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Despierta

Será que en algún momento firmé un contrato como el de la bella durmiente. ¡Será!

He estado en otra dimensión, sin saber qué, cómo y cuándo.

Y recién comienzo a salir del letargo. Asombrada con este despiste….

¿Qué ha pasado?, ¿en qué momento me habré entregado a la inconsciencia?

Ya voy abriendo los ojos, vuelvo a coger el mando y me voy desperezando de este sueño sin sueños.

No quiero identificarme con sensaciones de inadecuación, ni con reproches vertidos al aire y bebidos por mí.

No quiero, pero lo hago.

Estuve sin estar, perdida en tus cicatrices. Dominada por la dureza de la perfección.

Despierta, María.

¡Despierta!

Suena la campana, la melodía que indica que el periodo de hibernación se acabó.

Y abro la ventana a mis nuevas libertades. No me van las mordazas pintadas de colores. Y menos cuando las he dibujado yo.

Tanto tiempo creyendo que no puedo, me ha regalado el dulce veneno de no poder. Pero ya estoy acabando con esta botella de licor.

Brindo con ella, por su despedida. ¡Chin chin!

Por su adiós y por mi regreso.

Y me digo, esta vez, en voz alta;

– Despierta, Maríaaaa. ¡Despierta!

No eres todos los baches de este último período. No. Ni eres tus equivocaciones. Eres mucho más que eso. Eres el aprendizaje que te llevas. Eres la experiencia que acumulas. Eres el impulso de cada día.

Y, sobre todo, eres la mujer que despierta.

Despierta!
Todo ha cambiado
Nada es como habíamos imaginado
Esperas a que alguien mueva
Pase lo que pase, no quedes fuera

Hoy te sientes distinto
Porque eres distinto
Lo que fue siempre lo mismo y cambió
Permanecía oculto en ti
Y ahora está tan claro
Es un día soleado y
No hay confusión
Despierta!
Despierta de una vez!

Respira
Y bébete el aire
Ya no hay nadie que te lo pueda quitar
Olvida
No importa qué digan
Si no es alimento
Que se lo lleve el viento

Hoy te sientes distinto
Porque eres distinto
Lo que fue siempre lo mismo y cambió
Permanecía oculto en ti
Y ahora está tan claro
Es un día soleado y
No hay confusión
Despierta!
Despierta de una vez!
Bunbury. 

 

Arte de Didier Lourenço.
The dream.
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Nos unen más que brotes

Mi querida amiga Ana.

Porque eres querida y eres amiga.

Mañana – 26 de enero- es tu día y, de alguna forma, quería hacerte llegar lo que me haces sentir. No imaginas lo mucho que tengo que agradecerte;

Saberme entendida, apoyada y cuidada por ti en la distancia. En esta, nuestra cercana y especial distancia.

Sentirme abrazada y consolada, sin tan siquiera habernos visto aún. Porque ambas sabemos que es aún….más pronto que tarde se dará el encuentro.

No nos une la EM. Nos une quiénes somos, que es mucho más profundo, amplio y exclusivo que el apellido que compartimos.

Nos conocimos en el momento más difícil al que, con diferencia, me había enfrentado. De esto hace ya casi 2 años.

Y tú me arropabas y abrazabas sin importar la hora que fuera. En esta, nuestra cercana y especial distancia.

Mejor que nadie me entendías. Entendías esa soledad que produce la EM.

Aunque todos nos quieran, nos cuiden, nos acompañen. Porque ellos están ahí, nunca nos dejaron solas. Pero se crea una especie de muro de cristal y aunque no se ve, encierra, ¿verdad?.

Ya vamos aprendiendo a mirarnos en este espejo, que aún con grietas, nos muestra un bonito reflejo.

No importa que a veces se empañe. Tranquila, te digo y me digo a mí misma. Es sólo a veces.

Este año, recién estrenado, espero que nos permita seguir avanzando, creciendo y cuidándonos mutuamente.

Y que esta, nuestra cercana y especial distancia, por fin borre los kilómetros físicos.

Creo no equivocarme si digo que hemos ido superando, situaciones concretas, juntas de la mano. Tú allá y yo acá. Pero de la mano. Transitando senderos pedregosos, cada una con sus zapatos. Pero de la mano.

