lesiones

Pican pican los ojitos

Es broma y es serio.

Lo cuento en tono jocoso y restándole importancia, pero por momentos, adquiere un valor- para mí-, multiplicado por mil.

¿De qué hablo? del miedo a los brotes.

Llevaba un tiempito, de nuevo, con un agotamiento extremo. Cansancio constante, debilidad y flojera. ¡Lo que viene siendo la fatiga de la EM, vaya!

En mi línea de no querer/saber, ceder ante los toques de atención de mi cuerpo, seguía exigiéndome para hacer cosas. Clases, pilates, paseo por las Canteras, terapias…. Es que me frustra, me enfada, me deprime, me descoloca, tener que quedarme en casa acostada, sin saber qué hacer, cuando sé que hay rutinas que le hacen bien a mi cuerpo, a mi mente y a mis emociones.

Pues con ese agotamiento que llevaba a rastras, tras la noticia de Mª José Carrasco y el llanto desconsolado que me produjo, tanto ese día como los posteriores, empecé a sentir cierta incomodidad en los ojos.

Pensé,

-Seguro que es por haber estado llorando tanto. Me habré tocado con las manos un poco sucias. Se me habrán irritado de los pañuelos….

Luego, al día siguiente, comenzaron a picarme, el derecho sobre todo. Y el lacrimal estaba al rojo vivo.

-Uy, creo que esto es más bien una conjuntivitis.

Podía ser sí. Había sido recientemente el súper encuentro con Ana – mi amiga virtual conocida por el blog y que ahora es mi QUERIDA AMIGA ANA- y ella la había tenido. Aunque tuvimos, sobre todo ella, todos los cuidados y precauciones, no me extrañó mucho que pudiera ser eso.

Ya el domingo, dado que la molestia se había convertido en dolor y mucho picor, decidí ir a la farmacia de guardia. Allí no me dieron nada porque para eso debía de verme un médico, más aún me dijeron, con mis antecedentes de neuritis óptica. Tras la excursión al centro de salud, me recetaron efectivamente, un colirio antibiótico porque tenía un conjuntivitis vírica.

Vale, hasta ahí todo en orden.

Empecé con el tratamiento la misma mañana del domingo. Estuve todo el día con las gotas. Por la noche puse el despertador porque me tocaban de madrugada también. Sin embargo, varias veces me desperté muy dolorida de cuerpo y el ojo cada vez más rojo, cerrado e inflamado.

Tras esa noche fantástica, a primera hora llamé para cancelar la clase de pilates y cuál fue mi sorpresa cuando quise fijar la vista y por el ojo derecho la visión estaba alterada.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

Me miré rápido en el espejo y estaba bastante hinchado y me costaba mucho abrirlo.

Veo raro, veo raro, veo raro……..

¿Cómo podía ser? Ya llevaba 24 horas con antibiótico, en lugar de mejorar estaba peor.

Mi coco se aceleró y me agobié toda. Otra vez brote, noooooooo.

Rápido avisé a mi familia para ir a urgencias nuevamente. Entre lo que me dolía el cuerpo, que había dormido fatal, no veía bien, me sentía asustada y nerviosa, no me sentía capaz de ir sola al centro de salud.

Una vez allí, después de verme primero el médico y luego el oftalmólogo y, tras todos los incidentes que se dieron, -ascensores, pasillos, sala de espera, salir a otro edificio, señoras maleducadas….- , me volvieron a confirmar que era una conjuntivitis.

¡Uuuuuuuhhhhhh! Respiré profundo. Aunque seguía muy aturdida, fue una tranquilidad.

Hubo un cambio de medicación y para casa. Me sugirió que fuera a ver a mi neurólogo, para comentarle ese agotamiento extremo y demás síntomas. Sin embargo, yo salí de allí mucho más calmada ya.

¡¡¡¡¡¡¡No es un brote, no lo es. No es un brote!!!!!!

Los ojitos me siguen picando, el derecho está rojo e inflamado, pero tras llevar a raja tabla las gotas cada 4 horas, está recuperando su normalidad.

Pican pican los ojitos (la canción decía los mosquitos, pero es una adaptación mía)

Pican pican los mosquitos
Pican con gran disimulo
Unos pican en la cara
Y otros pican en el…..”.

Ufffffff, cómo es mi cabeza, cómo son los miedos. Es que me vuelve a pillar el tsunami y me arrastra, por segundos, a los infiernos.

¡¡¡No es un brote, no lo es. Sigo en N.E.D.A. 3!!! YUJUUUUUUU

 

collage by Dan Cretu
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Lo saben mis zapatos

– Vamos a grabar este vídeo para que quede constancia, ¿sigues con la idea de que quieres suicidarte?

– Sí.

– ¿Quieres que se lleve a cabo ya?

– Sí.

– Sabes que te tengo que ayudar yo….. No hay nadie que te pueda ayudar. Me lo has pedido muchas veces, muchas veces. Más de las necesarias, pero claro, yo confiaba que se iba a aprobar lo de la eutanasia. Pero visto, lo visto….. Hoy es 2 de abril de 2019, ¿insistes en que quieres suicidarte?

