tratamiento

Atascada

Quizás sea sólo cuestión de perspectiva. Quizás.

Lo más probable es que sea así.

Pero la realidad, mi realidad, es que me siento mal, triste, desolada.

Hoy me siento atascada.

Atrapada en una vida que no me pertenece. No es la mía, no es la que imaginé, no es la que desearía.

A veces, varias veces además, puedo alejarme del malestar este, que cuento y vomito ahora con tanta rabia.

Pero hoy no, hoy me siento atascada. También me ocurrió ayer. Y antes de ayer lo sentí así mismo.

Y es que no manejo mi cuerpo, él se las ventila a su antojo y se encarga de estar dando la lata cuando le entra en gana. Y yo ya no sé cómo hacer para no frustrarme, para no condicionarme, para no venirme abajo.

– ¡Ánimo mujer, no es para tanto!, ¡Podría ser peor, tienes que estar agradecida!, ¡Ya verás que pronto se pasa!. Si no puedes salir a la calle, lees un libro, descansas, aprovechas para meditar…..

Cuando es un día, vale, o dos, o incluso más, una semana.

¿Pero sabes la impotencia, frustración, mal humor, rabia, tristeza y enfado con el mundo, con la vida y con todo, que siento cuando esto se convierte en rutina?

Quizás sea solo cuestión de perspectiva. Quizás.

Lo más probable es que sea así.

Pero la realidad, mi realidad, es que me siento mal, triste, desolada.

Hoy me siento atascada.

No alcanzo a interiorizar el aprendizaje que debo sacar de todo esto. No sé manejarme con las emociones cuando otro día más, otra dolencia más, otro tropiezo más, me trunca el poder hacer cosas….Planes que tengo que cancelar, dejar de hacer, cambiar, e incluso aquéllos que se estropean.

¡Joder!, que tengo 39 años y me siento como una anciana. Una viejita que si no le duele aquí, le duele allá o se encuentra con un nuevo contratiempo.

No sé manejarme con estas emociones.

Me abruman.

Me superan.

Me ahogan.

Quizás sea solo cuestión de perspectiva. Quizás.

Lo más probable es que sea así.

Pero la realidad, mi realidad, es que me siento mal, triste, desolada.

Hoy me siento atascada.

Desde luego esta es una discapacidad. Y no me refiero a la de la EM, no. Me refiero a la de no saber cómo gestionar lo que me ocurre sin caer en el victimismo o en el drama. Sin sentirme una quejica empedernida.

Síntomas, invisibles en su mayoría, pero devastadores e incapacitantes hasta llevar a la locura.

Quizás sea solo cuestión de perspectiva. Quizás.

Lo más probable es que sea así.

Pero la realidad, mi realidad, es que me siento mal, triste, desolada.

Hoy me siento atascada.

 

Foto de Brooke Didonato
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Pican pican los ojitos

Es broma y es serio.

Lo cuento en tono jocoso y restándole importancia, pero por momentos, adquiere un valor- para mí-, multiplicado por mil.

¿De qué hablo? del miedo a los brotes.

Llevaba un tiempito, de nuevo, con un agotamiento extremo. Cansancio constante, debilidad y flojera. ¡Lo que viene siendo la fatiga de la EM, vaya!

En mi línea de no querer/saber, ceder ante los toques de atención de mi cuerpo, seguía exigiéndome para hacer cosas. Clases, pilates, paseo por las Canteras, terapias…. Es que me frustra, me enfada, me deprime, me descoloca, tener que quedarme en casa acostada, sin saber qué hacer, cuando sé que hay rutinas que le hacen bien a mi cuerpo, a mi mente y a mis emociones.

Pues con ese agotamiento que llevaba a rastras, tras la noticia de Mª José Carrasco y el llanto desconsolado que me produjo, tanto ese día como los posteriores, empecé a sentir cierta incomodidad en los ojos.

Pensé,

-Seguro que es por haber estado llorando tanto. Me habré tocado con las manos un poco sucias. Se me habrán irritado de los pañuelos….

