tratamiento

Welcome to the jungle

Bienvenida a la jungla
 Tenemos diversión y juegos
 Tenemos todo lo que quieres
 Cariño, sabemos los nombres
 Somos gente que puede encontrar
 Lo que sea que necesite
 Si tienes dinero, cariño
 Tenemos tu enfermedad
 
 En la jungla
 Bienvenida a la jungla
 Míralo traerte a tus
 Rodillas, rodillas
 Quiero verte sangrar
 Bienvenida a la jungla
 Lo tomamos día a día
 Si tu lo quieres, vas a sangrar
 Pero es el precio que pagas
 Y tu eres una chica muy sexy
 Es muy difícil de complacer 

 
Welcome to the jungle
 We've got fun 'n' games
 We got everything you want
 Honey, we know the names
 We are the people that can find
 Whatever you may need
 If you got the money, honey
 We got your disease
 
 In the jungle
 Welcome to the jungle
 Watch it bring you to your
 knees, knees
 I wanna watch you bleed
 Welcome to the jungle
 We take it day by day
 If you want it you're gonna bleed
 But it's the price you pay
 And you're a very sexy girl
 That's very hard to please.

Welcome to the jungle. Guns`n Roses.

Lunes, 8:00 de la mañana. Toca analítica de rigor.

Dormida, muy dormida, cojo la muestra de orina. La guardo en una bolsa. Me visto, como puedo, y salgo a coger un taxi.

No recordaba que por las mañanas, el mundo funciona. Y tiene mal carácter. Pero no todas las personas, afortunadamente. ¡Bien!

Tocan la pita del coche si te tardas más de un segundo en arrancar o si al bajarte del coche, no lo haces con la velocidad de Flash, el súper héroe.

– ¡Jesús caballero, estese tranquilito, hombre!

Entro en la sala de extracciones del hospital.

WELCOME TO THE JUNGLE!!!! Debería figurar un cartel que lo indicase. 

¡Mi madre, mi madre, mi madre! Pero, ¿esto qué es?

Llevo 2 años viniendo a hacerme analíticas, con cierta frecuencia, por esto de la medicación; para comprobar si afecta a la función renal o hepática y demás cuestiones que prefiero no pensar.

Pero hoy especialmente parecía la entrada a un concierto multitudinario. Pero ninguno íbamos con cara de festejar.

Unos dormidos, como yo.

Otros apurados de tiempo.

Algunas hablando en voz alta entre ellas. Me enteré de la vida de la señora y su vecina.

Un señor gritando por la mala organización.

Colas inmensas con botes de diferentes colores y tamaños con orina…. Y lo que no es orina también.

Llamadas por megafonía, en grupos de 5 en 5, con más de 1 hora de retraso.

Sillas y sillas ocupadas.

Los habíamos de pie. Con dolor en las piernas, como yo, o con más de 80 años a sus espaldas, pero ahí estábamos, de pie. Porque no siempre se cede el asiento en este mundo.

Y oyes quejas al fondo. Preguntándose los unos a los otros a qué hora estaban citados. El malestar se huele, se siente, se ve.

Yo me pongo a pensar en las gestiones de hoy, para resolver las incidencias de la inundación.

Cuando por fin me llaman por megafonía, me dan el volante, para entonces pasar a una segunda fila, larga, muy larga, de pie claro, para hacer entrega de la muestra de orina.

Es cierto que para determinadas cosas soy un poco “fina”, y algunos botes estaban muy a la vista, o con gotitas en el suelo, o, qué se yo. Me estaba dando un poco de náuseas. Entre el hambre, el sueño y la situación…. Agggggg.

Cuando hago entrega de mi muestra y explico el por qué del color, me dicen que con la menstruación hay que evitar que pase la sangre al bote.

– Vale, vale. Lo tendré en cuenta para la próxima vez.

Y me alejo un poco avergonzada por no haber caído en eso.

Por fin, en la zona de extracciones propiamente dicha. Ya hay sillas libres. Mi número es el 26. Vamos por el 10, y más de 1 hora de retraso.

Una vez sentada, observo mejor el panorama.

¡Qué pena! ¿ y esto es la sanidad?, parecemos pollos hacinados en jaulas camino al matadero. Y me apena la vida de los pollos, sí. Y me apena la nuestra, la de los humanos.

Por fin me toca. Allá vamos. Entrego mi brazo izquierdo y me dejo hacer.

Llevamos un ratito cuando me dice:

– Va lento. Me parece que eres un poco rácana, por la sangre, que no sale…..