Mi querida amiga Ana.

Porque eres querida y eres amiga.

Te deseo un feliz cumpleaños.

¡Te quiero mogollón, mi niña!

 

ilustración por Malva

Cartel

Se siguen presentando situaciones donde me veo sin saber cómo gestionar mis dificultades. En este caso, no conmigo misma, sino con el mundo.

Hoy en la mañana, para poder dar de alta a un nuevo contador de agua, he tenido que arreglar papeleo en Emalsa (empresa distribuidora de agua). Es la tercera vez que voy, porque por un motivo u otro, se ha ido complicando el trámite. El boletín no está correcto, el árbol de contadores no está bien nominado, te falta la referencia catastral de la vivienda….

Paciencia, más y más y más, que voy desarrollando.

Cuando llegué, en la entrada había una pequeña fila, donde se suele recoger el número para que atiendan. Allí estaba una trabajadora con su tableta y, por orden, se le explicaba el motivo por el que estabas esperando y te daba un número de atención. Por lo general, lo tecleas tú en la máquina directamente.

Algunos de los que estaban haciendo la fila, entregaban papeles sobre la marcha, a otros los emplazaban para otro momento con cita previa porque debían aportar documentación que no traían consigo, o bien, a otros, les solicitaban que sacaran fotocopia del DNI en el bazar de al lado. Yo tenía todo en regla, solamente tenía que esperar a ser atendida. Me citaron 40 minutos más tarde, era el número que le salía al teclear en su tableta.

Miré dentro de la oficina para ver si había gente esperando. Había unas 6 mesas de trabajo, con sus trabajadores respectivos y el personal de seguridad.

Hasta la fecha siempre había cogido turno fuera y me sentaba a esperar mi momento, en alguno de los más de 30 asientos aproximadamente, que hay allí.

Hoy, a pesar de haber varias mesas con trabajadores y sin público siendo atendido, a mí me atenderían 40 minutos después.

Entré y me senté como de costumbre, con mi mente en los trámites que me quedaban pendientes y en lo mal que me encontraba físicamente (ha sido un fin de semana un poco difícil y me ha pasado factura al cuerpo).

Las sillas estaban TODAS vacías….

El segurita que se paseaba por la sala, se me acercó:

– Señorita, no puede esperar aquí sentada. Tiene que ponerse fuera hasta que llegue su hora.

Le explico que tengo dificultad para permanecer de pie y que siempre se ha hecho uso de esos asientos para esperar.

– Bueno, ya pero ¿se imagina que todo el que tenga que esperar se sentara aquí?. Se llenaría la sala….

Los ojos se me salieron de las cuencas. No daba crédito.

En primer lugar son bancos destinados a tal fin. En segundo no había nadie más esperando excepto yo, que me daban cita para bastante tiempo después, aún estando la oficina sin público.

Realmente, no daba crédito.

– Ojalá todos los que tengan que esperar, como yo, no tengan dificultad para permanecer de pie-. Le espeto tragando saliva y con ganas de mandarlo al carajo.

– Bueno, espere, lo consulto con dirección.

Se aleja caminando a la mesa del fondo. Al poco se acerca a mí nuevamente y como si fuera un favor enorme, el que me está haciendo, me dice:

– Puede quedarse ahí, pero espero que tenga su cartilla de minusvalía.

– NO LA TENGO, NO. Estoy jubilada, no puedo trabajar, no puedo estar de pie, pero no llevo un papel encima que justifique todo eso. NO.

¡Otra vez no puede ser. No me lo creo!

Tener que suplicar por una jodida silla. Tener una cartilla en regla que justifique que no puedo estar mucho rato de pie. Tener que llevar las muletas aunque, afortunadamente ahora no las necesite, para que se note. Levantarte cojeando para que no crean que es mentira lo que cuentas.

¿Tendré que llevar un cartel en la cara que diga algo así?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Me quedé triste, afectada, rabiosa, dolorida. No sabía qué decir, ni qué hacer, porque además aún debía tener claridad y serenidad para resolver lo que me había llevado allí .

Pero verdaderamente me hace sentir fatal.

¿Es tan difícil ser amable?

¿Es necesario acreditar que tienes una patología para que te dejen sentar en una silla?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

¡Qué impotencia!

