento que VEO. Que te veo, que les veo, que me veo.

Que no estoy sola. Que tengo mucho que agradecer, a muchos, por mucho, a todos, por todo.

Gracias.

En la película Avatar utilizan la frase “TE VEO” . Significa: te respeto, te saludo, te honro, te reconozco, te recibo, me conecto contigo. VEO tu alma. Tu verdadera esencia. Veo quién realmente eres.

Al igual que sucede con la palabra en Sánscrito, “Namaste”, el saludo habitual en la India, que significa reconocer la divinidad presente dentro de la otra persona y dentro de ti.

Te Veo!

Beer para creer

Es el eslogan que veo a diario cerca de mi casa “beer para creer”.

Yo no necesito una cerveza para estar bien, ni un mojito para disfrutar, pero está claro que cuando me tomaba uno u otra, me sabían a gloria bendita.

He estado, por fuerza mayor, más de un año y medio sin probar gota de alcohol. Pocos momentos de gloria, pocos momentos benditos. No por el alcohol; evidente. Sino por las burbujitas de la vida, la espuma o la hierbabuena.

Pocos momentos de gloria, pocos momento benditos.

Pero la fe continúa. La confianza. El deseo. La ilusión. Soy así. Soy soñadora, entusiasta y perseverante.

Y ya ocurrió. Sucedió. Llegó el día. Se puede. Se recomienda. Me lo merezco.

Hay suspiros en los que me huelo a flores, me escucho contenta, me veo sonriendo, saboreo con ganas y camino con fuerza.

María está regresando. Sí, hay suspiros en los que, mientras el aire permanece en los pulmones, María está presente de nuevo.

No es la cerveza. No. Son las burbujitas de la vida, la espuma y la hierbabuena.

 

imagen de Vásquez Rocca

1, 2, 3, un pasito pa`lante María

Esta semana tuve revisión con el neurólogo. El día antes, hice una recopilación de todo lo vivido desde junio, que había sido la última visita.

¡Mi madre! No soy consciente de todo lo que ha ido sucediendo, porque los cambios se producen por días, incluso, por horas. Arriba y abajo.

Cuando recojo las notas para comentarle al médico, es cuando puedo apreciar – con datos objetivos- el péndulo en el que me he estado balanceando: en un punto y en el otro. TIC y TAC.

En la sala de espera, repaso con mi padre, las anotaciones hechas el día anterior. Incluso, por la noche me desperté con más aspectos a comentar y los anoté en el móvil para no olvidarlos.

¡Todo controlado! Mi mayor mal.

Lo sé y trato de hacer una tregua con él. A veces sale mejor y otras no tanto.

Esta vez dejé, o eso creo, que fuera el médico el que hiciera las preguntas. Tenía encima de la mesa la libreta de anotaciones, mi carpeta con todos los informes, bolígrafo, pañuelos, agua. Como si fuera a acampar en aquella consulta.

Como suele ocurrir, él indaga con mucho detalle. Ahonda en ciertos datos. Es más rápido para otros. Se detiene, me mira a la cara, se sonríe. Esta vez ha estado mucho más amable y bromista. Esta vez, yo he estado mucho más amable y bromista. No es casualidad. Esta vez, yo he estado más serena y esperanzada con la vida. Con mi vida. Con toda mi montaña rusa emocional incluida. No es casualidad.

Pasamos a la pruebas y exploración física: en camilla, tumbada, haciendo fuerza, flexionando, estirando, empujando, de pie, equilibrio, coordinación, mirando hacia aquí, hacia allá, abriendo ojos, agarrando manos, siguiendo la luz, mordiendo fuerte. Seguimos, saca lengua, para aquí, para allá.

Pruebas de sensibilidad, cosquilla lado derecho, lado izquierdo. Reflejos, martillo en mano, golpitos.

Agudeza visual. Tapando un ojo, mirando todas las aberturas de las U. Todo genial. Veo hasta la última fila. Esto camina bien, pienso. Y me sigo viniendo a arriba.

Ahora sin calcetines, caminando hacia la puerta, la vuelta, retorno, con un pie delante de otro. – No te agarres a la pared, María. Ya te puedes volver a calzar.

-¡NO HAY COLOR CON LAS ANTERIORES EXPLORACIONES! Físicamente estás estupenda. Las pruebas y la clínica son muy buenas, me dice.

¡¡¡¡¡¡Bien, coño, bien!!!!!, ¡lo estoy haciendo bien!

Estoy avanzando. Me estoy superando. Con constancia, con esfuerzo, con implicación, con altibajos importantes y con mucha rabia. Con alegrías y tristezas varias. Con esperanza y desazón, a veces. Pero estoy en la lucha. Estoy caminando. Estoy intentándolo.

1, 2, 3, un pasito pa´lante María.

En este caso, ¡un buen salto pa´lante, mi niña!

Tengo mucho que celebrar y además, mucho que agradecer.

 

imagen de Lucy Campbell

No me encuentro

Es como si jugara al escondite conmigo misma.

Pero no me veo.

No me hallo.

No me encuentro.

Y el juego pasa a ser entonces una pesadilla.

Sentada en el sillón, dejo caer mi cabeza, como El pensador, sobre la mano izquierda. Así pasan las horas. Luego cambio hacia la mano contraria.

Pero no estoy en un punto, ni estoy en el otro.

No, definitivamente, no me veo.

No me hallo.

No me encuentro.

Mirarme al espejo no me calma. Allí sigo sin verme. Se refleja una imagen, sí, pero no la reconozco. Quieta, parada, ausente.

Perdida, con una oleada de sensaciones. Perdida, en la mar embravecida. Y aunque sé nadar, no tengo ganas…

Este estar sin estar, me irrita. Me irrita profundamente.

Y sigo sin aparecer, pero tampoco desaparezco.

El juego duele.

¿Dónde estaré yo?

Si me reposo en tus brazos, que a veces son los míos, parece que veo mi reflejo. Distorsionado y parpadeando. Como el ámbar en un semáforo.

– Corre, María. Vamos a correr.

No hay paso de peatones y tengo miedo. Igual me fallan las piernas, o lo hace el alma.

– Corre, María. Vamos a correr. Confía en ti. Yo lo hago.

Mientras el semáforo parpadee y el muñeco tenga vida, tú estás ahí. A su lado. Prendiendo la llama.

Pero yo no me encuentro. Y por momentos tampoco me busco.

Sé que tú me ves. Sé que tú me miras. Sé, también, que me has encontrado y perdido varias veces ya.

Por eso tengo fe.

Porque en algún momento, yo volveré a aparecer.

Bebe. Busco me

Algún día aprenderé el por qué de algunas cosas.
 Empiezo a aprender cómo camina mi corazón
 me precipito, salto al vacío luego me siento y me pongo a buscarme.
 
 Y me busco, busco me busco y no me encuentro
 Yo busco me, busco y no me encuentro
 busco me, busco y no me encuentro
 y yo busco me busco y no me encuentro
 Y busco yo busco y me busco y no me encuentro
 y busco me busco y no me encuentro…”

……………..