– Sí.

– Vamos a ver, ¿quieres que lo prepare y lo hagamos mañana?

– Sí.

– Bueno, pues, no hay nada más que hablar…..

– Cuánto antes mejor.

……..

Hoy 5 de abril, Mª José Carrasco, por fin, tras años, -demasiados por cierto-, de sufrimiento, de deterioro físico y emocional, está descansando. Hoy ya no sufre. Hoy ya no.

Él, su compañero de vida Ángel Hernández, – su nombre le hace honor-, después del dolor y el desgarro que debe haberle supuesto este paso, ayudarla a morir, por amor, por respeto, por dignidad, pasa a ser detenido por presunto delito de homicidio.

¿De verdad? Este país/este mundo, está profundamente enfermo y, para esta enfermedad, no hay eutanasia ni suicidio que valga.

Si no hacemos un ejercicio de reflexión, de empatía, de establecer una nueva escala de valores; de dignidad, de integridad, de compasión, de amor por el ser humano y por todo ser vivo, amor por el planeta,….. Si no lo hacemos, no llegaremos muy lejos. No.

Hay que caminar con los zapatos de las demás personas para entender y sobre todo, respetar, sus decisiones. Hay que ponerse en su piel. En su dolor. En su alegría.

¿Tenemos idea de lo que es estar 30 años enferma con un deterioro progresivo?

¿Tenemos idea de lo que es perder la autonomía, la identidad, la esperanza?

¿Tenemos idea de lo que es ver degenerar nuestras capacidades hasta unos límites insospechados?

Y el dolor físico, ¿sabemos lo que es que todo el cuerpo duela, que no puedas casi tragar ni respirar?

…….

Por favor, hagamos el ejercicio de respetar las decisiones de las personas y en lugar de ponerles más trabas e impedimentos, facilitar, con cariño, con ayuda, con ternura, con dignidad, su despedida en este plano.

Hoy siento un hueco en el pecho. Por él, por ella, por ser conocedora, de primera mano, de la enfermedad que padecía….Por sentir que este mundo, en demasiados momentos, no es bonito. Es doloroso. Injusto. Desgarrador.

Hoy por fin, aunque con mucho más dolor del necesario, es el descanso de una familia.

¡Generoso y valiente Ángel!

Yo, te quiero matar
Y no lo sabe nadie
No lo sabe nadie
Te quiero matar de amor
Y no lo sabe nadie, nadie
Nadie puede imaginárselo”

Lo saben mis zapatos
No quiero correr
Lo saben mis zapatos
No quiero pedir
Lo saben los ingratos

Quiero que aparezcas
Quiero verte cerca
Quiero merendarte al sol

Quiero pelear
Lo saben los cobardes
Quiero celebrar
Lo saben los que arden

No quiero olvidarme
No quiero escaparme
No quiero pensar que fue un delirio

Yo, te quiero matar
Y no lo sabe nadie
No lo sabe nadie
Te quiero matar de amor
Y no lo sabe nadie, nadie
Nadie puede imaginárselo

No quiero volar
Lo saben mis amigos
No quiero bailar
Lo saben los testigos

Quiero que me abras
Quiero tus palabras
Y quiero que lo quieras hoy

Quiero hacerte sentir
Lo saben estas manos
Quiero repartir
Lo saben los humanos

No quiero perderte
No quiero soñarte
No quiero escribirte más historias

Yo, te quiero matar
Y no lo sabe nadie
No lo sabe nadie
Te quiero matar de amor
Y no lo sabe nadie, nadie
Nadie puede imaginárselo

Y yo, te quiero matar
Y no lo sabe nadie
No lo sabe nadie
Te quiero matar de amor
Y no lo sabe nadie, nadie
Nadie puede imaginárselo. Pablo López
imagen de Lylethuy

No es gripe señorita, es esclerosis múltiple

De una vez a la siguiente, a veces, es como si fuera todo nuevo. Me quedo desubicada, tratando de buscar una explicación a qué me está ocurriendo.

De pronto, aparecen ciertos síntomas que me atropellan y me dejan fuera de juego. Entonces, tiendo a creer que me estoy poniendo mala, igual me ha pillado algún virus, gripe, estómago, me digo.

En ese momento, el cuerpo está abatido, tanto que no puedo hacer nada. Me canso de hacer cuestiones mínimas. Me duele todo, me incomoda, me siento extenuada. Estoy extraña en mí misma.

Entonces mi cabeza rápido busca una respuesta.

¿Qué me pasa?

Es tal el cambio de un día a otro, es tal el grado de malestar, es tal la incapacidad que genera, que no alcanzo a creer que sea parte de la EM.

¡Qué va, esto seguro es que me estoy poniendo mala….!

Y cada día creo que me voy a mejorar. Al despertarme parece que estoy más entera, más lúcida, más fuertecita.

¿La sorpresa? Al querer hacer cualquier pequeño esfuerzo, sea cocinar, dar un paseo, poner una lavadora, tener que moverme es como tratar de arrastrar un tanque. Todo pesa toneladas, me mareo, me siento floja.