Luego, al día siguiente, comenzaron a picarme, el derecho sobre todo. Y el lacrimal estaba al rojo vivo.

-Uy, creo que esto es más bien una conjuntivitis.

Podía ser sí. Había sido recientemente el súper encuentro con Ana – mi amiga virtual conocida por el blog y que ahora es mi QUERIDA AMIGA ANA- y ella la había tenido. Aunque tuvimos, sobre todo ella, todos los cuidados y precauciones, no me extrañó mucho que pudiera ser eso.

Ya el domingo, dado que la molestia se había convertido en dolor y mucho picor, decidí ir a la farmacia de guardia. Allí no me dieron nada porque para eso debía de verme un médico, más aún me dijeron, con mis antecedentes de neuritis óptica. Tras la excursión al centro de salud, me recetaron efectivamente, un colirio antibiótico porque tenía un conjuntivitis vírica.

Vale, hasta ahí todo en orden.

Empecé con el tratamiento la misma mañana del domingo. Estuve todo el día con las gotas. Por la noche puse el despertador porque me tocaban de madrugada también. Sin embargo, varias veces me desperté muy dolorida de cuerpo y el ojo cada vez más rojo, cerrado e inflamado.

Tras esa noche fantástica, a primera hora llamé para cancelar la clase de pilates y cuál fue mi sorpresa cuando quise fijar la vista y por el ojo derecho la visión estaba alterada.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

Me miré rápido en el espejo y estaba bastante hinchado y me costaba mucho abrirlo.

Veo raro, veo raro, veo raro……..

¿Cómo podía ser? Ya llevaba 24 horas con antibiótico, en lugar de mejorar estaba peor.

Mi coco se aceleró y me agobié toda. Otra vez brote, noooooooo.

Rápido avisé a mi familia para ir a urgencias nuevamente. Entre lo que me dolía el cuerpo, que había dormido fatal, no veía bien, me sentía asustada y nerviosa, no me sentía capaz de ir sola al centro de salud.

Una vez allí, después de verme primero el médico y luego el oftalmólogo y, tras todos los incidentes que se dieron, -ascensores, pasillos, sala de espera, salir a otro edificio, señoras maleducadas….- , me volvieron a confirmar que era una conjuntivitis.

¡Uuuuuuuhhhhhh! Respiré profundo. Aunque seguía muy aturdida, fue una tranquilidad.

Hubo un cambio de medicación y para casa. Me sugirió que fuera a ver a mi neurólogo, para comentarle ese agotamiento extremo y demás síntomas. Sin embargo, yo salí de allí mucho más calmada ya.

¡¡¡¡¡¡¡No es un brote, no lo es. No es un brote!!!!!!

Los ojitos me siguen picando, el derecho está rojo e inflamado, pero tras llevar a raja tabla las gotas cada 4 horas, está recuperando su normalidad.

Pican pican los ojitos (la canción decía los mosquitos, pero es una adaptación mía)

Pican pican los mosquitos
Pican con gran disimulo
Unos pican en la cara
Y otros pican en el…..”.

Ufffffff, cómo es mi cabeza, cómo son los miedos. Es que me vuelve a pillar el tsunami y me arrastra, por segundos, a los infiernos.

¡¡¡No es un brote, no lo es. Sigo en N.E.D.A. 3!!! YUJUUUUUUU

 

collage by Dan Cretu

No es gripe señorita, es esclerosis múltiple

De una vez a la siguiente, a veces, es como si fuera todo nuevo. Me quedo desubicada, tratando de buscar una explicación a qué me está ocurriendo.

De pronto, aparecen ciertos síntomas que me atropellan y me dejan fuera de juego. Entonces, tiendo a creer que me estoy poniendo mala, igual me ha pillado algún virus, gripe, estómago, me digo.

En ese momento, el cuerpo está abatido, tanto que no puedo hacer nada. Me canso de hacer cuestiones mínimas. Me duele todo, me incomoda, me siento extenuada. Estoy extraña en mí misma.