Hoy es hoy

Hoy es hoy.

Hoy es 18 de diciembre, hasta hace unos años posiblemente, un día más en el calendario.

Sin embargo, desde el día en que conocí el diagnóstico, las cosas cambiaron; los días cambiaron, mi alma cambió. Y cambiaron los minutos, cambiaron las caras, cambiaron los hábitos. … Cambió todo, y con ello, yo cambié.

Hace ya 2 años y medio de esto.

Y hoy no quiero conmemorar este día, por ser el día Nacional de la Esclerosis, como lo hice el año pasado o el anterior. No quiero. Ya no.

Hoy es hoy. Un día nuevo. Un día diferente. Un día mágico.

¡Hoy es un día para celebrar!

Celebrar que las dos últimas revisiones, han sido muy positivas. Que continúo estando en situación N.E.D.A (no evidence of disease activity).

Hoy es un día para valorar todos y cada uno de los esfuerzos que hago para seguir evolucionando.

Hoy es un día para sentirme plena, reconfortada.

Hoy es un día para comprobar que todo empeño tiene una recompensa.

La EM me ha enseñado a ser y a estar de un modo que antes desconocía. Con más presencia. Con más consciencia. Con mayor plenitud.

Pero debo tener claro que la EM no es mi destino. Ha sido y aún sigue siendo, un camino a transitar para encontrarme conmigo misma. Con mi propia imagen en el espejo. Ella y yo a solas. Para crecer, para mirarme, para decir adiós a lo que ya no sirve.

Pero no es mi destino.

Por eso, hoy es hoy.

Esta mañana el cielo lucía azul y lo hacía de un modo lindo, radiante, vital. Lo sentí, me llegó así.

Y hoy no quería seguir abrazando a la enfermedad. Hoy me sobraba el título de “esclerosis múltiple”. Me resultaba agotador llevar colgado el cartel. Ya no cargo una mochila con el peso de la EM.

No más lamentos, no más.

No más miedos, no más.

No más prisiones, no más.

Hoy es hoy.

Un día para celebrar, para agradecer, para sentir. Un día nuevo. Un día diferente. Un día mágico. 

Hoy no veo brotes, hoy veo flores.

 

imagen de Kareem

 

Agua

Por momentos es cierto. Por momentos me ahogo en un vaso de agua, sí.

En otros momentos, sin embargo, soy capaz de nadar sobre el mar embravecido. Soy capaz de ganarle la batalla a la tormenta.

Y a ratos, me quedo haciendo el cristo boca arriba para coger impulso. Me empuja la fuerza del mar, me mueve, me vapulea, me arrastra. Pero yo, yo me quedo exhausta recuperando energía.

Otras veces espero a que seas tú el que me salve, a que me lances un flotador. O que nades en dirección a mí y me saques de la pelea con las olas.

Depende de mí y depende del agua. No siempre soy igual.

Cada día y cada situación la sorteo como puedo, como sé, como me sale.

Y es que no soy perfecta. No lo soy, no. No soy perfecta. Aunque tengo que decírmelo más y dejar de intentar que veas lo contrario.

Estoy llena de marcas, cicatrices, taras y fantasmas. Llena, te lo aseguro.

En la misma medida que tengo sonrisas para regalar, que me repongo rápido de los baches o que no me rindo con facilidad.

Pero por momentos es cierto. Por momentos me ahogo en un vaso de agua, sí.

¿Cómo me sentiré en esos días para ver un océano en un ¼ de litro de agua?

Mensajes del agua
Y qué le voy a hacer, si yo,
amo lo diminuto.
Y qué le voy a hacer, si yo,
no quiero que el océano sea tan profundo.

Y qué le voy a hacer, si yo,
en lo pequeño encontré la fuerza de mi mundo,
oye.
Qué le voy a hacer, si yo, pienso que  yo 
y nosotros sumamos uno, qué le voy a hacer.

Y es que gota sobre gota, somos olas que hacen mares,
gotas diferentes, pero gotas todas iguales.
Y una ola viene y dice,
Somos una marea de gente,
todos diferentes,
remando al mismo compás.
Y es que somos una marea de gente,
todos diferentes,
remando al mismo compás.

