terapias

Neda

Hip, hip, hurra! Hip, hip, hurra!

Estoy en situación NEDA (no evidence of disease activity)!!!!!

“No se objetiva aumento de la carga lesional así como tampoco signos radiológicos de actividad inflamatoria de ninguna de las placas”.

Hoy he tenido la segunda revisión con le neurólogo tras el cambio de tratamiento a Tecfidera.

¡¡Los resultados son muy buenos!! Hip, hip, hurra! Hip, hip, hurra!

La analítica también sale positiva. Hígado y riñón responden bien a la tralla cañalla que le estamos metiendo. Evidentemente, todos los suplementos naturales que tomo, están apoyando a que este impacto sea menor.

La natación está siendo un factor importante para coger fuerza en los músculos. Desde que pueda, incorporo nuevamente el yoga.

El “brote” de hace un mes y pico, ha sido más bien una secuela de algún proceso vírico; eso me acaba de comentar el médico. La EM no se lleva nada bien con las gripes, infecciones y demás. Lo que a cualquier ser humano afecta negativamente, pero de un modo más llevadero, a los que padecemos EM puede conducirnos a un estado más potente y limitante. En mi caso así ha sido. Lo que empezó como un resfriado, se coló en todo mi cuerpo, con sensaciones muy extrañas y desagradables y se mantuvo así, cerca de un mes.

Pero….

¡Ahora puedo decir que estoy en situación NEDA!, ¡qué maravilla!

Eso sí, a gestionar bien mis tiempos y mis límites. Seguir manejando el estrés. Continuar con un ritmo de vida estable. Buena alimentación. Energía positiva. Risa, cuánta más, mejor. Amor, amor y más amor. Apoyo y comprensión. Vida social. Creatividad e inquietudes. Música, puestas de sol. Vitamina D. Cervecitas, a veces. Bailar, cuando pueda. Natación y yoga. Vivir el presente. Cero preocupaciones. Aprender a delegar. Seguir pidiendo ayuda cuando la necesito. Confiar en los demás y, más en mí, como primera medida. Valorar los momentos y a las personas. Cantar en la ducha y fuera de ella. Decir ‘Te quieros’ con más frecuencia. Cuidar y que me cuiden. Aceptar las situaciones como vienen. Desapego y desprendimiento material. Escuchar más y mejor. Elegir qué batallas quiero luchar; a las demás, darles un respingo.

En fin, a seguir desarrollándome y continuar en esta misma línea. Como en una carrera de fondo: sin parones, pero dosificando.

NEDA.

 

Anuncios

Voyage, voyage

Si no puedes ser feliz,
 No te rindas puedes recurrir,
 Vuela vuela, con tu imaginación.
Volando encontrarás
 Un mundo nuevo.
 Sólo déjate llevar,
¡Vuela, vuela!
 No te hace falta equipaje.
 ¡Vuela! 
 Nadie controla tu imagen.
 ¡Vuela, vuela!
Verás que todo es posible.
 ¡Vuela!
 Despierta tu mente.
(Canción original de Desireless, Voyage, voyage. Adaptación al español de Magneto). 

Mis cimientos se mueven.

15 años de madriguera y cobijo. De aparente seguridad.

Al final de la escalera, donde podía ser yo, la máscara se quedaba en la puerta, sin pasar.

Hogar, dulce hogar.

Construido con esmero y entrega. Con tiempo y experiencias, muchas experiencias. Con personas y con soledad, también.

Hogar, aunque algunos lo llaman sólo casa por el hecho de ser paredes. Pero yo me siento una con ella. Con mi casa. Con MI HOGAR.

Y mis cimientos se mueven. Y con ellos, una fuerte sacudida a las emociones.

He de marchar. Los 58 escalones se interponen entre mi bienestar y yo.

Seguro que este meneo será un proceso de liberación. Seguro. De practicar el desapego material.

De ordenar y desordenar.

De desordenar, más que de ordenar. ¡Basta ya de control!

La EM me regala otro desafío. Alzar el vuelo y cambiar de aires. Cambiar de lugares. Cambiar de olores. Cambiar de vistas. Hasta la luz que entra por la ventana, será otra luz….

Una fuerte sacudida a las emociones. Cambiar y más cambiar.

