ilusiones

1, 2, 3, un pasito pa`lante María

Esta semana tuve revisión con el neurólogo. El día antes, hice una recopilación de todo lo vivido desde junio, que había sido la última visita.

¡Mi madre! No soy consciente de todo lo que ha ido sucediendo, porque los cambios se producen por días, incluso, por horas. Arriba y abajo.

Cuando recojo las notas para comentarle al médico, es cuando puedo apreciar – con datos objetivos- el péndulo en el que me he estado balanceando: en un punto y en el otro. TIC y TAC.

En la sala de espera, repaso con mi padre, las anotaciones hechas el día anterior. Incluso, por la noche me desperté con más aspectos a comentar y los anoté en el móvil para no olvidarlos.

¡Todo controlado! Mi mayor mal.

Lo sé y trato de hacer una tregua con él. A veces sale mejor y otras no tanto.

Esta vez dejé, o eso creo, que fuera el médico el que hiciera las preguntas. Tenía encima de la mesa la libreta de anotaciones, mi carpeta con todos los informes, bolígrafo, pañuelos, agua. Como si fuera a acampar en aquella consulta.

Como suele ocurrir, él indaga con mucho detalle. Ahonda en ciertos datos. Es más rápido para otros. Se detiene, me mira a la cara, se sonríe. Esta vez ha estado mucho más amable y bromista. Esta vez, yo he estado mucho más amable y bromista. No es casualidad. Esta vez, yo he estado más serena y esperanzada con la vida. Con mi vida. Con toda mi montaña rusa emocional incluida. No es casualidad.

Pasamos a la pruebas y exploración física: en camilla, tumbada, haciendo fuerza, flexionando, estirando, empujando, de pie, equilibrio, coordinación, mirando hacia aquí, hacia allá, abriendo ojos, agarrando manos, siguiendo la luz, mordiendo fuerte. Seguimos, saca lengua, para aquí, para allá.

Pruebas de sensibilidad, cosquilla lado derecho, lado izquierdo. Reflejos, martillo en mano, golpitos.

Agudeza visual. Tapando un ojo, mirando todas las aberturas de las U. Todo genial. Veo hasta la última fila. Esto camina bien, pienso. Y me sigo viniendo a arriba.

Ahora sin calcetines, caminando hacia la puerta, la vuelta, retorno, con un pie delante de otro. – No te agarres a la pared, María. Ya te puedes volver a calzar.

-¡NO HAY COLOR CON LAS ANTERIORES EXPLORACIONES! Físicamente estás estupenda. Las pruebas y la clínica son muy buenas, me dice.

¡¡¡¡¡¡Bien, coño, bien!!!!!, ¡lo estoy haciendo bien!

Estoy avanzando. Me estoy superando. Con constancia, con esfuerzo, con implicación, con altibajos importantes y con mucha rabia. Con alegrías y tristezas varias. Con esperanza y desazón, a veces. Pero estoy en la lucha. Estoy caminando. Estoy intentándolo.

1, 2, 3, un pasito pa´lante María.

En este caso, ¡un buen salto pa´lante, mi niña!

Tengo mucho que celebrar y además, mucho que agradecer.

 

imagen de Lucy Campbell
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De rabia y miel

María es mitad rabia, mitad miel.

María está hecha de lo que nunca dijo, también de lo que gritó.

A María le duele, le duele tanto que sigue luchando. No se rinde. Es su manera de combatir el dolor.

Ella se enfada, se le agria el carácter, se le huele soberbia, se le intuye altanera. Pero es un espejismo de María. La verdadera María está detrás de ahí. Escondida y con la cabeza algo gacha.

María toca música y María desafina. No sabe, no aprende.

María es miel, pero no es abeja. No es aguijón. A veces la confunden. A veces, ella misma se confunde.

¡Pero no, María no es abeja. No es aguijón!

María es dulce. Es rabiosamente dulce. Estratégicamente dulce.

María esconde un secreto. El secreto de no ser de miel. De no ser de rabia. De no ser dulce y de no ser amarga.

A veces María deja de saber quien es. Y se pierde es sus sabores, mezclados todos.

María está hecha de lo que nunca dijo, también de lo que gritó.

Es posible que lo que nunca dijo, sea más de María que lo que contó, con suave voz, con letras, cantando o a pleno grito.

Maldita dulzura, María. Maldita dulzura la tuya….

Hablemos de ruina y espina
hablemos de polvo y herida
de mi miedo a las alturas
lo que quieras pero hablemos,
de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos. 