– Jajajajaj. Ya ni me queda, le dije.

La sangre está tan asombrada como yo. Prefiere quedarse en su escondite. 

Vivimos en un mundo de locos. Y yo formo parte de esta locura también.

Y estoy igual de desquiciada que el señor que grita, perdida como la chica que pregunta en todos los mostradores dónde debe hacer la fila, enfadada como la madre que le dice a la hija que se vayan ya y vuelven otro día. Soy tan cotilla como ellas que hablan y critican de los demás, o tan resignada, como la señora que aguanta calladita y pegada a una columna, con su espalda encorvada y su piel arrugada por la vida, o como el joven que trae su muestra de orina de 24 horas, sin bolsa, sin nada y se aprecian las gotas en la tapa. Soy tan loca y tan necia como ellos.

Nos quieren así. Nos vuelven así.

Pienso nuevamente, ¡Qué pena! ¿ y esto es la sanidad?, parecemos pollos hacinados en jaulas camino al matadero. Y me apena la vida de los pollos, sí. Y me apena la nuestra, la de los humanos.

Ahora hasta el viernes, que vuelvo para la resonancia. 

imagen de Effenemea
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Dibujo un lazo naranja

¡Grita naranja, grita esperanza!

Este año, el día mundial de la EM cae el 30 de mayo. Un día especial para mi, para mi tierra. El día de Canarias.

Con siete estrellas verdes, como dice nuestra canción. Estrellas verdes que anuncian fuerza, valentía, esperanza. Estrellas como mis pequeñas lesiones, como mi constelación particular.

Ayer hablaba con la psicóloga y ella me decía que para normalizar mi vida e integrar del todo, esta nueva realidad, aún debo darme unos 2 o 3 años más.

Incluso el neurólogo me dijo la semana pasada que, a veces, para valorar la adherencia del tratamiento, es necesario que pasen unos 2 años.

Y yo que salí del hospital y 15 días después estaba, desde casa y con muletas, mandando informes al cole para que no se quedara mi trabajo de ese curso escolar a medias.

¡Qué poco situada estaba con la realidad que se me venía encima!

Si hago un pequeño recorrido por este tiempo, la palabras que más me definirían podrían ser: valentía, perseverancia, fuerza, esperanza, lucha, fe, coraje, impulso, intento, aceptación, ilusión, sueños, pero tristeza también. Mucha tristeza. Miedo, enfado, desorientación, nostalgia. Duelos, muchos duelos.

Pero grito naranja y grito esperanza. No todos los días. Por supuesto que no.

Me caigo, me caigo muchas veces. Vuelvo a intentarlo. Me lleno de dudas, de sensaciones que no sé gestionar, de dolores escondidos, maquillados. De incómodos silencios en una casa, que se hace demasiado grande para mí. Pero un día cualquiera, me levanto y vuelvo a cantar en voz alta.

Y grito naranja y grito esperanza,  porque es la única forma que sé de vivir.

No soy persona de estar a medias tintas. O estoy porque lo decido, o no estoy, por lo mismo.

No juguemos al gato y al ratón con la vida. Yo al menos, no quiero hacerlo.

Vivir con EM es una realidad diferente, es un reto, es ser una entre mil, es tratar de simplificar lo complejo y abstracto.

Es ser una delicada obra de arte y ser artesana a la vez.

Pero es una enseñanza. Es vivir 2 vidas diferentes con un sólo nombre. El antes de y el después de. Una María diferente a la otra. Pero la misma.

Y dibujo un lazo naranja y que florezca.

Mañana demos difusión a este grito de paz, que de guerra no me gusta.

¡Grita naranja, grita esperanza!

La cuenta del caracol

Suave, lentamente. Despacio y con muchas paradas.

Me levanto tarde. Desayuno y otra vez a reposar. Lo necesito. Mi cuerpo está agotado.

Hacer la cama es toda una hazaña. Los brazos pesan toneladas y moverlos para airear las sábanas es extenuante. Pero lo hago. Diariamente, lo hago.

Si me traen comida preparada o como fuera, mejor. No tengo energía para cocinar. Y eso que me encanta. Pero ahora mismo no.

– Sírvame, gracias.

Después del almuerzo, horizontalidad, please! No sé. A veces sólo es descanso. Otras me echo la siesta. Menos de una hora no.

Y ya estamos a mitad de la tarde, incluso ya avanzada.

¿Ahora qué?