Entonces mi cabeza rápido busca una respuesta.

¿Qué me pasa?

Es tal el cambio de un día a otro, es tal el grado de malestar, es tal la incapacidad que genera, que no alcanzo a creer que sea parte de la EM.

¡Qué va, esto seguro es que me estoy poniendo mala….!

Y cada día creo que me voy a mejorar. Al despertarme parece que estoy más entera, más lúcida, más fuertecita.

¿La sorpresa? Al querer hacer cualquier pequeño esfuerzo, sea cocinar, dar un paseo, poner una lavadora, tener que moverme es como tratar de arrastrar un tanque. Todo pesa toneladas, me mareo, me siento floja.

Recuerda María, esto es fatiga. Esto es parte de la EM. Esto es así….La frustración se apodera de mí, ¡¡aggggrrr!!

Esto me desconcierta y me enfada la verdad.

Un día parece que estoy “bien”-ese bien de la EM, que nunca es un bien completo- y de pronto, NO PUEDO CON MI ALMA….

– No es gripe señorita, es esclerosis múltiple.

Cuando caigo en esto, trato de esforzarme y hacer cosas. Es que es muy desagradable estar 3-4 días en horizontal. Sin embargo, con este esfuerzo lo que consigo es empeorar la situación.

Pues nada, a descansar más. Sin presión, sin expectativas, sin vergüenza ¡Cuánto estoy aprendiendo sobre la paciencia y la comprensión hacia mí misma!

Me voy a relajar y a disfrutar del placer del descanso.

¡Vamos a ello!

 

imagen de Helena Pérez García

Lucha de gigantes

A veces siento que llevo peleando conmigo misma y con mis circunstancias, más de media vida.

Antes, hace algunos años, sin conocer aún el nombre propio de mi fantasma.

Ahora, con la certeza ya de cómo se pronuncia, padeciendo su sombra.

Sí, a veces siento que llevo peleando demasiado tiempo. Tantas sonrisas caídas al suelo…

Y un día me descubro encarándome a su nombre, a su apellido, a su sombra y a la mía. Un día me descubro siendo más libre nuevamente. Despojándome de pesos incorporados, porque no sólo he cogido kilos, también he cogido miedos.

Pero por fortuna hay más días de estos en el calendario. Los voy subrayando. Los voy celebrando. ¡Los voy mereciendo, coño!

Hace unas semanas, el día que tenía cita para recoger la medicación en el hospital, el sol lucía radiante. Era marzo pero el cielo gritaba verano.

Al regreso a casa, ya con la mochila cargada de química, se me antojó caminar. Quería bailar, correr, perderme por la calles. Y no había peros ni en mi mente ni en mi boca. Quería y lo iba a hacer.

En estos casi 3 últimos años, mis recorridos a pie, siempre han sido por caminos transitables, llanos, cómodos. He ido aumentando la distancia y tiempo, pero en lugares que me dieran seguridad.

Sin embargo ese día, no sé si por el cielo azul gritando, por mis ansias de seguir avanzando, por mi incansable constancia, o por qué, pero algo me impulsó por dentro. Estaba lista para hacerle frente a mi miedo. A uno de ellos al menos, el de caminar con libertad.

Caminé por las aceras, atravesando rotondas, con la carretera bien cerquita, subí tramos, bajé escaleras, transité por zonas escondidas y sucias – a manos nuestras- de la ciudad, latas, colillas, envoltorios. También hubo un tramo del camino con vistas más bonitas; a mi izquierda se veía el mar a lo lejos. En ese momento, en ese lugar, en ese instante, sentí plenitud. Sentí que podía. Sentí que había una fuerza mucho más poderosa que me impulsaba.

Justo en ese momento, entre alegría y sorpresa, rompí a llorar. No recordaba esa sensación de libertad. Hacía mucho, demasiado, que la había escondido en el cajón de los no puedo.

Ni clavo ni martillo que me robe esa sensación jamás.