Hablemos para no oírnos,
bebamos para no vernos,
hablando pasan los días,
que nos quedan para irnos.

Yo al bucle de tu olvido
tú al redil de mis instintos.

Maldita dulzura la tuya,
maldita dulzura la tuya,
maldita dulzura la tuya. 

Me hablas de ruina y espina,
te clavas el polvo en la herida,
me culpas de las alturas
que ves desde tus zapatos.
No quieres hablar del tiempo,
aunque este de nuestro lado
y hablas para no oírme,
y bebes para no verme,
yo callo y río y bebo.
No doy tregua ni consuelo.
Y no es por maldad lo juro
es que me divierte el juego.

Maldita dulzura la mía
maldita dulzura la mía
maldita dulzura la mía.

Maldita dulzura la nuestra.

Vetusta Morla. Maldita dulzura.
imagen sacada de internet

C´est fini

4 largos meses – y 6 días más-, de toma continuada de antibióticos.

Por fin ha terminado esta etapa. ¡San se acabó!

Adéu, agur, ciao, bye, tschüss, adjö, sayonara, arrivederci!!!!!

Como dirían The Doors:

This is the end, beautiful friend
 This is the end, my only friend, the end
 Of our elaborate plans, the end
 Of everything that stands, the end
 No safety or surprise, the end
 I'll never look into your eyes, again

Can you picture what will be, so limitless and free
 Desperately in need, of some, stranger's hand
 In a, desperate land...”

Durante todo este tiempo, desde que entré en el hospital hasta ahora, he superado muchísimos obstáculos y barreras. Algunos lo saben, otros lo intuyen y los y las hay, que los han sentido y saltado conmigo. De la mano, a mi vera. Sin fallarme.

Pero pocos, muy pocos, conocían de mí, un miedo oculto. Un miedo que ha salido a la luz. Un miedo que ha salido perdiendo. Un miedo que ya no lo es.

Nunca fue un secreto. Ni era un misterio. Era, sin embargo, una parcela de mí que no salía en todas las escenas de mi vida. No se solía dar como tema de conversación ni yo tampoco hacía alarde de ello. Era una característica más, peculiar quizás, de mi sombra.

Con toda la experiencia vivida, primero en el largo ingreso y posteriormente a mi salida, he conseguido vencer ese miedo que me devoraba. Además, lo he hecho con matrícula de honor. No me ha quedado otra que transitar por ese camino del terror. Y atravesarlo yo solita, porque aunque me haya sentido acompañada, ha sido un mano a mano entre el miedo y yo.

¿Mi pánico? Tomar medicación. Sea cual fuera, me daba muchísimo miedo tomar medicinas. No sé cuándo empezó, ni qué pensaba que podía sucederme, pero no era nada amiga de ninguna cosa que tuviera que tomar y que pudiera generarme algún efecto secundario. Siempre tenía que mantener el control de todo y con química extraña, podía ser que interfiriera. Algo así era mi miedo…. ¿..?

Yo sacaba chistes de mis temores y preguntaba entre risas, si me tomo por ejemplo el hierro (he tenido varias veces anemia) y me duele un día la cabeza, ¿puedo tomarme un paracetamol o me hace interacción? (risas, risas, risas…). Yo lo necesitaba preguntar en serio y escuchar que me dijeran con certeza y seguridad que nada iba a pasarme.

Pues así ocurría con cualquier cosa. No era amiga de las pastillas. No sólo por mis creencias sobre ellas, sino en este caso, por MIEDO. Una sensación paralizante.

Creo que hay un dicho para estos casos:

– No quieres sopa, pues toma 2 tazas.

En el hospital, me negué a tomar parte de la medicación inicial. Yo sentía que podía pasarme algo y me daba pavor. No podía racionalizar aquella sensación. Ni tan si quiera me tranquilizaba la idea de estar atendida por médicos. YO NO IBA A TOMAR TANTAS PASTILLAS DE GOLPE Y PUNTO. El miedo me superaba. Aguantaba los dolores por la noche como una auténtica jabata. Al tercer día, el malestar era tal que accedí a tomarlas. Las primeras veces, necesitaba estar acompañada y tratar de no pensar en ello. Pocos días después y al comprobar que no me ocurría nada, me fui relajando, ya no estaba tan tensa al tomarlas.