De tus gotas me inundé,
transparencias en mi ser,
soñé torrenciales de amor y fe.
Como lluvia de primavera,
borrando grietas,
y guardando mareas.

Y es que gota sobre gota, somos olas que hacen mares,
gotas diferentes, pero gotas todas iguales. (Macaco). 

Corazón de soldado

Y es que la marea agitada se hace presente, también, en mi corazón.

Llevaba desde junio, reduciendo de forma lenta y paulatina, el antidepresivo que me prescribió el neurólogo en el 2016. – Tu mejoría física se está viendo afectada por tu estado emocional. Hay una desregulación química a nivel cerebral que hay que ajustar- fueron sus palabras.

Un poco a regañadientes, pero al final acepté tomarlos. Primero estuve casi un año con el que él me recetó y pasado ese tiempo, conjuntamente con el trabajo de la psicóloga, en octubre de 2017, pasé a un segundo fármaco.

Desde entonces, he estado con el mismo. Más de un año.

No soy partidaria de estar “de por vida” con una medicación, y menos una psicotrópica. Así es que en junio, tras conversar con el neurólogo, acordamos ir reduciendo las dosis MUY LENTAMENTE.

Así fue.

De 1 pastilla diaria, pasé a ¾ durante más de un mes.

Luego a ½ durante casi dos meses. En esta etapa ocurrieron muchas situaciones difíciles que requerían estar fuerte y serena. Así que quise hacerlo a un ritmo lento.

Después me mantuve con ¼ casi otros dos meses. Más de lo mismo, eventos que realmente me superan. No tanto lo que sucede, sino cómo me afecta lo que sucede.

Ya lo último, fueron 10 días alternando día sí, día no.

Por fin, el 16 de noviembre, acabo con el tratamiento. 5 meses duró el proceso.  Lo fui conjugando a su misma vez, con suplementos naturales, homeopáticos…

Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, pronto comienzo a sentirme rara, mal, latidos y bombeos secos en el corazón, dolor en el pecho, aturdimiento, mareos. A veces no me sentía los brazos, otras me quedaba como fuera de juego, ida. No sabía a qué podían deberse, una vez más, síntomas desconocidos y desagradables. Los primeros días, creí que sería algo pasajero, con lo cual, aunque alerta, no estaba asustada. Coincidió – menos mal-, con que tenía compañía en casa y eso siempre serena esta mente parlanchina.

Pero desde el lunes, aquéllo fue a más. En intensidad y en frecuencia. Y ya, mi cabeza, loquita ella, comenzó a enviarme mensajes de alarma.

¿Fallo cardíaco, ictus, la EM, un brote?

Tras hablar con mi médico, me explicó que podía ser una reacción de la suspensión total del antidepresivo. Lo que viene siendo “mono o síndrome de abstinencia”. Debía estar en reposo, intentando estar relajada, y aumentar los suplementos naturales, para paliar las sensaciones. En una semanita éstas debían desaparecer.

Se le unió, además, que sin saber por qué, a cada momento, me salían lágrimas, y cuando empezaban, no podía parar.

¿Qué coño me está pasando?, pensaba entre extrañada y asustada.

Hoy hace una semana que había finalizado el tratamiento. No he mejorado. De hecho esta mañana al levantarme, no veía con claridad por el ojo izquierdo. El mundo estaba lleno de destellos, neblina y luces blancas.

Rompí a llorar.

Mis peores temores, ¿se hacían realidad?

¡NO PODÍA SER!

Un brote, no, no, no, no, no y NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.

Como tenía cita con el médico, nada más sentirme así, me vestí y fui para allá.

Por primera vez en su consulta, lloré sin parar. No podía contener las lágrimas, no sabía el motivo, pero no podía casi ni hablar. Las palabras se trastabillaban con los quejidos del llanto.

La vista fue recuperándose a medida que pasaba el tiempo. Eso me calmó. Me calmó y me di cuenta cuán frágil somos/soy.

Me hizo varias pruebas para escuchar con detenimiento el corazón, su ritmo, su frecuencia, su intensidad. Niveles de oxígeno, tensión arterial…. Todo estaba en aparente orden.