Lucha de gigantes
Convierte
El aire en gas natural
Un duelo salvaje
Advierte

Lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad

Vaya pesadilla
Corriendo
Con una bestia detrás
Dime que es mentira todo
Un sueño tonto y no más
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz

Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No sé contra quién voy
¡O es que acaso hay alguien más aquí?

Creo en los fantasmas terribles
De algún extraño lugar
Y en mis tonterías
Para hacer tu risa estallar

En un mundo descomunal
Siento tu fragilidad

Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No sé contra quién voy
¿O es que acaso hay alguien más aquí?

Deja que pasemos sin miedo. Antonio Vega

Hoy es hoy

Hoy es hoy.

Hoy es 18 de diciembre, hasta hace unos años posiblemente, un día más en el calendario.

Sin embargo, desde el día en que conocí el diagnóstico, las cosas cambiaron; los días cambiaron, mi alma cambió. Y cambiaron los minutos, cambiaron las caras, cambiaron los hábitos. … Cambió todo, y con ello, yo cambié.

Hace ya 2 años y medio de esto.

Y hoy no quiero conmemorar este día, por ser el día Nacional de la Esclerosis, como lo hice el año pasado o el anterior. No quiero. Ya no.

Hoy es hoy. Un día nuevo. Un día diferente. Un día mágico.

¡Hoy es un día para celebrar!

Celebrar que las dos últimas revisiones, han sido muy positivas. Que continúo estando en situación N.E.D.A (no evidence of disease activity).

Hoy es un día para valorar todos y cada uno de los esfuerzos que hago para seguir evolucionando.

Hoy es un día para sentirme plena, reconfortada.

Hoy es un día para comprobar que todo empeño tiene una recompensa.

La EM me ha enseñado a ser y a estar de un modo que antes desconocía. Con más presencia. Con más consciencia. Con mayor plenitud.

Pero debo tener claro que la EM no es mi destino. Ha sido y aún sigue siendo, un camino a transitar para encontrarme conmigo misma. Con mi propia imagen en el espejo. Ella y yo a solas. Para crecer, para mirarme, para decir adiós a lo que ya no sirve.

Pero no es mi destino.

Por eso, hoy es hoy.

Esta mañana el cielo lucía azul y lo hacía de un modo lindo, radiante, vital. Lo sentí, me llegó así.

Y hoy no quería seguir abrazando a la enfermedad. Hoy me sobraba el título de “esclerosis múltiple”. Me resultaba agotador llevar colgado el cartel. Ya no cargo una mochila con el peso de la EM.

No más lamentos, no más.

No más miedos, no más.

No más prisiones, no más.

Hoy es hoy.

Un día para celebrar, para agradecer, para sentir. Un día nuevo. Un día diferente. Un día mágico. 

Hoy no veo brotes, hoy veo flores.

 

imagen de Kareem

 

Corazón de soldado

Y es que la marea agitada se hace presente, también, en mi corazón.

Llevaba desde junio, reduciendo de forma lenta y paulatina, el antidepresivo que me prescribió el neurólogo en el 2016. – Tu mejoría física se está viendo afectada por tu estado emocional. Hay una desregulación química a nivel cerebral que hay que ajustar- fueron sus palabras.

Un poco a regañadientes, pero al final acepté tomarlos. Primero estuve casi un año con el que él me recetó y pasado ese tiempo, conjuntamente con el trabajo de la psicóloga, en octubre de 2017, pasé a un segundo fármaco.

Desde entonces, he estado con el mismo. Más de un año.

No soy partidaria de estar “de por vida” con una medicación, y menos una psicotrópica. Así es que en junio, tras conversar con el neurólogo, acordamos ir reduciendo las dosis MUY LENTAMENTE.

Así fue.

De 1 pastilla diaria, pasé a ¾ durante más de un mes.

Luego a ½ durante casi dos meses. En esta etapa ocurrieron muchas situaciones difíciles que requerían estar fuerte y serena. Así que quise hacerlo a un ritmo lento.