Sin embargo, lo más difícil fue cuando salí. Estando en casa, debía hacerme cargo de ese miedo y aún con él, tomarme lo que me habían prescrito. Además, el número de pastillas empezó a aumentar progresivamente. Bien porque los pinchazos -copaxone- no me hacían el efecto deseado y tuve que pasar a Tecfidera, porque hubo que empezar con antidepresivos, por los antibióticos para el absceso incansable…. En definitiva, que al final, me vi con 20 gominolas al día, algunas químicas y otras naturales. Era como transitar cada día por el túnel del terror.

Es de chiste, lo sé. Pero era así.

Ya hoy las tomo sin miedo. Lo hago como un acto mecánico. Ya no entro en colapso mental. Ya no tiemblo por dentro.

Tras tomarme no sólo 2, sino casi 20 tazas de caldo al día, puedo decir con total determinación que he superado ese miedo.

Pero aunque ya no lo tenga, aunque me haya liberado de él, no me gusta tomar tanta medicación. Es algo que no va conmigo. Así que irme despidiendo de ellas, me genera gran alegría y tranquilidad.

Les digo, ¡¡¡¡¡ adéu, agur, ciao, bye, tschüss, adjö, sayonara, arrivederci!!!!!

imagen de Luis Quiles

Relámpagos & flores

Nuevas flores. Pueden ser vistas como capullos o como signos de vida. Ya iré viendo dónde ubicarlas.

Hace dos meses aproximadamente, comenzó una sensación nueva. Viene y va a su antojo. O eso creo yo.

Cuando apareció por primera vez, estuvo unos 5 días haciéndose notar. Luego no dio más señales hasta un tiempo después. Vino, se quedó algunos días y se escondió nuevamente hasta ayer.

Con lo que parece, que ya voy conociendo su patrón. Está conmigo unos 3/5 días y se marcha hasta el mes siguiente. Ahora tengo que ver si hay alguna relación con el tiempo, lo que he hecho esos días, la cercanía con el periodo, o cualquier otro factor.

No es dolorosa. Es simplemente una sensación incómoda, extraña, presente. Se trata de unas corrientes en el lado derecho de las lumbares. Desde esa zona, irradian pequeños chispazos hacia arriba. Relámpagos de baja intensidad.

Conozco a la perfección, desde el 2011, el signo de Lhermitte. Me aparece cuando flexiono el cuello y me tira por toda la pierna izquierda. Me ocurre cuando camino también, hay determinados movimientos que se ve que el cuello se conecta y, ¡pum!, relámpago que baja. Es como un hormigueo, sensación incómoda y desagradable. Como cuando se duerme un pie y no lo notas del todo y quieres caminar y al apoyarlo sientes que está acolchado, gordo y con un cosquilleo denso.

Pues eso siento yo.

Como decía, antes se manifestaba en mi pierna izquierda únicamente y siempre al caminar o flexionar cuello. Todos los días, eso sí. Es algo que casi ya he integrado. A veces hasta me olvido de la sensación.

Pero lo de la cintura/lumbares, es algo nuevo. Lo noto sobre todo cuando la curvo o doblo. Por ejemplo, me agacho para hacer la cama, relámpagos. Me voy a poner los zapatos, relámpagos. Me estoy secando al salir de la ducha, relámpagos. Estoy sentada y me voy a incorporar, relámpagos.

Estos nuevos relámpagos me ponen en “alerta”. Son recientes y no los tengo integrados. Me parecen como un recordatorio de:

– Hola María, te informo de que tienes EM. ¡No lo olvides!

¡Como si fuera sencillo de olvidar! Me ponen de mal humor, la verdad.

Al principio pensé que se darían de forma aislada. Tengo muchas sensaciones que se presentan y luego desaparecen. Pero es el tercer mes que hacen su aparición y se quedan conmigo unos días. Así que ya puedo incluirlos o al menos intentar hacerme amiga de ellos. Relámpagos de baja intensidad. Esperemos pronto sean sentidos como flores. Algo vendrán a enseñarme…. O eso quiero creer.

Relámpagos & flores.

Días y flores. Silvio Rodríguez. 