He cancelado, por el momento, la mayoría de las terapias. No hay energía.

Pero venga, a salir un poco y caminar una ratito. No todos los días, pero lo intento. Y suelo conseguirlo.

Luego llego a casa, tras mi excursión por el barrio. Subo los 58 escalones que me separan del mundo y, otra vez floja, cansada, lenta.

El momento de la ducha.

¡Mmmmmmm qué rico es! Me encanta, pero a mis brazos no tanto. Enjabonarme el cuerpo vale. Pero cuando toca el pelo, con lo que supone aplicar el champú, la crema y luego quitárselo….. ¡Ufffff, dolor de brazos! El momento secador, ya no puedo con él. Apoyo el codo en la pared para sostenerlo en alto. Es muy surrealista….

La cuenta del caracol.

Suave, lentamente. Despacio y con muchas paradas.

Este brote, “ligero”, es AGOTADOR.

Pero ahí seguimos, cargando unos brazos pesados, un cuerpo lento y una sonrisa gigante.

Brrr- brote

Brote multifocal fluctuante.

Antes de ayer, al rato de escribir en el blog, me senté en el sofá. Estaba leyendo algo en el móvil, cuando en la pantalla comenzaron a desdibujarse las imágenes y las letras se movían. Lo dejé apartado y empecé a mirar las plantas y los detalles decorativos del salón, con un ojo primero, con el otro después. Aparecían fogonazos de luz, destellos y pérdida de agudeza visual….

Vaya, será una migraña, pensé. Eso me había dicho el neurólogo.

Sin embargo, al levantarme, la pierna izquierda no me respondía. No tenía fuerza.

No quise darle más importancia y con calma fui hasta la cocina para preparar la comida. Ya allí, me dí cuenta de la situación. Cada vez veía más distorsionado y no me mantenía en pie sin agarrarme. Entonces sí llamé para que vinieran a recogerme. Era incapaz de salir sola a la calle sin caerme, además de que la vista me fallaba.

Ya ahí lo supe. Sí, estoy teniendo un brote.

Me fui de casa y pasé la tarde en compañía. Por la noche, ya mejor de la vista, regresé. La debilidad del lado izquierdo duró un poco más. Pero ayer, al levantarme, ya me sostenía sola.

Por la tarde, cuando fui al neurólogo, me confirmó lo que ya suponía.

Estás teniendo un pequeño brote.

Brote o ramita, pensé.

Es multifocal porque ha afectado a la vista, a la pierna, a los brazos, …. El cansancio y agotamiento extremo, también son parte del brote.

Brote multifocal fluctuante.

Como los síntomas no están presentes todo el tiempo- ¡¡¡¡BIEN!!!!-, trataremos de no poner los pulsos de corticoides. No sólo por los efectos devastadores de éstos, sino porque en junio tengo una nueva resonancia y para evitar camuflar resultados.

De repetirse el capítulo, sí debería acudir al hospital….. Pero no va a ocurrir. ¡NO!

Tratamiento recomendado por el neurólogo: relax, descanso, tranquilidad. Nada de ejercicio por ahora.

Y soñar mucho y bien. Esto lo añado yo.

La próxima semana, tengo cita nuevamente para ver progresión. Entonces le haré ciertas preguntas que ayer me dejé atrás.

¿Realmente me está sirviendo de algo la toma de inmunosupresores?

Si éstos reducen la posibilidad de brotes, pero tanto con el copaxone inicial, como tecfidera,  se me han repetido, ¿vale la pena meterme esta medicación tan potente?

Seguiré reflexionando más.

…….

Tras la noticia, me he quedado “aparentemente” tranquila, porque ya suponía lo que estaba pasando. Ya me voy conociendo con EM. Pero sí que este hecho, me hace seguir cuestionándome cómo y qué hacer para evitar la progresión de la enfermedad y la aparición de nuevas lesiones.

¿Va a ser inevitable?

No quiero creer que sea así. No lo creo. No.

Brote o ramita.

 

imagen de Mitch Blunt

A medio camino

Aparcada, como un coche que se queda sin gasolina, o que se le estropea el motor, que es más complejo de resolver. Así me siento.

Parada, a medio camino entre el cansancio y mis metas.

Parada, cogiendo impulso para seguir.

Parada, pero nunca quieta.

Tras la gripe que dio comienzo la semana del 22 de abril, y de la que creí recuperarme rápido, pero que a finales de esa misma semana, la fiebre ya se instaló en mí. Tras esa caída, no he logrado remontar.