Recuerda María, esto es fatiga. Esto es parte de la EM. Esto es así….La frustración se apodera de mí, ¡¡aggggrrr!!

Esto me desconcierta y me enfada la verdad.

Un día parece que estoy “bien”-ese bien de la EM, que nunca es un bien completo- y de pronto, NO PUEDO CON MI ALMA….

– No es gripe señorita, es esclerosis múltiple.

Cuando caigo en esto, trato de esforzarme y hacer cosas. Es que es muy desagradable estar 3-4 días en horizontal. Sin embargo, con este esfuerzo lo que consigo es empeorar la situación.

Pues nada, a descansar más. Sin presión, sin expectativas, sin vergüenza ¡Cuánto estoy aprendiendo sobre la paciencia y la comprensión hacia mí misma!

Me voy a relajar y a disfrutar del placer del descanso.

¡Vamos a ello!

 

imagen de Helena Pérez García

Crónica de un ascensor

Me negaba a aceptar que debía marcharme de mi casa por lo que suponían las escaleras. Estuve meses con esa idea totalmente bloqueada. No, yo no me iba a ir. Yo podía, yo podía, yo podía.

Tras aquellos episodios que, a fuerza mayor, me invitaban a irme de mi casa, me decidí y alquilé otro piso.

En julio de 2018 me mudaba, con lo que ello suponía para mí y con todo el dolor de mi alma. Metía en cajas cachitos de mi vida y me despedía del que había sido mi castillo, mi reino, mi mundo.

Claramente, el motivo fundamental por el que había tomado la decisión, era la dificultad para subir y bajar las escaleras.

Pasé de un 3º piso con sus 58 escalones a pie, a una 8ª planta con ascensor.

Aunque sé que el cambio era necesario, por éste y por otros motivos, debo admitir que ha sido difícil para mí. Soy mujer de costumbres, hábitos y rutinas. Soy nostálgica. Me apego a las situaciones y, casi sin querer, adquieren para mí una carga emocional y romántica. Haberme despedido de mi refugio ha dejado una huellita grande.

Estos meses no han venido tan rodados como hubiera deseado. Se han ido generando una cantidad de obstáculos en el camino, con mis tropiezos y mis caídas, con berrinches, con dolor, que realmente me están produciendo un desgaste importante.

Algo estaré aprendiendo, me digo, me repito, me tatúo. Algo estaré aprendiendo…..

Sin embargo, este martes sucedió algo que me ha dejado totalmente fuera de juego.

Venía de dar un paseo por Las Canteras, de haber pasado por la frutería, por el supermercado, cuando entro al edificio, me encuentro a un operario trabajando en el ascensor y otro señor con una carpeta y papeles en las manos. Les pregunto si les quedará mucho para hacer uso de él y la respuesta es que éste va a quedar precintado por industria. No daba crédito a las palabras de estos señores. Estaba en verdadero shock.

Les expliqué mi dificultad para subir las ocho plantas, el motivo de mi mudanza y, en ese momento, se “apiadaron” de mí. Me permitieron hacer el último viaje antes de clausurarlo.

Mi cabeza iba a mil. No podía ser, no podía ser….. No sabía si llamar a la propietaria, al presidente de la comunidad, a mi familia o echarme a llorar.

Cuando entré en casa y me di cuenta de lo que estaba pasando, me dio una risa nerviosa entre histérica y simpática.

Es decir, que yo me había ido de mi casa casa, por la dificultad de las escaleras y estaba viviendo 5 plantas más arriba sin posibilidad de subir tantos escalones.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Encerradaaaaa uffffffff!!!!!!!

Tras las llamadas pertinentes, intenté tranquilizarme. Me decían que se arreglaría en uno o dos días.

En mi afán por no perder los nervios, así lo quise y lo necesité creer.

Estamos a viernes, he hablado con la empresa de los ascensores, con la administración que lleva la comunidad, con el presidente, con la dueña…. Y aquí sigo, sin ascensor y además sin poder salir de casa.

Está más que claro el vínculo que existe entre las situaciones de estrés, de tensión, de nervios y las manifestaciones de la EM, y no sólo en las dificultades evidentes de la movilidad.

Ayer tarde fue mi brazo derecho. No había hecho nada extraordinario, estaba acostada cuando me entró un calor, un ardor, un dolor, unas punzadas en el brazo. Al intentar moverlo, me dí cuenta de que no tenía fuerza, que no me respondía y que me dolía desde el hombro hasta la palma de la mano. No sabía qué me estaba pasando. A cada punzada, iba perdiendo fuerza. Yo no quería darle vueltas, ni asustarme, ni estresarme más, ¡pero hostia!, no poder mover el brazo es heavy. Muy heavy….

Más tarde, como pude, bajando los escalones con paciencia y despacito, me fui a clase, que ya había faltado esta semana a la espera de que se resolviera el tema. Allí, aunque me costaba sostener el bolígrafo, me iba dando pequeños masajes a ver si el dolor pasaba y al menos tenía la cabeza más entretenida que en casa rumiando.

Es que se me ha juntado la odisea del ascensor, con otras piedritas de estos últimos meses, también.