Y cuando le cuento más detenidamente cómo se siento, es cuando él me habla del “corazón de soldado” (en mi caso ¡de guerrera!).  El término médico más conocido es neurosis  cardíaca. Me cuenta cómo es posible que la ansiedad se instale en el órgano y lo haga sentir así, sin que haya un fallo orgánico. Me informa que las personas con enfermedades neurológicas, tienen más probabilidad de que esto le suceda…..¡cómo no!

Sus palabras me iban tranquilizando, a la misma vez que yo volvía a corroborar, cuán frágil soy -o estoy-.

Recomendaciones: por el momento, volver a la dosis del antidepresivo que me mantenía estable, sin estos picos. Unos 10 días, o más, con aquel cuartito que aún siendo casi efecto placebo, por ahora no debo prescindir de él. Aumentar e incluir nuevos suplementos naturales. Aparcar el estrés.LA SALUD ES LO PRIMERO. Respiraciones. Seguir con pilates. Y más cosas que charlamos, que daré vueltas a ver qué decisión tomo.

Un ejemplo más de cómo cuerpo físico, mental y emocional, son uno.

La neurosis cardíaca (NC), astenia neurocirculatoria, “síndrome del corazón irritable” ó “corazón de soldado”, es una forma ó variedad de enfermedad cardiovascular funcional, que se caracteriza por presentar una serie de signos y síntomas clínicos (síndrome), que la asemejan a una verdadera cardiopatía orgánica; sin que exista en realidad, un auténtico sustrato patológico, que así la justifique. PINCHAR EL LINK

Corazón de soldado.

Trampas mentales

Y en mitad de la marejada, trampas. Trampas mentales.

Me empujan más al fondo del océano. ¿O son ellas mismas el propio peso que me tira hacia abajo?

Muchas veces atrapada. Sí, atrapada en mi lío, en mi rollo, en mi mundo.

Con tu ayuda, días de desmadejar el ovillo….

Salen las trampas. Siempre salen, aunque no las vea. Viejas conocidas. Otras veces, desconocidas.

¡Es tan complicado!

Duele. Duele mucho desenredar los nudos del alma. Es verse cara a cara con el espejo.

El oráculo del sur, lo llamaban en la historia interminable.

Le ves la cara a tu sombra.

Me asusta lo que pueda encontrar. En realidad no es sólo susto. Me da miedo….

Pero más miedo me da vivir a medias, o a cuartas, me digo para convencerme.

Trampas mentales.

Con tu ayuda, días de desmadejar el ovillo….

Tú trepas hacia mí. Sí, te encaramas a ese precipicio. Al mío. Porque no soy fácilmente accesible.

Y se me abre el pecho de par en par.

Para recibirte. Para recibirme.

Porque no soy fácilmente accesible.

Y me veo.

Tan pequeña y asustada. Al fondo de la habitación, en una esquina acurrucada.

Me da tanta ternura y tristeza la imagen….

Ésa también soy yo. Desatendida y dando gritos de tanto en tanto.

Con tu ayuda, días de desmadejar el ovillo….

Nadando a contracorriente, pero manteniéndome a flote. Con la cabeza fuera del agua, a duras penas.

Y otra vez me veo. Ahora es diferente.

Me veo volar.

Me veo florecer.

No, no soy ni más ni menos bonita por gritar, por llorar, por reír, por desnudarme. Sólo estoy más cerca de ser yo.

Trampas mentales.

Pero con tu ayuda, días de desmadejar el ovillo….

Gracias. Profundas e infinitas gracias.

 

imagen de Giulia J Rosa

Fe

Fe

La palabra fe deriva del término latino “fides” y permite nombrar a aquello en lo que cree una persona o una comunidad. También hace referencia a una sensación de certeza y al concepto positivo que se tiene de un individuo o de alguna cosa(Internet)

Hoy ha sido la quinta sesión que me doy del nuevo tratamiento. Son semanales y suelen durar poco más de 2 horas.

Además del tiempo con la máquina de bioresonancia, me inyectan una serie de sueros ortomoleculares con distintos tipo de vitaminas, homeopatía, minerales, oligoelementos y co-factores. Y cada día, un bolo más añadido (glutatión, ácido lipoico y otros más que ahora no recuerdo).

Tengo fe. Sé que me va a ayudar a mejorar, a mejorar mucho. Confío.