Después me mantuve con ¼ casi otros dos meses. Más de lo mismo, eventos que realmente me superan. No tanto lo que sucede, sino cómo me afecta lo que sucede.

Ya lo último, fueron 10 días alternando día sí, día no.

Por fin, el 16 de noviembre, acabo con el tratamiento. 5 meses duró el proceso.  Lo fui conjugando a su misma vez, con suplementos naturales, homeopáticos…

Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, pronto comienzo a sentirme rara, mal, latidos y bombeos secos en el corazón, dolor en el pecho, aturdimiento, mareos. A veces no me sentía los brazos, otras me quedaba como fuera de juego, ida. No sabía a qué podían deberse, una vez más, síntomas desconocidos y desagradables. Los primeros días, creí que sería algo pasajero, con lo cual, aunque alerta, no estaba asustada. Coincidió – menos mal-, con que tenía compañía en casa y eso siempre serena esta mente parlanchina.

Pero desde el lunes, aquéllo fue a más. En intensidad y en frecuencia. Y ya, mi cabeza, loquita ella, comenzó a enviarme mensajes de alarma.

¿Fallo cardíaco, ictus, la EM, un brote?

Tras hablar con mi médico, me explicó que podía ser una reacción de la suspensión total del antidepresivo. Lo que viene siendo “mono o síndrome de abstinencia”. Debía estar en reposo, intentando estar relajada, y aumentar los suplementos naturales, para paliar las sensaciones. En una semanita éstas debían desaparecer.

Se le unió, además, que sin saber por qué, a cada momento, me salían lágrimas, y cuando empezaban, no podía parar.

¿Qué coño me está pasando?, pensaba entre extrañada y asustada.

Hoy hace una semana que había finalizado el tratamiento. No he mejorado. De hecho esta mañana al levantarme, no veía con claridad por el ojo izquierdo. El mundo estaba lleno de destellos, neblina y luces blancas.

Rompí a llorar.

Mis peores temores, ¿se hacían realidad?

¡NO PODÍA SER!

Un brote, no, no, no, no, no y NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.

Como tenía cita con el médico, nada más sentirme así, me vestí y fui para allá.

Por primera vez en su consulta, lloré sin parar. No podía contener las lágrimas, no sabía el motivo, pero no podía casi ni hablar. Las palabras se trastabillaban con los quejidos del llanto.

La vista fue recuperándose a medida que pasaba el tiempo. Eso me calmó. Me calmó y me di cuenta cuán frágil somos/soy.

Me hizo varias pruebas para escuchar con detenimiento el corazón, su ritmo, su frecuencia, su intensidad. Niveles de oxígeno, tensión arterial…. Todo estaba en aparente orden.

Y cuando le cuento más detenidamente cómo se siento, es cuando él me habla del “corazón de soldado” (en mi caso ¡de guerrera!).  El término médico más conocido es neurosis  cardíaca. Me cuenta cómo es posible que la ansiedad se instale en el órgano y lo haga sentir así, sin que haya un fallo orgánico. Me informa que las personas con enfermedades neurológicas, tienen más probabilidad de que esto le suceda…..¡cómo no!

Sus palabras me iban tranquilizando, a la misma vez que yo volvía a corroborar, cuán frágil soy -o estoy-.

Recomendaciones: por el momento, volver a la dosis del antidepresivo que me mantenía estable, sin estos picos. Unos 10 días, o más, con aquel cuartito que aún siendo casi efecto placebo, por ahora no debo prescindir de él. Aumentar e incluir nuevos suplementos naturales. Aparcar el estrés.LA SALUD ES LO PRIMERO. Respiraciones. Seguir con pilates. Y más cosas que charlamos, que daré vueltas a ver qué decisión tomo.

Un ejemplo más de cómo cuerpo físico, mental y emocional, son uno.