Ya por la noche volví a casa, con el brazo mal aún. Intenté no enredarme en aquéllo, cené y me acosté cansada, muy cansada.

Hoy en la mañana, cuando me puse de pie, me dí cuenta de que las piernas no me respondían como ayer. Me duelen ambas. Sobre todo de la rodilla para abajo. Es un dolor que me dificulta caminar, porque cada paso implica el movimiento de los gemelos.

Cojeando hacia el baño, advierto que mi brazo ha recuperado la normalidad. ¡¡¡Olé!!! Así que me pude lavar la cara sin problema, preparar el desayuno y demás.

Son las piernas las que ahora me están dando los toques. Son mis ojos, también, los que se quejan y me incomodan, me molesta la claridad, leer o ver la Tv.

Es decir, estoy con los nervios a flor de piel. Preocupada, irritada, contrariada, asombrada…..

Y es que a veces no me sirve la teoría de que algo deberé aprender de todo esto. A veces no me vale, no. Esta es una de estas veces….

Crónica de un ascensor que buscando que fuera un salvador, ahora mismo es un verdugo.

 

ilustración de Henn Kim

Libertad

Es la mente un arma profunda y peligrosa. Al menos la mía lo es.

Y cuando digo arma y digo peligrosa, lo digo haciendo uso de su poderoso significado.

Sí. Al menos la mía lo es.

Es arma y es peligrosa.

Y aunque trato de dominar a este caballo desbocado y hacerle ver que las riendas las llevo yo, que soy mucho más que mente y mucho más que pensamientos, en ocasiones, me arrastra y me hunde hacia un pozo.

Me lleva a transitar la noche oscura del alma.

Los pensamientos rebotan de un lado a otro, haciéndose poderosos y alimentando a un ser hambriento de tristeza, de desánimo, de color gris. Un ser que devora con ansia, el dolor que por allí asomaba la cabeza.

Y sé que ellos no soy yo. Pero los siento tan míos….

Me atrapan y ahogan, como el pájaro que sólo ve el mundo a través de los barrotes de su jaula. Quizás no sabe que está encerrado, pero siente que no puede volar. Siente que no es libre.

Es que tengo un coco peligroso que trabaja a deshoras. Que no se cansa. Boicotea y envía señales erróneas.

No me siento libre. No cuando es él – mi coco-, el que mueve los hilos.

A veces se adueña del personaje y me tiene encerrada durante días. Me tengo encerrada, hablemos con propiedad.

Demasiadas horas de manejo indebido.

Pero también hay otros días, -aleluya por ellos-, que me permito salir de las mazmorras. A ratos, a momentos….

Y entonces soy María libre.

María que rompe sus esquemas. Que sale de sus ataduras. Que se permite ser y estar.

Y soy María libre.

Y es que yo también soy María libre.

Sí,  hay otros días, -aleluya por ellos-, que me permito salir de las mazmorras. A ratos, a momentos….

Y entonces soy María libre.

María que rompe sus esquemas. Que sale de sus ataduras. Que se permite ser y estar.

Y soy María libre.

Y es que yo también soy María libre.

Libertad
Libertad, yo, dime libertad
Libertad! 
Hay que joder con los cánones
los hábitos y las costumbres,
hay que ser único en la muchedumbre,
hay que ser hombre o mujer según el caso,
hay que evolucionar crecer en cada paso.
Hay quien ejerce su derecho a las ataduras,
más para mi es obligación vivir sin mesura,
hay que perder las composturas,
y notar que la vida se nos sale por las costuras.

Sigue sin planes!
He dicho sigue sin planes,
que solo te guíe el impulso de tus imanes,
que nada te frene,
no siempre se cumplen los refranes créeme,
dirige tu peli, reservate el mejor papel,
súbete al tren de la libertad,
sé la nieve que va al río y luego al mar,
sé objetivo porque todo es relativo,
exceptuando que estas vivo.

Coge este tren que se te ofrece,
vete libre, vive, crece, sé tu jefe. 
La vida sigue a pesar de las encuestas funestas,
camino con mis deudas a cuestas,
¿dónde estás?, amor, ¡contesta!,
protesta mi corazón pues no está en él la respuesta.
Apesta, el mundo da nauseas honestas, porque,
el capitalista no ha aprendido a restar,
¿y me molesta?, pues como no me va a molestar,
casi cambié mis ideales por los del bienestar.

Y aunque otros estén mal a mi me da igual!
Ya de pequeño tuve una visión, dulce inocencia,
vivir con poco, y aún sigo en manos de la providencia,
un lobo loco, trataba de entender el mundo,
contradicciones son, síntomas de inteligencia.
Mirando al cielo, nacen miles de preguntas,
y yo en el suelo siento que las hago todas juntas.
No hay nada cierto, y así es normal que te confundas,
me dijo un ciego, y tenía razones profundas.
Si quieres cambiar algo, cambia tú,
me dijo, paz en el mundo, no sin paz de espíritu.
Ocúpate de tu persona, se tu propio maestro,
cree en ti hermano, duda del resto!

Coge este tren que se te ofrece,
vete libre, vive, crece, sé tu jefe. 
Enséñame a desaprender,
a como se deshacen las cosas. 