Si me levanto temprano, 
fresco y curado, 
claro y feliz, 
y te digo: «voy al bosque 
para aliviarme de ti», 
sabe que dentro tengo un tesoro 
que me llega a la raíz. 
Si luego vuelvo cargado 
con muchas flores 
(mucho color) 
y te las pongo en la risa, 
en la ternura, en la voz, 
es que he mojado en flor mi camisa 
para teñir su sudor. 
Pero si un día me demoro, no te impacientes, 
yo volveré más tarde. 
Será que a la más profunda alegría 
me habrá seguido la rabia ese día: 
la rabia simple del hombre silvestre, 
la rabia bomba —la rabia de muerte—, 
la rabia imperio asesino de niños, 
la rabia se me ha podrido el cariño, 
la rabia madre por dios tengo frío, 
la rabia es mío —eso es mío, sólo mío—, 
la rabia bebo pero no me mojo, 
la rabia miedo a perder el manojo, 
la rabia hijo zapato de tierra, 
la rabia dame o te hago la guerra, 
la rabia todo tiene su momento, 
la rabia el grito se lo lleva el viento, 
la rabia el oro sobre la conciencia, 
la rabia —coño— paciencia paciencia.
imagen de Pedro Obligada

Pirata & flor

Días previos con cierta contrariedad, pero ya me he ido acostumbrando a ella. Es como limpiar basura, el polvo flota en suspensión y me incomoda. Contrariedad y malhumor. Hasta ahí tolerable.

Fue el miércoles 24 de enero, por la tarde, sentada viendo la TV. Estaba reposando un poco porque a la noche tenía una cena prevista con amigos, así que sabía que tenía que dosificar energías. Ya esta parte la voy controlando mejor.

A medida que se iba oscureciendo el día, empecé a notar una sensación algo extraña en la periferia de mi ojo derecho. Hasta ahora, el ojo que más lata me ha dado es el izquierdo, con lo cual no pensé que tuviera que ver con la EM. Más bien lo achaqué a que la luz del día se estaba despidiendo y me costaba más enfocar la vista en la TV, que tenía muchos reflejos.

Encendí la luz del salón, pero entonces para mi sorpresa, comenzaron los destellos laterales. Luces de neón, como canta Lori Meyers.

¡¡¡¡Ohhhhhhh, nooooooo!!!! Esto sí lo conozco. Es el maldito fenómeno de Uhthoff. ¡Pero, si estoy sentada, sin hacer movimiento, ni aumento de temperatura, ni nervios, ni NADA!

Me asaltó el pavor por segundos: ¿un nuevo brote, qué estaré haciendo mal, otra lesión, la medicación no me da resultado? Degenerativa, es degenerativa, es degenerativa y ¡NO TE ENTERAS, MARÍA!

Mi cabeza empezó a ir a mil por horas mientras le acompañaban las luces, las sombras y los destellos, por mi ojo derecho.

No tardó mucho en llegar el llanto desconsolado. Tendría que cancelar la cena y acostarme porque empezaba a darme un dolor punzante en la sien y en la cuenca del ojo. A la par, iba imaginando el nervio óptico, como un cable tenso y emitiendo ondas entrecortadas y con chispazos. ¡Fatal! Se hizo un nudo en mi mente, que rápido se convirtió en un gran rollo enredado.

Estuve una hora aproximadamente boca abajo a oscuras y con las manos tapando los ojos. Esto me sentaba bien al dolor y llorar me aliviaba la angustia.

Al poco, sus manos, esas que crean y hacen creer, me terminaron de calmar.

Con ternura, delicadeza y una paciencia infinita, me devolvió al lugar presente – que ya es pasado- .

Desenmarañando los nudos mentales. Los escuchaba y colocaba en su lugar.

¡GRACIAS!

Lentamente, todo comenzó a dibujarse como era. Sin destellos, sin luces, sin oscuridades.

Y mi ojo pasó de ser pirata, siniestro y ladrón,  a ser flor, con  vida y color .

Pirata & flor.

De eso hace 9 días. No he vuelto a tener esa incómoda sensación.

Aún con la basura y el polvo flotando, no la he vuelto a tener. Que la porquería salga a la superficie, que se limpie y se ventile. Pero que yo la pueda ver, por favor.

Con luces de neón.
Si…Tan solo con mirarte,
encuentro una razón,a veces demigrante,
con luces de neón…
Si…Se hace el interesante,
mano a su pelo va,curvando hacia delante,
con luces de coral…
Pa-pa-ra-pa-pa-pa..tendría que reconocer que no llevo razón…
Con luces de neón,con luces de neón.
Si…Que mi amor es inmigrante,
de tu corazón,a veces palpitante,
y otras con terror…y otras con terror…
Pa- pa-pa-ra-pa-pa-pa..tendría que reconocer que no llevo razón…
Con luces de neón,con luces de neón…
Lori Meyers.

imagen de Yasushi Sakuma

Una de cada cinco

Ayer en la Sexta, en el programa Salvados de Jordi Évole, se abordó el tema de la depresión.