Me siento muy débil, agotada constantemente, sin energía, con dolor de cuerpo, cansancio.

Se une además, una especial irascibilidad que me acompañó durante unos días. Todo me molestaba. Existir y no existir.

Y el ojo, ay el ojo, ay el ojo….

Mi ojo izquierdo también se queja. Desde finales de abril está diferente. Como abombado, con una vibración constante, como si fuera medio mío, medio de nadie. Mi ojo está raro. Eso sin duda.

Y yo, estoy rara con él.

Me canso de tender algo de ropa, o al ducharme. Me quedo extenuada. Mantener los brazos para doblar una pieza, secarme el pelo, o estirar las sábanas. Todo me cuesta un mundo. El yoga, por supuesto lo he tenido que parar y el resto de actividades también.

Aparcada, como un coche que se queda sin gasolina, o que se le estropea el motor, que es más complejo de resolver. Así me siento.

Hoy además, me doy cuenta que el lado izquierdo, sobre todo la pierna, está torpe y sin fuerza. No me sostengo con ella. La rodilla me da latidos, y a cada latido lo acompaña un dolor sibilino.

… Sin querer pensar, pero pensando… ¿será un brote?

Si hago un recorrido por mis años de esclerosis sin nombre, por todas aquellas visitas a médicos buscando qué me ocurría, con malestares y dolencias invisibles, cuando más fuerte me daba, y más me limitaba la vida – ahora sé que eran brotes-, fue por abril/mayo, en la mayoría de las ocasiones.

Y entonces repaso mi último mes:

Irascibilidad.

Agotamiento extremo.

Dolor corporal constante.

Ojo izquierdo “tocado”.

Debilidad en pierna.

… Sin querer pensar, pero pensando… ¿será un brote?

Mañana tengo cita con el neurólogo. No he querido darle muchas vueltas a la cabeza. Pero sí que necesito saber qué me pasa.

Mi mente es una fisgona, que sólo se calma con la información. O sabiendo qué hacer y cómo gestionar esto. Sin caer en la rabia, la frustración, ni en la tristeza o el drama. Porque sí, es así. Tengo una tendencia muy grande a ser drama-queen. A montarme una telenovela en mi mente. Eso sí, con mucho salero y sobreactuación. Si se hace, se hace bien.

Parada, a medio camino entre el cansancio y mis metas.

Parada, cogiendo impulso para seguir.

Parada pero nunca quieta.

 

imagen de Shaza Wajjokh

A mi ritmo

Como repasando cada acorde de una melodía infinita y con la delicadeza que resbala una gota de lluvia por una flor. Así de lentas y sutiles son mis recuperaciones.

Se me queda una estela de sensaciones oscuras. Fatiga, debilidad, torpeza, incomodidad, aturdimiento…. Y se demora ese halo invisible, se retrasa, se mantiene pegado a mí.

Me olvido y pretendo coger el ritmo de cero a cien. Como un cohete. Y no es así. Ya no es así. Ahora mi vida requiere otro ritmo, que aún no tengo integrado. Que aún no es mío. Ni yo soy de él.

Ritmo nuevo o nuevo ritmo.

Y aparece una dificultad desconocida, al tratar de resolver varias cuestiones a la vez. Es como si mi mente no pudiera procesarlo y entra en colapso. Me agobio, me saturo y se pone de manifiesto que: ASÍ NO PUEDO.

Ya no puedo hacerlo así.

Tengo que olvidar cómo gestionaba antes las cosas y aprender nuevamente.

A mi ritmo; lento, despacio.

De a poquito.

Quiero abarcar todo lo que mis brazos alcancen. No importa el peso.

Pero sí importa.

Y quiero correr. Da igual si mis piernas lo soportan.

Más no da igual.

Quiero bailar durante toda la noche. Sin tacones, tampoco pido tanto.

Sí pido, sí.

Y ser rápida y ágil.

Vísteme despacio que tengo prisa, decía Napoleón.

Cocinar con varios calderos al fuego. Sin que se queme la comida.

Al final se quema.

Y quiero responder a las preguntas que me hagas, aunque haya ruido de fondo.

Aunque a veces no sé ni qué decir. Me aturdo.

 Poder hablar por teléfono y caminar al mismo tiempo. Sin tropezarme u olvidar el contenido de la conversación.

Menos mal que existen los audios.

Sé que no puedo ser oruga y mariposa a la vez. Pero, muchas veces lo pretendo.

Pero no, ahora no. Ahora toca un nuevo ritmo; lento, despacio.

