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58 escalones

58 escalones es lo que a veces, me separa del mundo. Otras veces, 58 escalones, es lo lejos que el mundo está de mí.

No es lo mismo, ni si quiera parecido.

Cuando los escalones me separan de todo lo demás, tengo la posibilidad, si quiero, de bajarlos.

Con mis piernas más sólidas y ágiles, con más lentitud, con muletas o casi de carrerilla. Con zapatos más cómodos o a la aventura con tacones. Agarrándome fuerte a la barandilla, pisando con precaución, o bien, con las manos en los bolsillos. Da igual cómo lo haga o cuánto tarde en conseguirlo. Pero siento que puedo hacerlo.

Sin embargo, si siento que el mundo está separado de mí y no vislumbro los escalones con claridad, es cuando me refugio en mi universo particular y me autoengaño con vuelos inexistentes. Entonces, pierdo la fuerza para decidir bajar los peldaños.

Y 58 escalones se convierten en un abismo…..

Un abismo entre mi mundo y el otro mundo.

¡Qué curioso, si es la misma distancia! La que no lo percibe igual soy yo.

A veces, 58 escalones me parece un espacio infinito. Adquiere una magnitud irreal, lo sé. Pero yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

Y ese, también es un perfil de mi cara. El que está a la sombra. El escondido. El que duele.

58 escalones, ni uno más ni uno menos.

Pero yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

He soñado con bajarlos y llegar a un lugar mágico. Pero también, he deseado subirlos para escapar de un paisaje yermo y desolado.

Depende del perfil de mi cara.

58 escalones es lo que a veces, me separa del mundo. Otras veces, 58 escalones, es lo lejos que el mundo está de mí.

Pero siempre hay por medio, 58 escalones. Aún no he encontrado mi llave. La que abre la puerta que está a ras del suelo. Junto al resto del mundo. Sin escalones que me separen.

Y yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

 

imagen de Charlie Davoli
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Otoño de cambios

Mis hojas caen como en los árboles de otoño…

Se mudan, cambian, ya no sirven.

Y con susto, las despido.

Han estado conmigo otras estaciones, a mi lado, pegaditas a mi. Y ahora marchitas y secas, se caen al suelo.

Tengo un nudo en la garganta. Llevo días con dolor. Creo que es por el adiós. Por el que no dije, por el que no sé decir. Se atora y no sale. Y allí, entre el cuello y el pecho, se quedan encajadas las palabras que no me atrevo a pronunciar.

Se producen cambios.

A veces me siento segura y en el camino correcto. Otras, chiquitita ante la inmensidad.

Y ni el adiós a unos, ni la felicidad por otros, salen de mi boca con contundencia.

Son pequeñas ráfagas de viento que arrastran las hojas.

Pero yo no me lo creo del todo y no lo digo.

Me siento mejor, eso sí.

Estoy mejor.

Mis piernas han bailado un poquito, en alguna ocasión, de último. Y mis labios, sonreído. Es así ¡Ha pasado!

Pero yo no me lo creo del todo y no lo digo.

Como las hojas al caer, que se quedan un tiempo dando vueltas y más vueltas cerca del árbol. Así me siento yo todavía.

Rodeada de lo viejo. Lo conocido. Lo que hice mío.

Mis hábitos, rutinas y terapias, empiezan a cambiar ¡Ya tocaba, menos mal!

Y con los dedos rozo instantes de felicidad. Palpo sus bordes, su textura y los miro absorta. Están ahí. Otra vez están cerca mía.

Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Cambia lo superficial
 Cambia también lo profundo
 Cambia el modo de pensar
 Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
 Cambia el pastor su rebaño
 Y así como todo cambia,
 Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
 De mano en mano su brillo
 Cambia el nido el pajarillo
 Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
 Aunque esto le cause daño
 Y así como todo cambia,
 Que yo cambie no es extraño

Cambia todo cambia...
 Cambia el sol en su carrera
 Cuando la noche subsiste
 Cambia la planta y se viste
 De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
 Cambia el cabello el anciano
 Y así como todo cambia
 Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
 Por mas lejos que me encuentre
 Ni el recuerdo ni el dolor
 De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
 Tendrá que cambiar mañana
 Así como cambio yo
 En esta tierra lejana.