Recuerdo cuando el neurólogo me dijo claramente que mi mejoría física se estaba viendo comprometida por mi estado anímico.

Yo sentía que estaba haciendo lo adecuado, todo lo que estaba en mis manos: asistir a terapia, poner mucho de mi parte, procurar estar distraída, salir de casa, no estresarme, etc. Pero tenía una negativa absoluta a tomar antidepresivos.

Fue tajante: ¡NO VAS A RECUPERARTE SI NO SE EQUILIBRA LA QUÍMICA DE TU CEREBRO!

Hacía 6 meses que me habían dado el diagnóstico y, efectivamente, yo no remontaba. Es duro decirlo, pero a veces no encontraba motivo para seguir viviendo. Me resultaba agotador y no sabía a qué agarrarme para flotar.

Cuando tuve esa sensación varias veces seguidas, me dí cuenta que no estaba sólo en mis manos. Necesitaba ayuda extra. Me dejé guiar por el neurólogo, aunque no muy convencida,  y comencé un tratamiento. De esto hace ya más de un año y, aunque me siento mucho más viva, aún me tropiezo con días/ratos, en los que me pierdo tanto que temo desintegrarme. Son sólo ratos, sólo días.

El programa abordó la depresión de una forma, a mi juicio, muy respetuosa. Con personas que hablaban de su experiencia con la enfermedad. Un experto que daba pinceladas de lo que ocurre cuando se padece. De las consecuencias tan devastadoras que puede llegar a tener. De los distintos síntomas que puede provocar, y se mencionaron también, tratamientos para paliarla.

Cuando el médico/psiquiatra iba enumerando determinadas muestras que no son tan nombradas, pero que forman parte de la enfermedad, me venían a la mente escenas concretas vividas por mi.

Falta de atención, dispersión, dificultad para tomar decisiones, bloqueos, aturdimiento, incapacidad para reaccionar ante una situación, dificultad para recordar, olvidos, despistes, torpeza mental.

Realmente era desesperante, porque yo no sabía distinguir qué era parte del estado anímico o qué podía ser una secuela o posible deterioro cognitivo de la EM. No lo sabía distinguir ni nadie podía asegurarme si era uno u otro.

Además, sentía cierto pudor a decir abiertamente que tenía una depresión. Sé que estaba más que justificada por la realidad que me rodeaba, pero aún así, la resistencia a mostrar mi dolor. Todo estaba bien, yo estaba adaptándome y poco a poco estaría mejor. Ese era mi discurso y lo repetía esbozando una sonrisa de lucha. Máscara. Siempre máscara.

Tras mucha terapia rehabilitadora (también cognitiva) y, por supuesto terapia psicológica, puedo decir que aquellas grandes dificultades y mermas evidentes, han ido desapareciendo y retornando mis capacidades, las que yo reconocía en mí.

No obstante, creo que parte de las subidas y bajadas en mi estado de ánimo, el enfado, la rabia, la tristeza -más leve-, el malhumor, las contrariedades, siguen siendo los coletazos de esa otra señorita con la que he estado conviviendo.

La cifra es altísima. Según los datos aportados por el programa, una de cada cinco personas en España, padece Depresión.

No es lo mismo que la tristeza.

No es lo mismo que la desesperanza.

No es lo mismo que el dolor.

No es lo mismo que estar perdida.

No es lo mismo que tener miedo.

Es todo eso multiplicado por mil y otros muchos síntomas más. Un infierno en vida.

Una patología física puede ser entendida y acompañada socialmente, pero muchas veces una depresión es silenciada, escondida, incluso subestimada por los demás.

Es terrible que el número sea tan elevado. Algo va mal. Algo funciona muy muy mal. ¡Qué perdidos estamos en esta sociedad!

Yo, poco a poco, me voy despidiendo de ella. ¡Aleluya! Mientras sigo buscando respuestas.

A veces ya soy capaz de quitar esa mueca. Esa expresión impasible, porque mostrarme es parte de mi mejoría.

 

El arte de Miles Johnston

Vidas paralelas

El 29/03/2017 recibo un e-mail con el título de: Ánimo campeona! Al leerlo una fuerza se mueve dentro de mí. Desde que había creado el blog, un mes y pico antes, me habían mandado algunos correos personas de otras partes del mundo, desconocidas, pero que compartíamos algo en común: la EM. Pero éste había sido diferente. No sé por qué, pero lo sentí así. Nada más empezar a leerlo lo noté.