De a poquito.

Y disfrutar de ser oruga, aunque cueste.

Porque cuesta. Cuesta mucho.

El otro día escuché una frase de Woody Allen que me gustó:

“Me llevó 10 años tener éxito de la noche a la mañana”

Y a mi ritmo. De a poquito. El éxito llegará.

imagen de Takeo Doman

Pinchos y púas

Tres días de cama y encierro.

Tres días de retorno a la cueva oscura.

Tres días de pinchos y púas.

La mente se dispara y apunta directo al pecho.

Y como un metralleta, se fija y lanza todas sus balas. Balas de fuego, balas que impactan.

Tormenta de metal en un cuerpo débil.

Me asusta que me pueda dar un brote tras la fiebre. Sí, creo que es lo que más miedo me da.

Me asusta que el ojo izquierdo se queje nuevamente. Sí, se me encoge el estómago con esto. El ojo se siente como ajeno, como de corcho, como que está ahí pero que no está.

Y mi mente, descalabrada mente, me amenazó con lanzarme cuchillos, dardos y flechas. Eso fue el primer día. Los siguientes, ya no hubo amenaza.

Pinchos y púas bien clavados.

Incendio en la cabeza.

Tormenta de metal en un cuerpo débil.

Un cuerpo que grita debilidad. Que huele a cansancio. Que siente incomodidad, pero un cuerpo – mi cuerpo-, que bebe a buches grandes para llenarse de energía.

Cada caída me enseña a poner las rodillas de un modo más estratégico.

Quedan moretones, rasguños y cicatrices. Pero me enseña. Cada caída me enseña.

¡Joder, qué marcada me estoy quedando!

Ahora, con calma, delicadeza y consciencia, lo que toca es ir sacando las púas clavadas.

Ni nuevo brote ni ojo afectado….

Venga, vamos a esmerarnos en sacar este pincho. Éste es uno bien enterrado y doloroso.

¡Vamos allá, muchachita!

Y que de ésto, sólo queden los frutos.

¡Tunos, tunos indios o higos picos!

La bella durmiente

El reloj marca el tiempo. Un tiempo. No es el mío.

Ni es mi reloj ni es mi tiempo.

Yo estoy en reposo. En descanso. Parada. Entre el día y la noche….

Me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

La fatiga se instala. El agotamiento me puede.

Pero no me peleo. Ya no pongo resistencia. No estoy frustrada. Bueno, sí. Algo frustrada sí.

Cancelo cualquier actividad y duermo.

Me genera “un poco” de impotencia aún.

El mundo se mueve mientras yo me detengo.

Sola en una casa grande. En silencio y sin ganas de hablar.

Otro día parada, pienso.

Pero ya no me peleo ni pongo resistencia.

Me dejo cuidar por mí, para mí.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Entre sueño y sueño, me enseñas nuevas formas de vivir la fatiga de la EM.

Un día a la semana de descanso. Un día de no marcar nada en el calendario. Un día elegido para mí.

Visto así es más bonito: mi día.

Día para “verme”. Que aunque lo tengo tatuado, se me olvida.

Me dejo cuidar por mí, para mí.

Duerme, María. Deja que tu cuerpo descanse.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Nana del Caballo Grande. Camarón de la Isla

Nana niño nana
 del caballo grande
 que no quiso el agua.

El agua era negra
 dentro de la rana,

cuando llega al puente
 se detiene y canta.

Quién dirá a mi niño
 lo que tiene el agua,
 con su larga cola,
 por sus verdes alas.
 Ea, ea.

Duérmete clavel,
 que el caballo
 no quiere beber,
 duérmete rosal,
 que el caballo se pone a llorar.

Imagen #whomadethis

¡Yo no quiero ser una enferma!

– ¡¡¡¡Yo no quiero ser una enferma!!!, grité mientras lloraba.

Sentada en el sillón de la esquina. En la habitación 219. Mi casa durante aquellas semanas. Largas e infinitas semanas para mí.

Entonces él pronunció mi nombre.

– ¡ MARÍAAA!.

Lo hizo con un tono tajante pero tratando de serenarme. Lo suyo también fue un grito. Un grito que clamaba tranquilidad.

Durante el tiempo que estuve ingresada, en aquellos ratos de soledad en los pasillos del hospital, intentando caminar sin caerme, o en las noches que me costaba dormir, llegué a pensarlo. Llegué a plantearme si lo que tenía podría ser algo “malo”.