Libertad, yo, dime libertad
Libertad!- Kase O
arte de Mayra Arvizo

Cartel

Se siguen presentando situaciones donde me veo sin saber cómo gestionar mis dificultades. En este caso, no conmigo misma, sino con el mundo.

Hoy en la mañana, para poder dar de alta a un nuevo contador de agua, he tenido que arreglar papeleo en Emalsa (empresa distribuidora de agua). Es la tercera vez que voy, porque por un motivo u otro, se ha ido complicando el trámite. El boletín no está correcto, el árbol de contadores no está bien nominado, te falta la referencia catastral de la vivienda….

Paciencia, más y más y más, que voy desarrollando.

Cuando llegué, en la entrada había una pequeña fila, donde se suele recoger el número para que atiendan. Allí estaba una trabajadora con su tableta y, por orden, se le explicaba el motivo por el que estabas esperando y te daba un número de atención. Por lo general, lo tecleas tú en la máquina directamente.

Algunos de los que estaban haciendo la fila, entregaban papeles sobre la marcha, a otros los emplazaban para otro momento con cita previa porque debían aportar documentación que no traían consigo, o bien, a otros, les solicitaban que sacaran fotocopia del DNI en el bazar de al lado. Yo tenía todo en regla, solamente tenía que esperar a ser atendida. Me citaron 40 minutos más tarde, era el número que le salía al teclear en su tableta.

Miré dentro de la oficina para ver si había gente esperando. Había unas 6 mesas de trabajo, con sus trabajadores respectivos y el personal de seguridad.

Hasta la fecha siempre había cogido turno fuera y me sentaba a esperar mi momento, en alguno de los más de 30 asientos aproximadamente, que hay allí.

Hoy, a pesar de haber varias mesas con trabajadores y sin público siendo atendido, a mí me atenderían 40 minutos después.

Entré y me senté como de costumbre, con mi mente en los trámites que me quedaban pendientes y en lo mal que me encontraba físicamente (ha sido un fin de semana un poco difícil y me ha pasado factura al cuerpo).

Las sillas estaban TODAS vacías….

El segurita que se paseaba por la sala, se me acercó:

– Señorita, no puede esperar aquí sentada. Tiene que ponerse fuera hasta que llegue su hora.

Le explico que tengo dificultad para permanecer de pie y que siempre se ha hecho uso de esos asientos para esperar.

– Bueno, ya pero ¿se imagina que todo el que tenga que esperar se sentara aquí?. Se llenaría la sala….

Los ojos se me salieron de las cuencas. No daba crédito.

En primer lugar son bancos destinados a tal fin. En segundo no había nadie más esperando excepto yo, que me daban cita para bastante tiempo después, aún estando la oficina sin público.

Realmente, no daba crédito.

– Ojalá todos los que tengan que esperar, como yo, no tengan dificultad para permanecer de pie-. Le espeto tragando saliva y con ganas de mandarlo al carajo.

– Bueno, espere, lo consulto con dirección.

Se aleja caminando a la mesa del fondo. Al poco se acerca a mí nuevamente y como si fuera un favor enorme, el que me está haciendo, me dice:

– Puede quedarse ahí, pero espero que tenga su cartilla de minusvalía.

– NO LA TENGO, NO. Estoy jubilada, no puedo trabajar, no puedo estar de pie, pero no llevo un papel encima que justifique todo eso. NO.

¡Otra vez no puede ser. No me lo creo!

Tener que suplicar por una jodida silla. Tener una cartilla en regla que justifique que no puedo estar mucho rato de pie. Tener que llevar las muletas aunque, afortunadamente ahora no las necesite, para que se note. Levantarte cojeando para que no crean que es mentira lo que cuentas.

¿Tendré que llevar un cartel en la cara que diga algo así?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Me quedé triste, afectada, rabiosa, dolorida. No sabía qué decir, ni qué hacer, porque además aún debía tener claridad y serenidad para resolver lo que me había llevado allí .

Pero verdaderamente me hace sentir fatal.

¿Es tan difícil ser amable?

¿Es necesario acreditar que tienes una patología para que te dejen sentar en una silla?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

¡Qué impotencia!

Corazón de soldado

Y es que la marea agitada se hace presente, también, en mi corazón.

Llevaba desde junio, reduciendo de forma lenta y paulatina, el antidepresivo que me prescribió el neurólogo en el 2016. – Tu mejoría física se está viendo afectada por tu estado emocional. Hay una desregulación química a nivel cerebral que hay que ajustar- fueron sus palabras.

Un poco a regañadientes, pero al final acepté tomarlos. Primero estuve casi un año con el que él me recetó y pasado ese tiempo, conjuntamente con el trabajo de la psicóloga, en octubre de 2017, pasé a un segundo fármaco.

Desde entonces, he estado con el mismo. Más de un año.

No soy partidaria de estar “de por vida” con una medicación, y menos una psicotrópica. Así es que en junio, tras conversar con el neurólogo, acordamos ir reduciendo las dosis MUY LENTAMENTE.

Así fue.