Por ese entonces, yo estaba metida de lleno en un nuevo brote que me afectaba a la vista y al equilibrio. Me costaba leer y me costaba escribir. Pero aún así lo leí y le quise responder. Sentí “algo” especial. Entonces, en otro nuevo correo, ella me sugirió escribirnos en mayúscula si eso facilitaba el contacto.

Desde el inicio comenzamos un juego de intercambio de canciones. Así nos fuimos conociendo. La música era un nexo también (guardo un listado de nuestra B.S.O.). A veces, muchas veces, nuestro nexo no era la EM.

Pronto nos dimos cuenta de que entre nosotras habían muchas más similitudes, coincidencias, parecidos, afinidades, gustos, tendencias…. CONEXIÓN, vamos.

Casi 2000km de distancia entre nosotras y, sin embargo, tan cerca de mi alma.

Nos escribíamos, y como si de un/@ novi@ virtual se tratase, me salía una sonrisilla cómplice. Ganas de saber más. De leer y escuchar cómo había sido su vida, su proceso. Cómo se planteaba las situaciones con esta compañera de la mano. Sus retos, sus miedos, sus alegrías. Quería saber, como quien lee un libro y se queda enganchado a una página más y entra en bucle con esa intención.

Ella me agradecía cada palabra que yo escribía en el blog. Se sentía apoyada, entendida, identificada. Yo le agradecía que se hubiera atrevido a escribirme y darme ánimos, cuando el brote de la vista me sumía en un nuevo pozo.

Así fuimos dando forma a esta amistad.

Me sentía tan comprendida…..Hablar con ella, un bálsamo.

Dimos paso al intercambio de teléfonos y con él, a vernos el rostro de cada una. A poner imagen a esa amiga que estaba tan lejos, pero tan cerca. Y cada vez más, ahondamos en inquietudes profundas, personales, íntimas.

Vidas paralelas. Así fuimos descubriendo nuestras vidas.

Total y claramente hilos invisibles que unen a las personas.

Nunca he abrazado a mi amiga Ana, pero la abrazo cada día.

Nunca la he visto llorar. Pero he llorado con ella.

No nos hemos reído mirándonos a la cara. Pero desgastamos el icono de las carcajadas, de tanto usarlo.

La EM nos hizo encontrarnos en un mundo virtual. Y ahora es MI AMIGA. Más allá de lo virtual y de la “escle”como ella la llamaba.

Con nuestras vidas paralelas, con las coincidencias que nos aproximan, con la distancia que nos separa. Con todo lo que hemos compartido, con lo que nos falta por compartir. Con las ganas, aún no materializadas, de darnos un abrazo infinito. Con todo y con nada, Ana. Porque al final, desprovistas de todo es como más cerca podemos estar de otro ser humano. Con todo y con nada, Ana. Desearte hoy – 26 de enero-  un súper feliz cumpleaños. TQ amiga.

Mismo sitio distinto lugar.
Donde la hiedra no se atreve a trepar
 Y amanece el secreto
 Donde el invierno no consigue llegar
 En el último intento
 
 En la antesala del derrumbe total
 Donde el filo es estrecho
 En el auxilio del penúltimo bar
 En el beso mas lento
 
 Hay un sitio para cada lugar
 Que da espacio para ti
 Es tu turno, solo tienes que verlo
 
 De la oración del violín principal
 Al aullido del viento
 Del contrapunto al redoble crucial
 Todo nace en el pecho
 
 Hay un himno para final
 Y unas frases para ti
 Es tu turno, sé que puedes hacerlo
 
 Compartimos el mismo anden
 Hemos sido cabaña y temporal
 Gotas que prenden cuando caes
 Hemos sido un amante impar
 Y ahora el círculo vuelve a cuadrar
 
 Hay un himno para final
 Y unas frases para mi
 Es mi turno, sé que debo romperlo.  Vetusta Morla.  

Montaña rusa

Mis emociones son tan extremistas como lo soy yo. Suben y bajan como un sistema de poleas. Arriba-abajo.

Lo sorprendente es que, en la mayoría de las ocasiones, no alcanzo a darme cuenta de qué las hace volar hacia la luz o sumirse en la oscuridad.

De último, el malhumor se hace presente en mi durante un rato cada semana, más o menos. Ahí me veo yo, sin motivo aparente, con el rabo cruzao (cruzado) o los morros pa´lla lante (para allá adelante).

Molesta con el mundo. Con los ruidos, con las luces, con las palabras y con los silencios. Incómoda en mi y conmigo.