Cambia todo cambia...
Pero no cambia mi amor”. Todo cambia. Mercedes Sosa 

 

imagen de Heo  Jiseon

Hora del despegue

Ya me voy despidiendo. Va tocando elevar anclas y partir.

Ayer pasé la revisión de la médica rehabilitadora.

– Estás mucho mejor, pero evidentemente no para hacer una vida normalizada. ¿Cómo te ves para dejar ya la rehabilitación?

No sabía qué decir ante esta pregunta. Pero ya me la había hecho varias veces en mi cabeza. Le planteé mis dudas.

– A veces creo que tengo miedo a dejar de venir y volver a la torpeza y debilidad -extrema- al caminar. Pero también creo que me he habituado a la rehabilitación (llevo más de 1 año allí) y estoy retrasando el momento de despegar sola.

– Yo también lo creo. Es buen momento para empezar a probar de manera muy suave, algunos ejercicios por ti misma, en un gimnasio o en casa. No más de 20 minutos al principio. ¿Cómo lo ves?

– Lo que tú creas mejor. Yo me dejo guiar.

– Pues eso haremos y como el médico rehabilitador del hospital, tendrá que volver a valorarte, si necesitas más rehabilitación, siempre puedes volver.

Así fue. Así es.

Creo que me he establecido en mi nueva zona de confort: médicos, revisiones, pastillas, rehabilitación, analíticas….y me asusta enfrentarme, sin tanta parafernalia, a la vida real. La que ocurre más allá de la espiral de batas blancas y olor a hospital.

La he hecho tan mía, que me cuesta decirle adiós.

Voy a coger la cometa. Voy a echarla a volar. Y si no alza el vuelo, si el viento no está de mi lado, como cuenta McEnroe en su canción Vendaval, sacaré mis alas. Y en mi más profunda intimidad, volaré con ellas por el salón de mi casa, asegurando no caerme a la primera. Y luego, extenderé los brazos para coger impulso y volar hacia el resto del universo.

Ya me voy despidiendo. Va tocando elevar anclas y partir.

 

imagen de Mihai Criste

Revival

Soy de recordar los pequeños detalles. Repaso en mi mente con precisión aquéllo que fue. Cómo era, su color, qué había, quiénes, etc.

Esta semana, recordaba, como me pasa con cierta frecuencia, mi relación con el humo. Ese mal hábito que durante tantos años me acompañó. Pero que a su vez -y para ser honesta- a veces echo de menos.

Mis manos cogiendo el cigarro, las uñas rojas cerca de los labios, rojos también.

Durante unos instantes me recreé con la fantasía de una maravillosa unión con el tabaco. Segundos de confusión. Los tengo, es así.

En el vagar de los recuerdos, me di cuenta que había borrado por completo de mi memoria, qué ceniceros habitaban en mi casa. Recordaba los de las casas ajenas, pero los míos – que regalé nada más salir del hospital-, los había desterrado de mi memoria.

¿Cómo eran?, formas, colores, tamaños….. ¡No lo recordaba!

Tras repasar minuciosamente mis ratos acompañada de los marlboro lights, me dí cuenta que ese dato no iba a aparecer en mi mente, al menos no por sí solo.

¡¿Qué le pasa a mi cabecita?! No sé si me enfada, me frustra, me entristece, o nada de eso, o todo a la vez.

Tiré de fotos. Entonces me encontré rebuscando en imágenes que me agitaron de nuevo. La que era, la que fui, la que ya no soy.