De 1 pastilla diaria, pasé a ¾ durante más de un mes.

Luego a ½ durante casi dos meses. En esta etapa ocurrieron muchas situaciones difíciles que requerían estar fuerte y serena. Así que quise hacerlo a un ritmo lento.

Después me mantuve con ¼ casi otros dos meses. Más de lo mismo, eventos que realmente me superan. No tanto lo que sucede, sino cómo me afecta lo que sucede.

Ya lo último, fueron 10 días alternando día sí, día no.

Por fin, el 16 de noviembre, acabo con el tratamiento. 5 meses duró el proceso.  Lo fui conjugando a su misma vez, con suplementos naturales, homeopáticos…

Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, pronto comienzo a sentirme rara, mal, latidos y bombeos secos en el corazón, dolor en el pecho, aturdimiento, mareos. A veces no me sentía los brazos, otras me quedaba como fuera de juego, ida. No sabía a qué podían deberse, una vez más, síntomas desconocidos y desagradables. Los primeros días, creí que sería algo pasajero, con lo cual, aunque alerta, no estaba asustada. Coincidió – menos mal-, con que tenía compañía en casa y eso siempre serena esta mente parlanchina.

Pero desde el lunes, aquéllo fue a más. En intensidad y en frecuencia. Y ya, mi cabeza, loquita ella, comenzó a enviarme mensajes de alarma.

¿Fallo cardíaco, ictus, la EM, un brote?

Tras hablar con mi médico, me explicó que podía ser una reacción de la suspensión total del antidepresivo. Lo que viene siendo “mono o síndrome de abstinencia”. Debía estar en reposo, intentando estar relajada, y aumentar los suplementos naturales, para paliar las sensaciones. En una semanita éstas debían desaparecer.

Se le unió, además, que sin saber por qué, a cada momento, me salían lágrimas, y cuando empezaban, no podía parar.

¿Qué coño me está pasando?, pensaba entre extrañada y asustada.

Hoy hace una semana que había finalizado el tratamiento. No he mejorado. De hecho esta mañana al levantarme, no veía con claridad por el ojo izquierdo. El mundo estaba lleno de destellos, neblina y luces blancas.

Rompí a llorar.

Mis peores temores, ¿se hacían realidad?

¡NO PODÍA SER!

Un brote, no, no, no, no, no y NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.

Como tenía cita con el médico, nada más sentirme así, me vestí y fui para allá.

Por primera vez en su consulta, lloré sin parar. No podía contener las lágrimas, no sabía el motivo, pero no podía casi ni hablar. Las palabras se trastabillaban con los quejidos del llanto.

La vista fue recuperándose a medida que pasaba el tiempo. Eso me calmó. Me calmó y me di cuenta cuán frágil somos/soy.

Me hizo varias pruebas para escuchar con detenimiento el corazón, su ritmo, su frecuencia, su intensidad. Niveles de oxígeno, tensión arterial…. Todo estaba en aparente orden.

Y cuando le cuento más detenidamente cómo se siento, es cuando él me habla del “corazón de soldado” (en mi caso ¡de guerrera!).  El término médico más conocido es neurosis  cardíaca. Me cuenta cómo es posible que la ansiedad se instale en el órgano y lo haga sentir así, sin que haya un fallo orgánico. Me informa que las personas con enfermedades neurológicas, tienen más probabilidad de que esto le suceda…..¡cómo no!

Sus palabras me iban tranquilizando, a la misma vez que yo volvía a corroborar, cuán frágil soy -o estoy-.

Recomendaciones: por el momento, volver a la dosis del antidepresivo que me mantenía estable, sin estos picos. Unos 10 días, o más, con aquel cuartito que aún siendo casi efecto placebo, por ahora no debo prescindir de él. Aumentar e incluir nuevos suplementos naturales. Aparcar el estrés.LA SALUD ES LO PRIMERO. Respiraciones. Seguir con pilates. Y más cosas que charlamos, que daré vueltas a ver qué decisión tomo.

Un ejemplo más de cómo cuerpo físico, mental y emocional, son uno.

La neurosis cardíaca (NC), astenia neurocirculatoria, “síndrome del corazón irritable” ó “corazón de soldado”, es una forma ó variedad de enfermedad cardiovascular funcional, que se caracteriza por presentar una serie de signos y síntomas clínicos (síndrome), que la asemejan a una verdadera cardiopatía orgánica; sin que exista en realidad, un auténtico sustrato patológico, que así la justifique. PINCHAR EL LINK

Corazón de soldado.

Fe

Fe

La palabra fe deriva del término latino “fides” y permite nombrar a aquello en lo que cree una persona o una comunidad. También hace referencia a una sensación de certeza y al concepto positivo que se tiene de un individuo o de alguna cosa(Internet)

Hoy ha sido la quinta sesión que me doy del nuevo tratamiento. Son semanales y suelen durar poco más de 2 horas.

Además del tiempo con la máquina de bioresonancia, me inyectan una serie de sueros ortomoleculares con distintos tipo de vitaminas, homeopatía, minerales, oligoelementos y co-factores. Y cada día, un bolo más añadido (glutatión, ácido lipoico y otros más que ahora no recuerdo).