El pecho se vuelve un torbellino. Como el centrifugado de la lavadora. ¡Y grrrrrrrrrrrrrr, quiero gritar para echar esa agua sucia de mi cuerpo!

Luego, más tarde o al día siguiente, una sensación de tristeza, vacío, desorientación……

No es algo estable. Menos mal.

Horas después, serena y gratificada. Viendo colores a mi alrededor. Encontrando respuestas. En mi sitio. Con mis brazos arropados por otros brazos.

Incluso, ¡qué locura!, agradecida con la EM.

Evidentemente estoy transitando un camino pedregoso. Que desconozco, que no controlo, que me asusta. Lo bueno es que también siento que soy valiente. A fuerza de comprobarlo, me lo voy creyendo.

¡Valiente María. María valiente! Me escribieron estas palabras, así tal cual, hace poco. Y sí, creo que es cierto.

Aunque traiga de la mano huracanes, vendavales, tsunamis, agujeros negros, volcanes en erupción.

Me gusta una frase que he leído y dice:

“No es darle sin miedo, es darle con todo y miedo”

Tal vez, lo que te hace grande ..
 no entienda de cómo y por qué.
 Tal vez, lo insignificante ..
 se ha visto en un barco de nuez.
 
 Tal vez, lo que te hace grande ..
 no sea difícil de ver.
 Tal vez, cada guiño esconda ..
 la llave que intentas tener.
 
 Ya ves, se nos queda grande ..
 y hay riesgo de alarma otra vez.
 Tal vez, cuando todo amaine ..
 la suerte nos vuelva a vencer.
 
 Y en el vaivén de planes sin marcar ..
 cae sobre ti la bomba universal;
 no hay colisión, ni ley, ni gravedad
 que te pueda hacer caer .. aunque tiren a dar.
 
 Tal vez, las paredes ladren ..
 y el techo empiece a correr,
 dirán que cayó el gigante
 y un charco se ha abierto a tus pies.
 
 Tal vez, lo que te hace grande ..
 no entienda de cómo y por qué.
 Tal vez, lo que me hace grande ..
 es tenerte delante otra vez.
 
 Y en el vaivén de planes sin marcar ..
 cae sobre ti la bomba universal;
 pero no hay colisión, ni ley, ni gravedad
 que te pueda hacer caer .. aunque tiren a dar.
 
 Suena un tambor, retumba en el umbral ..
 viene hacia aquí, me atrae como un imán.
 
 No sé lo que te hace grande,
 no entiendo de cómo y por qué.
 
 Suena un tambor, retumba en el umbral ..
 viene hacia aquí, me atrae como un imán.
 Pero no hay ecuación ni formula genial
 que te ayude a comprender .. lo que asoma detrás. Lo que te hace grande. Vetusta Morla. 

Verde que te quiero verde

Soy de extremos, lo sé. Pero estoy aprendiendo a flexibilizarme. Es necesario. Mi propia rigidez me hace infeliz. Me bloquea.

Ayer retomé, con suave rigor o estricta dulzura, mi plan de alimentación. También me hace bien ordenar lo que como y cómo lo como.

No sé si lograré pronto ser amorosa y respetuosa conmigo. Pero esa es la intención. Encontrar el equilibrio. Y ocurrirá…

Desde hacía tiempo, me había dado el permiso para comer a mi antojo. Tantas restricciones en los hábitos de vida, limitaciones y prohibiciones, que me sentía ahogada. No puedo trabajar, no puedo bailar, no puedo fumar, no puedo correr, no puedo saltar, no puedo beber, no puedo ser, no puedo estar,….. y encima, yo solita me había colocado en el no voy a comer esto o lo otro.

NO PODÍA MÁS, eso sí que no podía.

Estaba asfixiándome en mi propio corsé.

Por tanto, me empecé a relajar. Un día un poco de gluten, otro día postre, al siguiente chocolate, luego pico de aquí, ahora estamos en Navidades, como estoy malita me entra mejor esta comida….. y me descubro de nuevo sin ningún tipo de orden en mi comida – siendo siempre una dieta saludable, eso sí- .

Me voy a los extremos.

Soy consciente de ello. Lo que también sé, es que esta polaridad y esta exigencia, en ningún caso, me hacen bien.

¡Yo no me hago bien! A veces no me hago bien.

Y entonces, cuando caigo en este tremendo error, me sumerjo en una danza de movimientos acompasados. Quiero aprender a moverme con soltura, con buen trato hacia mí.

A ratos me sale, a ratos se me olvida.