Y allí estaban. A lo lejos, uno. Más enfocado otro. En la mesa de la cocina. Escondido tras algún vaso de cerveza otro más. Allí estaban, en mis auto fotos, en las que había celebraciones compartidas, en las que estaba de reformas en casa…. Así, repasando mi vida en imágenes, volvieron a mi memoria los colores, formas y tamaños de los ceniceros de mi hogar. Los que ya no están, los ya no son bienvenidos.

Hoy, 4 de noviembre de 2017, hace un año y medio que entré en el hospital y también un año y medio de dejé de fumar.

Sí, sueño y mucho con mi relación con el tabaco. Pero ese será otro capítulo.

Hoy celebro mi valentía y fortaleza por haber roto, para siempre, con él.

imagen de Petite Bohème

Mi B.S.O.

No recuerdo cómo ni cuándo fue, pero en algún momento de mi existencia, la música y yo nos fusionamos.

Desde pequeña recuerdo tener marcado mi criterio musical, elegir qué me apetecía escuchar. No sólo música infantil, sino aquellas otras que me eran familiares de oírlas a mis mayores y me hacían sentir.

Ahí radica mi pasión por la música. Me hace sentir.

Me mueve y remueve emociones de una forma muy potente.

Mi vida está estructurada por etapas bien definidas y, cada una de ellas, tiene su propia banda sonora.

Escuchar algunos temas, supone para mí, trasladar mi corazón y cada poro de mi piel, a momentos ya pasados. Soy capaz de transportarme con las melodías. Es así de real, así de sencillo.

Yo soy con la música. Sin ella no soy.

Al igual que los aromas. Esencias y melodías. Ambos me hacen vibrar.

Soy sensible. Muy sensible.

Lo que me llega por los sentidos se expande dentro de mí y genera una explosión de sensaciones y sentimientos. A veces me encanta esta realidad. Otras me duele.

Hoy quiero cantar y decirte:

“Con la mano en el corazón
¡Vamos, juntos!
Descubramos mi libertad
Olvidemos entonces

Todos tus prejuicios
Bienvenido a mi realidad
Quiero amor, diversión, buen humor
No es tu dinero lo que me hará feliz”

https://www.youtube.com/watch?v=RJPBhWtqnGg

Je veux. Zaz
Donnez moi une suite au Ritz, je n'en veux pas
Des bijoux de chez Chanel, je n'en veux pas
Donnez moi une limousine, j'en ferais quoi?
Papa lapa papa
Offrez moi du personnel, j'en ferais quoi?
Un manoir a Neuchâtel, c'est pas pour moi
Offrez moi la tour Eiffel, j'en ferais quoi?
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
 J'en ai marre d'vos bonnes manières
 C'est trop pour moi
 Moi je mange avec les mains
Et j'suis comme ça
J'parle fort et je suis franche
Excusez moi
Fini l'hypocrisie moi,
J'me casse de là
J'en ai marre des langues de bois
Regardez moi
Toute manière j'vous en veux pas
Et j'suis comme ça
J'suis comme ça
papalapapapala
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
Papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
Bienvenue dans ma réalité
imagen de Julian Landini

Bittersweet

Ni dulce. Ni amargo. Ni picante. Ni ácido.

Todo entremezclado.

Resaca de emociones.

Bittersweet.

Enraizar mis pies con la tierra y volver a sentir que estoy viva.

Mirar a mi alrededor y recordar que yo ya no bailo.

Sensaciones agridulces.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Es una alarma que se repite y me indica que aquello fue lo que fue. Y que ya no es. Y que no será más.

Y nuevos aires me susurran al oído, muy despacio, que quizás sea mejor. Pero hay un pero. Yo no me lo creo.

Y el sí siempre gana. A ratos. Sólo a ratos.

Anoche volé sentada. Bailé sentada. Me emborraché de la emoción. Del sentir.

Pero miraba a mi derecha y ella sí bailaba con sus piernas. Ella saltaba alto. Ella tenía una copa y un cigarro en la mano.