La medicación convencional sigue conmigo. Eso, por ahora, no está en duda.

Creo que para empezar, y luego mantener, este tipo de tratamientos hay que tener constancia, entrega, dedicación y fe. Mucha fe.

Y yo tengo de todo eso.

No es que viva en un mundo mágico e irreal. No es que me crea charlatanerías y pamplinas. Es que confío. Es que resuena conmigo. Es que el planteamiento de intervención y la forma de abordar la enfermedad, me parece muy lógico y coherente. Pero es cierto que hay que ser perseverante y mantenerse.

Fe

Elemento químico de número atómico 26, masa atómica 55,84 y símbolo/Fe/; es un metal del grupo de los elementos de transición, de color blanco plateado, blando, dúctil, maleable, magnético y oxidable, que es muy abundante en la naturaleza formando compuestos y se extrae principalmente de la hematites. (Internet)

Llevo casi toda la vida arrastrando anemias de hierro. A veces más fuertes y otras más leves. Desde que me vino la regla con 12 años, siempre tuve un sangrado muy abundante. Mucho, mucho. Eso explicaba mi continuas anemias. He tomado casi todas las formas de presentación que hay; pastillas, ampollas, perlas, polvos, jarabe.

Hoy, durante el tratamiento me pusieron además, una bolsa intravenosa de hierro. Esto fue nuevo. 

Más de 4 horas de recibir Fe por vena.

Esperanza

Felicidad

Ilusión

Energía

Ánimo

Salud

Ayuda

Gratitud

Fe por vena.

La semana pasada, en mitad del agobio que he tenido por las obras, me dio una pájara y casi me desmayo.

Entre el cambio de alimentación sin azúcares (sí con glucosa y fructosa), el haber eliminado el café, las limpiezas de desintoxicación, la anemia de hierro, la esclerosis, y EL ESTRÉS, me dio un yuyu. Se me pasó ese mismo día acostada y descansando, pero la debilidad se me ha quedado instaurada. Me agota moverme, empiezo con un sudor frío y me mareo. Así que el médico me ha prescrito, además de descanso, hierro intravenoso.

Por ahora suspendo los ayunos hasta que recupere los niveles normales de /Fe/, la energía y vigorosidad.

El estrés, ese sí, lo suspendo por ahora y para más adelante también.

Pasada de rosca

Hace tiempo que no me encuentro.

La situación me supera.

No puedo más, pero no puedo caer. No puedo.

Desde la inundación de la casa, hace ya 5 meses, la posterior mudanza, y las obras – interminables obras-, no he podido/sabido parar.

Y hace tiempo que no me encuentro.

Estoy sobrepasada.

Angustiada.

Estresada.

Dolorida.

Cansada.

Enfadada.

Triste.

Asustada.

Mi tiempo es como mil veces más lento y pesado que el del resto del mundo.

Me cuesta todo.

M-E C-U-E-S-T-A M-U-C-H-O T-O-D-O.

Organizar diferentes actividades en el día. Ir a supervisar la obra, comprar aquello que falta, coger escalera – de otra casa- para cambiar bombillo, llevar taladro, un pomo que no sirve, un tornillo que se parte, un grifo que hay que recoger. Llamar al fontanero, al contratista, dar de alta contador, llevar documentos….. etc etc etc etc.….

Inagotables etc.

Cada día es un nueva piedra en el camino….y yo, yo no puedo más.

¡No puedo más!

Verdaderamente estoy sobrepasada.

Sólo quiero gritar y llorar. Llorar y gritar.

Sólo quiero gritar y llorar. Llorar y gritar.

Sólo quiero gritar y llorar. Llorar y gritar.

Sólo quiero gritar y llorar. Llorar y gritar.

Sólo quiero gritar y llorar. Llorar y gritar.

No sé en qué punto me perdí de mí y del mundo. No sé en qué punto debí dejar todo y echarme a dormir. Descansar. Cuidarme. Atenderme….

Y es que hace tiempo que no me encuentro.

Estoy sobrepasada.

Angustiada.

Estresada.

Dolorida.

Cansada.

Enfadada.

Triste.

Asustada.