¡Se me olvidaaaaa!

Es un patrón muy arraigado, automático. Pero no es mío. Sólo lo cargo por lealtad.

¿En qué momento firmé ese contrato?

Bueno, la cosa es que ayer retomé una forma más sana aún, más cuidada todavía, más específica si cabe, más ordenada, meticulosa, más bla bla bla bla, de alimentarme.

Y con esa firme decisión de ayer, hoy me he sentido contrariada. Molesta. Medio malhumorada.

Mi caldo depurativo antes de las comidas, mis verduras y frutas, batidos detox, frutos secos,….. ¿y mi chocolate?. He echado de menos el chocolate.

Sí, creo que he creado una especie de chocolateadicción. Se ha convertido en un compañero en momentos de aburrimiento, en mis ganas de fumar, en tristezas, en ver una peli con varios cuadrados que se derriten en mis dedos….. mmmmmm. Definitivamente sí. Lo echo de menos. Por eso, entre otras cosas, hoy me levanté con el humor medio tocado.

Además de fondo una vocecilla que trata de boicotear mi firme propósito.

-Total, deberías permitírtelo. Bastante limitaciones tienes. Qué más da si has cogido unos kilos. Tampoco hay tanta claridad en cuanto a dejar el gluten y sentir mejoría en la EM. ….

¡Maldita voz que lo único que consigue es dañarme más! El malestar aumentaba.

Afortunada yo, que cuento con voces externas a mí, que me calman, me serenan, me colocan y descolocan.

Voces que me ayudan a seguir. Gratificante la verdad.

Verde que te quiero verde.

Ahora me toca a mí aprender a acompañarme. Fluida, comprensiva, adaptable.

Ser amorosamente inflexible conmigo.

Estando de mi lado, todo sale mejor.

Verde que te quiero verde, me voy a cenar.

Botas de agua

Llevábamos unos días, aquí en la ciudad, con una lluvia más fuerte de lo habitual. El paraguas no me protegía suficientemente las piernas, pues las gotas por momentos, eran laterales.

Recordé mis botas de agua.

Cuando me las puse, una sensación de nostalgia, de pérdida, de un adiós no dicho, me invadió.

Claro, la última vez que las había usado, era en el colegio. En invierno, día sí, día también, se hacían charcos en el picón y las botas de agua eran una prenda esencial para adultos y niños. Todos teníamos nuestro par.

Los primeros años mis botas eran de color rojo potente. Me encanta el rojo. Uñas rojas, labios rojos.

Más tarde las cambié por otras azules, todas llenas de estrellas blancas.

Ésas, mis botas estrelladas, son las que usé hace unos días.

Día en el que me di cuenta que no había cerrado mi etapa en el cole JRJ. No me había despedido. Aún hoy, sueño con que vuelvo a mi rutina laboral. A mi rutina vital. Aquella con la que me identifiqué tanto y tanto.

Mientras llovía por la calle, en mis ojos también llovía.

¿Quién será María ahora? Si ya no soy María la orientadora, ¿entonces, quién seré?

Tuve la necesidad, imperiosa necesidad, de escribir. De decirles y de decirme GRACIAS.

Gracias por lo que aprendí. Por lo que compartí. Por los que disfruté. Por lo que lloré. Por lo que crecí.

Cada rincón cuenta secretos míos. Muy míos. Nuestros. Muy nuestros.

Cada rincón me tiene, me tuvo y me tendrá: la sala de café, los patios, mi despacho, las diferentes aulas, la biblioteca, la secretaría, el comedor, la cancha de arriba, el aparcamiento, el hidro, los cuartos de mantenimiento y limpieza, las taquillas de la ESO, el gimnasio, la sala de reunión de profesores, el despacho de dirección, la rampa, mi banquito frente al centro….

No hay un sólo lugar del que no tenga recuerdos.

Recuerdos en soledad, recuerdos con él, con ella, con ellos, con todas, con algunos, con mis queridas, amigas, compañeros, pequeñas, adolescentes, medianos, alumnado NEAE. En petit comité, en gran grupo, con toda la comunidad educativa.

A todos, a todas. Gracias. Gracias y hasta siempre.

Le debía un adiós a las personas, a la energía, a los espacios y a mí.

Mis botas estrelladas. Ésas que hoy son casiopea o mi galaxia particular. Las que pisan adoquines húmedos en la ciudad. Las que hicieron que lloviera de mis ojos y de mi alma. Ésas, mis botas, ya no huelen a despedida.