Lo de ser algo “malo” era muy abstracto, y encerraba tantas posibilidades dentro de sí, que cuando pensaba en ello, mis ideas eran taxativas y rotundas.

Hoy me atrevo a decirlo.

En mi mente -no sé si llegué a verbalizarlo, creo que no-, me decía:

– Si lo que tengo es “malo”, me quito de en medio.

Fue un pensamiento que durante ese mes, en más de una ocasión, se pasó por mi coco. ¡Qué duro!, ¡qué asustada estaba!.

No quería vivir siendo una enferma. Eso lo tenía claro. No quería estar tomando medicación. No quería ser la pobrecita María. No quería depender de nadie. No quería dejar de trabajar. Tantas cosas que no quería y que temía pudieran suceder. …

Han pasado menos de 2 años, pero casi ya.

Y tantas cosas de las que no quería, han tenidos que ser. Sí, es así, he ido asumiendo, aprendiendo, adaptándome y aceptando.

Sin embargo, tengo la fortuna de cumplir con la primera frase que espeté tras mi diagnóstico.

¡Yo no quiero ser una enferma!

Y no lo soy. ¡No soy una enferma. No estoy enferma!

Tengo una enfermedad, que es diferente. Muy diferente.

Hay personas que viven enfermas y no tienen enfermedades. Ésa es su terrible enfermedad. También las hay que, teniendo una enfermedad, no son enfermas. Ahí se encuentra la sanación. O eso creo yo.

Esa es mi fe, mi credo. Deseo seguir con este talante, con esta energía, con esta vibración.

No soy esclerosis, soy múltiple.

Y eso, decidir ser múltiple, encierra muchas más esperanzas.

 

imagen de Emma Leonard.

Miss Graña

Día sí, día no.

Ella se presenta en mi casa y se establece. Sea bienvenida o no. Ahí se queda, como si fuera una invitada de honor.

En la revisión con el neurólogo, ya me lo había advertido.

– Lo que te sucede en la vista se llama migraña con aura; escotoma de fortificación. No siempre es el fenómeno de Uhthoff. Eres migrañosa, María.

¡Ya coño, otra cosa más!, pensé. Pero la verdad que se producía más alejada en el tiempo y casi que era un mal secundario.

Sin embargo, llevo 2 o 3 semanas, sin juegos visuales afortunadamente, pero que el dolor de cabeza intenso e insoportable, se hace presente. Muy presente.

Día sí, día no.

Miss Graña.

No tengo claro si se debe a tensión, si es por algún medicamento que me lo está provocando, si el síntoma trata de decirme algo, si es por la alimentación, cambio de estación… Lo que si sé es que me jode.

Me jode que venga con tanta frecuencia y sin entender a qué responde esto ahora. Ya hoy me paré a mirar en el calendario las fechas y me he dedicado a reflexionar sobre ello.

El único cambio de último es que he incluido yoga. Pero en realidad allí mejoro, con estiramientos y relajación. No creo que tenga que ver con eso.

Algo que sí me lleva a pensar, es que como tengo una lesión en la C-3 y otra en la D-3, además de las cerebrales, al hacer determinados ejercicios, pueda estar sobrecargando. Lo cierto es que, como novedad, he notado que me cuesta mucho, muchísimo – en cualquier actividad- mantener los brazos arriba. Es algo AGOTADOR y que al hacerlo y estar extenuada, tengo tendencia a tensar para tratar de aguantar. Si fuera por ellos (por los brazos), se caerían al segundo 2.

¿Será que ahora soy más consciente o es que es algo nuevo?

También sé que la mandíbula, cuello, hombros, omóplatos, cráneo, sien, escápulas, todos ellos están como bloques. Tensos, duros, contracturados.

Luego voy al fisio, me da masaje, me relaja, me los afloja, pero horas después hemos vuelto a la trinchera. Guerra inconsciente.

Vuelve la Miss. La Graña. La incomodidad. El dolor.

¡Buaaaaaaa, snif, snif!

Tendré que valorar si es que tiendo a compensar por esta debilidad en los brazos (hablando, como siempre, en voz alta). Comentarlo con los profesionales a los que acudo en las diferentes terapias, incluso tenerlo presente cuando vuelva al neurólogo. Ver la posible relación con las lesiones de la cervical y la dorsal.

Día sí, día no.

Hoy ha sido de los que sí. Hoy tocó.

María y su Miss Graña.

No somos amigas, pero estamos cohabitando.

 

imagen de Teresa Freitas