La neurosis cardíaca (NC), astenia neurocirculatoria, “síndrome del corazón irritable” ó “corazón de soldado”, es una forma ó variedad de enfermedad cardiovascular funcional, que se caracteriza por presentar una serie de signos y síntomas clínicos (síndrome), que la asemejan a una verdadera cardiopatía orgánica; sin que exista en realidad, un auténtico sustrato patológico, que así la justifique. PINCHAR EL LINK

Corazón de soldado.

Reino fungi

Dicen que los medicamentos “curan”.

Dicen, eso dicen.

Pero yo no lo creo así.

Creo que pueden controlar cierta actividad anormal del organismo. Pero sigue siendo un organismo que no funciona de manera óptima.

Y le metemos un químico, que ayuda a que aquéllo dañado, no siga estropeándose en esa dirección. Lo que claro, no hemos ido a solucionar la raíz. Con lo que el químico hace de mantenimiento de algo ya dañado, pero ese mismo agente que mantiene por un lado, comienza a afectar a otras partes del sistema.

Dicen que los medicamentos “curan”.

Dicen, eso dicen.

Pero yo no lo creo así.

Tengo claros ejemplos de ello en mi propio cuerpo. Y algunos me dicen que nada tiene que ver…

Pero hay cosas que me atañen, de las que estoy segura.

Desde el ingreso en el hospital y cuando los chutes de medicamentos comenzaron, vía oral y vía intravenosa, mi cuerpo está en continua queja.

Pelo que se cae, encías que sangran, olor ajeno a mí, sudor frío, aumento agigantado de peso, abscesos de repetición que “sólo se curan con antibióticos”….

Llevo un ritmo de química que se ha convertido en una espiral. Prueba de ello, mi último hallazgo.

El reino fungi.

Tras la toma en verano, por segunda vez, de antibióticos durante 4 meses, me salieron unas manchas en el cuello. Unos pequeños hongos. Creí que tendría que ver con la playa, la humedad y el sol. Comencé a tratarlos, al principio de forma natural y ya luego con nuevos medicamentos. Sin embargo, no se ha mejorado. Al contrario, han ido ganando terreno y del cuello han pasado a la espalda, hombros, parte del brazo e incluso ya se aprecian manchas por la cara. Además de las pomadas, polvos y el gel, ya he tenido que comenzar con tratamiento oral. De no controlarse en 3 semanas, se pasaría a otro antimicótico y antifúngico más potente.

Es el pez que se muerde la cola:

-Para controlar los brotes debo tomar inmunosupresores que me bajan el sistema inmune.

-Al bajármelo, entre otros efectos adversos, me salen abscesos repetidamente que son un foco de infección.

-Para controlar los abscesos, además de pasar por cirugía, la toma de antibióticos por largas temporadas.

-Con la bajada brutal de flora y desregulación de la microbiota, los hongos campan a sus anchas en mi cuerpo……

Dicen que los medicamentos “curan”.

Dicen, eso dicen.

Pero yo no lo creo así.

¿Realmente me estoy curando de algo?

Yo no lo creo. No lo veo. No lo siento. Al menos no de este modo.

Fe

Fe

La palabra fe deriva del término latino “fides” y permite nombrar a aquello en lo que cree una persona o una comunidad. También hace referencia a una sensación de certeza y al concepto positivo que se tiene de un individuo o de alguna cosa(Internet)

Hoy ha sido la quinta sesión que me doy del nuevo tratamiento. Son semanales y suelen durar poco más de 2 horas.

Además del tiempo con la máquina de bioresonancia, me inyectan una serie de sueros ortomoleculares con distintos tipo de vitaminas, homeopatía, minerales, oligoelementos y co-factores. Y cada día, un bolo más añadido (glutatión, ácido lipoico y otros más que ahora no recuerdo).

Tengo fe. Sé que me va a ayudar a mejorar, a mejorar mucho. Confío.

La medicación convencional sigue conmigo. Eso, por ahora, no está en duda.

Creo que para empezar, y luego mantener, este tipo de tratamientos hay que tener constancia, entrega, dedicación y fe. Mucha fe.