Tengo fe. Sé que me va a ayudar a mejorar, a mejorar mucho. Confío.

La medicación convencional sigue conmigo. Eso, por ahora, no está en duda.

Creo que para empezar, y luego mantener, este tipo de tratamientos hay que tener constancia, entrega, dedicación y fe. Mucha fe.

Y yo tengo de todo eso.

No es que viva en un mundo mágico e irreal. No es que me crea charlatanerías y pamplinas. Es que confío. Es que resuena conmigo. Es que el planteamiento de intervención y la forma de abordar la enfermedad, me parece muy lógico y coherente. Pero es cierto que hay que ser perseverante y mantenerse.

Fe

Elemento químico de número atómico 26, masa atómica 55,84 y símbolo/Fe/; es un metal del grupo de los elementos de transición, de color blanco plateado, blando, dúctil, maleable, magnético y oxidable, que es muy abundante en la naturaleza formando compuestos y se extrae principalmente de la hematites. (Internet)

Llevo casi toda la vida arrastrando anemias de hierro. A veces más fuertes y otras más leves. Desde que me vino la regla con 12 años, siempre tuve un sangrado muy abundante. Mucho, mucho. Eso explicaba mi continuas anemias. He tomado casi todas las formas de presentación que hay; pastillas, ampollas, perlas, polvos, jarabe.

Hoy, durante el tratamiento me pusieron además, una bolsa intravenosa de hierro. Esto fue nuevo. 

Más de 4 horas de recibir Fe por vena.

Esperanza

Felicidad

Ilusión

Energía

Ánimo

Salud

Ayuda

Gratitud

Fe por vena.

La semana pasada, en mitad del agobio que he tenido por las obras, me dio una pájara y casi me desmayo.

Entre el cambio de alimentación sin azúcares (sí con glucosa y fructosa), el haber eliminado el café, las limpiezas de desintoxicación, la anemia de hierro, la esclerosis, y EL ESTRÉS, me dio un yuyu. Se me pasó ese mismo día acostada y descansando, pero la debilidad se me ha quedado instaurada. Me agota moverme, empiezo con un sudor frío y me mareo. Así que el médico me ha prescrito, además de descanso, hierro intravenoso.

Por ahora suspendo los ayunos hasta que recupere los niveles normales de /Fe/, la energía y vigorosidad.

El estrés, ese sí, lo suspendo por ahora y para más adelante también.

Umbral del dolor

¿Cómo se puede cuantificar el dolor de cada persona? Lo que para una es un dolor insoportable, para otra puede ser de intensidad moderada. Lo que a algunas les resulta solo incómodo, puede anular la capacidad a otras diferentes.

Y así, tan variado y relativo, como la misma esencia de ser.

En mi caso concretamente, mi umbral del dolor está averiado. No mide, ni por asomo, los niveles, ni al alza, ni a la baja. Fuera de servicio, desnortado, sin precisión, tupido, con la bujía rota. Es decir, que no furula.

¿Y cómo me he dado cuenta, si mi barómetro no me lo ha indicado?

Bueno, hay una parte de mi cuerpo y mis emociones, que a veces hacen un llamamiento de socorro, sin ser casi escuchado por mi.

Tras su insistencia y mi negativa a oír, llega la parada técnica. El cuerpo se pone en huelga. Pero aún así, no me lo creo y sigo forzando la marcha, a veces con menos movimiento, pero s-i-n- p-a-r–a-r….

Cuando la intensidad emocional me puede, estoy un día o unas horas, desbordada, en estado de llanto profundo, pero luego hay que seguir.

Y así es como estoy funcionando.

Desde el lunes, con una estupenda molestia en la pierna izquierda. Dolor que ha ido en aumento, hasta dejarme con dificultad para moverme, para estar acostada y para hacer determinadas posiciones.

Pero yo, yo tengo que seguir. No hay otra.

Ya el miércoles, tras una noche muy perretosa sin poder dormir, como tenía cita con el médico, le comento cómo estoy. Me hace una pequeña exploración y me dice que tengo una contractura muy fuerte (elongación muscular) y que tengo que hacer reposo. Me pincha y me cita para el resto de los días de la semana; antiinflamatorios, calmantes y complejo de vitamina B.

Y yo creía que no era para tanto. Sin embargo, cuando me pide que puntúe en una escala del 1 al 10 el dolor que siento, siendo 10 tener que ir al hospital, me quedo pensando un poco y recuerdo la noche que había pasado y lo valoro con un 7- 8.

¡Coño!, pues me duele bastante, pensé.

Pero aún así, tiendo a no escucharme y seguir. Porque hay que seguir. Así sin más. No sé a dónde ni por qué, pero hay que seguir.

¿Me habré insensibilizado al dolor físico?