Como lo de la casa no he podido apartarlo porque alguien tiene que hacerlo, lo que he dejado de lado es vivir. He dejado de pasear, de ir a la playa, de quedar con las personas, ver a mi familia, he faltado a clases… En definitiva, he dejado de disfrutar.

¿Cómo ocurrió?, ¿cuándo?

Creo que el exceso de responsabilidad es un lastre del que tengo que liberarme.

El complejo de culpa por “cargar” a los demás.

La vergüenza a pedir ayuda.

La necesidad de mostrar que puedo ser independiente.

ESTOY REALMENTE CANSADA.

Ya no tengo que demostrar nada.

No quiero tener vergüenza.

Y sí necesito que me ayuden.

No más cargas, no más lastres…..no más exigencias.

Hace tiempo que no me encuentro.

 

imagen de Julia Lillard

Umbral del dolor

¿Cómo se puede cuantificar el dolor de cada persona? Lo que para una es un dolor insoportable, para otra puede ser de intensidad moderada. Lo que a algunas les resulta solo incómodo, puede anular la capacidad a otras diferentes.

Y así, tan variado y relativo, como la misma esencia de ser.

En mi caso concretamente, mi umbral del dolor está averiado. No mide, ni por asomo, los niveles, ni al alza, ni a la baja. Fuera de servicio, desnortado, sin precisión, tupido, con la bujía rota. Es decir, que no furula.

¿Y cómo me he dado cuenta, si mi barómetro no me lo ha indicado?

Bueno, hay una parte de mi cuerpo y mis emociones, que a veces hacen un llamamiento de socorro, sin ser casi escuchado por mi.

Tras su insistencia y mi negativa a oír, llega la parada técnica. El cuerpo se pone en huelga. Pero aún así, no me lo creo y sigo forzando la marcha, a veces con menos movimiento, pero s-i-n- p-a-r–a-r….

Cuando la intensidad emocional me puede, estoy un día o unas horas, desbordada, en estado de llanto profundo, pero luego hay que seguir.

Y así es como estoy funcionando.

Desde el lunes, con una estupenda molestia en la pierna izquierda. Dolor que ha ido en aumento, hasta dejarme con dificultad para moverme, para estar acostada y para hacer determinadas posiciones.

Pero yo, yo tengo que seguir. No hay otra.

Ya el miércoles, tras una noche muy perretosa sin poder dormir, como tenía cita con el médico, le comento cómo estoy. Me hace una pequeña exploración y me dice que tengo una contractura muy fuerte (elongación muscular) y que tengo que hacer reposo. Me pincha y me cita para el resto de los días de la semana; antiinflamatorios, calmantes y complejo de vitamina B.

Y yo creía que no era para tanto. Sin embargo, cuando me pide que puntúe en una escala del 1 al 10 el dolor que siento, siendo 10 tener que ir al hospital, me quedo pensando un poco y recuerdo la noche que había pasado y lo valoro con un 7- 8.

¡Coño!, pues me duele bastante, pensé.

Pero aún así, tiendo a no escucharme y seguir. Porque hay que seguir. Así sin más. No sé a dónde ni por qué, pero hay que seguir.

¿Me habré insensibilizado al dolor físico?

Cierto es que la sensación de corriente en esa pierna, al ser diaria, me hace que la obvie un poco. Pero me llama la atención la dificultad que tengo para percibir en ella. Cuando empezó a ponerme los tens, al tocar los puntos de dolor, me hacía más consciente del sentir, pero al ir subiendo la intensidad de los electrodos, era como una sensación lejana, ajena. Siguió subiendo hasta un punto y me preguntó, ¿te hace daño?. No, me molesta, pero no me duele. Le comenté que, cuando entré al hospital, tenía un déficit sensitivo en esa pierna. Entonces él lo entendió. Y yo, me di cuenta de que ya no siento igual.

No siento igual en lo físico y no siento igual en lo emocional.

Se me atoran los dolores, asuntos a los que prestarle atención, mis sombras, los espacios en blanco entre un sentimiento y otro.

Se me atoran, sí. Y yo lo que hago entonces es dejar de sentir.

Porque tengo que seguir, tengo que seguir.

Y así, como Alicia persiguiendo al conejo blanco, es que me he perdido. Porque sólo acierto a decir,  que tengo que seguir.

 

imagen de BlackFurya