Y yo tengo de todo eso.

No es que viva en un mundo mágico e irreal. No es que me crea charlatanerías y pamplinas. Es que confío. Es que resuena conmigo. Es que el planteamiento de intervención y la forma de abordar la enfermedad, me parece muy lógico y coherente. Pero es cierto que hay que ser perseverante y mantenerse.

Fe

Elemento químico de número atómico 26, masa atómica 55,84 y símbolo/Fe/; es un metal del grupo de los elementos de transición, de color blanco plateado, blando, dúctil, maleable, magnético y oxidable, que es muy abundante en la naturaleza formando compuestos y se extrae principalmente de la hematites. (Internet)

Llevo casi toda la vida arrastrando anemias de hierro. A veces más fuertes y otras más leves. Desde que me vino la regla con 12 años, siempre tuve un sangrado muy abundante. Mucho, mucho. Eso explicaba mi continuas anemias. He tomado casi todas las formas de presentación que hay; pastillas, ampollas, perlas, polvos, jarabe.

Hoy, durante el tratamiento me pusieron además, una bolsa intravenosa de hierro. Esto fue nuevo. 

Más de 4 horas de recibir Fe por vena.

Esperanza

Felicidad

Ilusión

Energía

Ánimo

Salud

Ayuda

Gratitud

Fe por vena.

La semana pasada, en mitad del agobio que he tenido por las obras, me dio una pájara y casi me desmayo.

Entre el cambio de alimentación sin azúcares (sí con glucosa y fructosa), el haber eliminado el café, las limpiezas de desintoxicación, la anemia de hierro, la esclerosis, y EL ESTRÉS, me dio un yuyu. Se me pasó ese mismo día acostada y descansando, pero la debilidad se me ha quedado instaurada. Me agota moverme, empiezo con un sudor frío y me mareo. Así que el médico me ha prescrito, además de descanso, hierro intravenoso.

Por ahora suspendo los ayunos hasta que recupere los niveles normales de /Fe/, la energía y vigorosidad.

El estrés, ese sí, lo suspendo por ahora y para más adelante también.

Umbral del dolor

¿Cómo se puede cuantificar el dolor de cada persona? Lo que para una es un dolor insoportable, para otra puede ser de intensidad moderada. Lo que a algunas les resulta solo incómodo, puede anular la capacidad a otras diferentes.

Y así, tan variado y relativo, como la misma esencia de ser.

En mi caso concretamente, mi umbral del dolor está averiado. No mide, ni por asomo, los niveles, ni al alza, ni a la baja. Fuera de servicio, desnortado, sin precisión, tupido, con la bujía rota. Es decir, que no furula.

¿Y cómo me he dado cuenta, si mi barómetro no me lo ha indicado?

Bueno, hay una parte de mi cuerpo y mis emociones, que a veces hacen un llamamiento de socorro, sin ser casi escuchado por mi.

Tras su insistencia y mi negativa a oír, llega la parada técnica. El cuerpo se pone en huelga. Pero aún así, no me lo creo y sigo forzando la marcha, a veces con menos movimiento, pero s-i-n- p-a-r–a-r….

Cuando la intensidad emocional me puede, estoy un día o unas horas, desbordada, en estado de llanto profundo, pero luego hay que seguir.

Y así es como estoy funcionando.

Desde el lunes, con una estupenda molestia en la pierna izquierda. Dolor que ha ido en aumento, hasta dejarme con dificultad para moverme, para estar acostada y para hacer determinadas posiciones.

Pero yo, yo tengo que seguir. No hay otra.

Ya el miércoles, tras una noche muy perretosa sin poder dormir, como tenía cita con el médico, le comento cómo estoy. Me hace una pequeña exploración y me dice que tengo una contractura muy fuerte (elongación muscular) y que tengo que hacer reposo. Me pincha y me cita para el resto de los días de la semana; antiinflamatorios, calmantes y complejo de vitamina B.