Cierto es que la sensación de corriente en esa pierna, al ser diaria, me hace que la obvie un poco. Pero me llama la atención la dificultad que tengo para percibir en ella. Cuando empezó a ponerme los tens, al tocar los puntos de dolor, me hacía más consciente del sentir, pero al ir subiendo la intensidad de los electrodos, era como una sensación lejana, ajena. Siguió subiendo hasta un punto y me preguntó, ¿te hace daño?. No, me molesta, pero no me duele. Le comenté que, cuando entré al hospital, tenía un déficit sensitivo en esa pierna. Entonces él lo entendió. Y yo, me di cuenta de que ya no siento igual.

No siento igual en lo físico y no siento igual en lo emocional.

Se me atoran los dolores, asuntos a los que prestarle atención, mis sombras, los espacios en blanco entre un sentimiento y otro.

Se me atoran, sí. Y yo lo que hago entonces es dejar de sentir.

Porque tengo que seguir, tengo que seguir.

Y así, como Alicia persiguiendo al conejo blanco, es que me he perdido. Porque sólo acierto a decir,  que tengo que seguir.

 

imagen de BlackFurya

Búsqueda eterna

No soy persona de quedarme de brazos cruzados. Lo intento una y otra vez. De múltiples maneras y formas. Me caigo, me levanto, cojo impulso y de nuevo a seguir probando.

Ha sido así siempre, creo.

Caprichosa pero constante y luchadora.

Antes de saber qué me ocurría, durante los muchos años que me sentía mal, extraña y con dolencias inexplicables, probé una y mil terapias – convencionales y alternativas-. Estrategias para sobrellevar aquellas situaciones.

Resistencia y paciencia.

Una vez pusieron nombre y apellido a lo que ocurría, no iba a ser menos.

Incansable buscadora de recursos.

No vivo en el mundo de la fantasía y no creo en las pociones mágicas y milagrosas. Pero sí que puede haber diferentes formas de abordar, de una manera más integral, cualquier situación.

Con la EM, no iba a ser menos.

Una, dos, tres, veinte terapias diferentes. Las veces que sean necesarias, hasta ir dando con la que, en cada etapa y momento, me sirva para sobrellevar síntomas y emociones desajustadas.

No desacredito determinados enfoques, si no los he probado. Los pongo en duda, los investigo, analizo, escucho experiencias propias, valoro…. Y en base a ello, tomo mis decisiones.

Mi manera de ser, resonará más con unos que con otros, claro está. Lo que no digo, de esta agua no beberé. Porque aquí estoy, habiendo sido una detractora ferviente de la medicación química, por miedos y por ideología. Y sin embargo, he terminado haciéndome – por ahora-, su cómplice. No puedo meterme algo diariamente en el cuerpo y estar enfrentada con ella y, por tanto, conmigo misma.

Pero, aún hermanada con la medicación convencional, sigo siendo yo. La eterna buscadora. En este período he probado diferentes vías. He leído mucho. He pensado más. He sentido, cada día, mi cuerpo incómodo y ajeno. Por eso no me doy por vencida, porque no me siento bien.

Cuando decido emprender una nueva terapia, suelo darme unos meses de prueba. De ver cómo me sienta, si resuena con mi forma, si me va convenciendo, si percibo mejoras….

Algunas me han servido más que otras. Algunas me han removido más que otras. Algunas me han aburrido más que otras. Algunas me han decepcionado más que otras. Pero lo que está claro, es que todas me han hecho aprender, experimentar y saber qué sí, o qué no.

Cuando hablo de terapias, me refiero desde la parte más física (piscina, rehabilitación, yoga, pilates, caminar, fisioterapeuta, rehabilitación visual semanal durante un año también…),  a otras más de crecimiento y autoconocimiento personal y emocional (con psicóloga). Algunas más energéticas y espirituales (reiki, craneosacral, acupuntura…), a diferentes cambios de alimentación y suplementación, con naturopatía (…).

En fin,  un gran abanico que para mí no caen en saco roto. Todas suman. Todas aportan.

En la actualidad, he empezado con un tratamiento de choque importante. Un tratamiento que me va a hacer estar un poco más dedicada en “exclusiva” a él. Tengo ganas y empuje, que es lo primero. Tengo confianza e ilusión….

Iré valorando, cada dos meses aproximadamente, datos objetivos de mejora.

Mi tratamiento convencional, sigue de la mano conmigo. Mis pruebas con el neurólogo, analíticas y revisiones también. No son incompatibles. Todo lo contrario.

Quién me está llevando en este nuevo enfoque, es un médico internista, con muchos años de experiencia como facultativo en un hospital y, además, con amplia formación en naturopatía.

Ya iré explicando con mayor detalle.

Sólo decir que la primera consulta fueron 5 horas, que se dice rápido. Miró con detalle cada una de las pruebas, informes, analíticas. Riguroso y detallista al máximo.

Es que no soy sólo una persona que tiene EM. Hay millones de otros factores que se relacionan con mi cuerpo, con mis emociones, con mi energía, con mi genética, con mis hábitos, con mi SER, que también hay que abordar.

Hipócrates decía algo así como: “No hay enfermedades incurables. Pero hay enfermos que sí lo son”

Y yo estoy en la búsqueda eterna, por carácter seguramente, pero también por necesidad. No quiero ser una enferma y mucho menos, una incurable.

Buscando mis estrellas.

 

imagen de Andrej Mashkovtsev