Pero este es un cambio que me estremece. Un cambio que me enfrenta a mirarme más, mucho más, en el espejo. Ver el reflejo de lo que soy. De quién ahora soy. 

Viajar al pasado y decidir si empaqueto mis recuerdos o si los regalo.

Cerrar etapas y dejarlas marchar. Sin poseer. Sin agarrar.

¡Cuántas se van clausurando!, ¡qué vértigo me da!

Dicen que yo soy mi propio hogar. Que no lo son una casa o unos muebles. Dicen. Eso dicen.

Yo era mi casa, era mi trabajo, era la amiga de….

Con los brazos medio encogidos, le doy la bienvenida a lo nuevo. A lo desconocido aún, pero que está allí, cerquita, a la espera de verme aparecer. Y lo hago con los brazos pequeños, porque estirarlos más, aún me duele.

Mis cimientos se mueven. Y con ellos, una fuerte sacudida a las emociones.

 

Al agua patos

¡Al agua patos!

Patos o patosa. No sabría bien qué decir.

Llevaba más de un año sin ir a la piscina.

Brote- debilidad del brote.

Absceso – operación de absceso.

Absceso- absceso- absceso (…).

Para cuando vine a remontar, ya había perdido la plaza. Así que decidí probar con yoga, que en algún momento aunque breve, ya había practicado . La verdad es que estaba muy contenta. Me gustaba y me sentaba bien.

Y entonces, estando yo “tan contenta” 🙂 , e integrando la nueva actividad en mi vida, es cuando me tumba la gripe; debut del nuevo brote.

¡Otra vez!, más de un mes fuera de combate.

P-A-C-I-E-N-C-I-A

Una vez recuperada, la actividad por la que debía empezar -recomendación del neurólogo-, era la natación.

Hoy volví a la piscina.

Para mi sorpresa, por tener la incapacidad, me descontaron un tanto por ciento en la mensualidad. ¡Bien!

Ya en el vestuario, me encontré con antiguas compañeras, que recordaban mi cara y hasta mi nombre. Intercambiamos un qué tal, cuánto tiempo y esas cosas. Se alegraron de verme.

Yo estuve rápida en justificarme por no haber ido y explicar mis kilos de más.

¡A quién le importa, María!

Debería recordar más la canción que durante muchos años en mi infancia, se convirtió en mi tema estrella.

Mi destino es el que yo decido,
el que yo elijo para mi.
¿A quién le importa lo que yo haga?
¿A quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”.

Haciendo el calentamiento inicial, me sentía inestable y floja. Pero ahí estaba yo, una vez más resurgiendo. Volviendo, retomando, empezando, sonriendo.

Los brazos se cansaban demasiado, pero poco a poco, iba logrando dejarlos levantados. En círculos, arriba- abajo, estirando, doblando.

¡A la ducha y al agua!

Tuve varias peleas. Una de ellas con las gafas, que no sé por qué, no lograba regular y, a cada momento, me entraba agua en los ojos. Fue la peor, porque me paraba a colocarlas cada poco. O eso, o me pegaba con tanta potencia la ventosa, que me sentía absorber las cuenca de los ojos. Otro trajín con el gorro, ¡qué follón! Coño, que aprieta demasiado y notaba como si tuviera un lifting recién hecho. ¿Habré engordado en la cabeza también? No recordaba que me oprimiera tanto.

Luego las piernas, tras 10 aleteos más o menos, se quedaban extenuadas. Y me paraba un poco y luego seguía.

Las señoras me adelantaban. Ellas con su edad, más en forma que yo, que iba con un churrito nadando a mi ritmo.

Un cuadro, vamos.

Está claro que si alguien lo observó desde fuera, no le habría parecido tan dantesco como lo relato. Pero fue mi sensación. Ser el patito feo nadando en el lago de los cisnes. Bueno, no tan exagerado, vale.

La realidad es que me alegro mucho de haber vuelto.

De levantarme de nuevo tras cada caída. De resurgir. De luchar. De no rendirme.

Y seguimos cantando….

¿A quién le importa lo que yo haga?
¿A quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

Quizá la culpa es mía
por no seguir la norma,
ya es demasiado tarde
para cambiar ahora.

Me mantendré
firme en mis convicciones,
reportaré mis posiciones”.

A quién le importa de Alaska y Dinarama.

imagen de Eleni Karlorkoti