Y yo creía que no era para tanto. Sin embargo, cuando me pide que puntúe en una escala del 1 al 10 el dolor que siento, siendo 10 tener que ir al hospital, me quedo pensando un poco y recuerdo la noche que había pasado y lo valoro con un 7- 8.

¡Coño!, pues me duele bastante, pensé.

Pero aún así, tiendo a no escucharme y seguir. Porque hay que seguir. Así sin más. No sé a dónde ni por qué, pero hay que seguir.

¿Me habré insensibilizado al dolor físico?

Cierto es que la sensación de corriente en esa pierna, al ser diaria, me hace que la obvie un poco. Pero me llama la atención la dificultad que tengo para percibir en ella. Cuando empezó a ponerme los tens, al tocar los puntos de dolor, me hacía más consciente del sentir, pero al ir subiendo la intensidad de los electrodos, era como una sensación lejana, ajena. Siguió subiendo hasta un punto y me preguntó, ¿te hace daño?. No, me molesta, pero no me duele. Le comenté que, cuando entré al hospital, tenía un déficit sensitivo en esa pierna. Entonces él lo entendió. Y yo, me di cuenta de que ya no siento igual.

No siento igual en lo físico y no siento igual en lo emocional.

Se me atoran los dolores, asuntos a los que prestarle atención, mis sombras, los espacios en blanco entre un sentimiento y otro.

Se me atoran, sí. Y yo lo que hago entonces es dejar de sentir.

Porque tengo que seguir, tengo que seguir.

Y así, como Alicia persiguiendo al conejo blanco, es que me he perdido. Porque sólo acierto a decir,  que tengo que seguir.

 

imagen de BlackFurya

Te dejé marchar

He soñado con tus manos
Pintando el cielo de gris
Con cuidado, muy despacio
Yo mirando desde aquí
En un jardín de lágrimas, lágrimas por ti.

Hemos vivido una isla
Tanto tiempo juntos flotando sobre el mar.
Yo te he visto, jugando con las olas
Y la arena acariciar

Yo sabía que te quería….
Pero te dejé marchar
Yo te dejé marchar,
Yo te dejé marchar,
Después de la última noche
Yo te dejé marchar.

(…). Luz Casal. Te dejé marchar. 

Hoy hace 2 meses ya.

Tenías que partir. Cogí tu mano y en voz alta te lo dije:

Aquí está todo bien. Descansa tranquila. Descansa Tata.

Y que todo lo que viniera después, fuera luz y paz para ti. Para mí. Para nosotros.

Han sido 2 meses largos y llenos de baches. Y no he podido hacerme a la idea. Casi no he tenido espacio emocional para despedirte.

Hay días en los que al recordarte, un rayo atraviesa mi pecho. Es todo tan extraño…. Sereno pero doloroso.

En este tiempo, por momentos, me he visto al límite. Al borde del abismo. A punto de caer. Y una fuerza desconocida me sujeta. Me coge. Me impulsa. Me eleva y me ayuda a seguir caminando.

A mi lado, conmigo.

Mi consentidora siempre. Mi cómplice muchas veces. Salvadora otras. Mi Tata….

Luego, junto al color de pelo blanco, pasaste a ser mi Tatita linda.

También hay otros días, en los que el miedo a un nuevo brote, por tanta intensidad emocional, me invade. Y pienso, no por favor, no por favor (y me veo cruzando los dedos y cerrando los ojos).

– No, por favor-. …..

Serenidad María.

Pero gana la fuerza y la confianza. Pensarte me ayuda. 

Y mira, aquí estoy con nuevos proyectos y sonrisas.Tengo cosas que contarte, cambios, novedades. Y te hablo, te las digo, te pongo al día, pero sin voz. En nuestro diálogo silencioso.

Porque tú, tú tenías que partir. Y yo, yo cogí tu mano y en voz alta te lo dije:

Aquí está todo bien. Descansa tranquila. Descansa Tata.

Y después de esas palabras, te dejé marchar.

A mi lado, conmigo.

Imagen de Yelena Bryksenkova