Y yo la miraba. Y estaba plena de encontrarme allí. Sin saltar, sin bailar, sin beber. Pero allí.

Y el sí siempre gana.

En algún momento, me llamó la nostalgia. No la atendí. No quise.

Bittersweet.

Emociones encontradas y sobredosis de estímulos.

Ahí estaba yo escuchándolo. Canción tras canción. La que fuera mi BSO a la salida del hospital. Poeta Halley.

No estaba sola. Nunca lo estuve en realidad. Pero a veces me siento profundamente sola, detrás de un cristal, viendo el mundo pasar y yo detenida.

Y el sí siempre gana.

Y yo hoy no estoy triste. Ayer cayeron lágrimas. Sensaciones agridulces.

Resaca. Gran resaca. Las luces, los sonidos y toda mi alma expuesta, me han recordado el malestar físico tras una buena noche. -Y sin una gota de alcohol-.

Bittersweet.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Con calma, María. Porque el sí siempre gana.

Noche de Reyes

Siempre fue así. Ante cualquier evento especial, la emoción me superaba.

Recuerdo los días previos a alguna excursión en el colegio, a una celebración de cumpleaños, algún viaje, la noche de Reyes…Me costaba dormir, sentía cosquillas en la barriga y en mi cabeza repasaba minuciosamente cada detalle para cerciorarme de que todo estaba listo.

Sí, siempre fue así.

Poco a poco, desparecieron las excursiones y en su lugar se fueron colocando otras situaciones que me siguen agitando como una batidora emocional.

Soy adulta con ilusiones infantiles ¡Me encanta!

Me han definido como una mujer intensa. Lo creo yo también.

Cuando me doy cuenta de que nuevamente puedo fantasear, que la emoción hace que me cueste dormir, que mi barriga esté en un puñito, es cuando recuerdo que soy pura pasión.

Y todo vuelve a cobrar sentido.

Perfectamente imperfecta.

Llevo varias noches soñando despierta. Emocionada. Como la niña que se va a la cama esperando que esa noche aparezcan los Reyes Magos y dejen los paquetes en el salón.

Mi paquete, mi regalo, mis mariposas.

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Mis ganas, mi ilusión, mi nervio sano instalado en la barriga, me ha transportado a vivencias y sensaciones casi olvidadas.

¡Entusiasmada, agitada, excitada, alterada!

Estas noches previas al festival, se me han removido emociones. La cama se me hacía pequeña y las sábanas se enredaban en mis piernas de dar vueltas.

Necesario contacto con la vida.

Hoy volveré a ver y sentir estrellitas. Mañana será mi nueva excursión.

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Toneladas

Una vez pasada la debilidad propia de la gripe, pensé que iría retornado mi energía.

Sin embargo, no ha ido así.

Estuve unos 10 días mala y el resto, hasta ahora, en proceso de recuperación. Pero aún continúa una sensación de debilidad y agotamiento extremo al hacer lo más mínimo. Y con lo más mínimo pongo el ejemplo de doblar una sábana y quedarme empadada en sudor y exhausta.

Meses atrás también se hizo presente esta fatiga (capítulo 62), pero poco a poco empezó a disminuir y pude llegar a hacer algunas actividades más.

Ahora ha vuelto la pesadez de cuerpo, la dificultad para moverme, el sopor constante aunque no duerma, la sensación de pesar toneladas. Y bueno, reconozco que con el cambio de rutinas y sobre todo de actividad física, he cogido unos kilitos, pero no me he convertido en un peso pesado para esta sensación de tonelada- woman.

Luego se genera la apatía, la culpa por no estar haciendo cosas, la sensación de estar perdiendo el tiempo, sentir que los días pasan y no hago nada de provecho….

Es un juego mental complicado de gestionar.

La cabeza está lúcida y querría emplear el tiempo de otra manera. Hacer cosas, entretenerme, disfrutar de la playa, el campo, los paseos, de las personas, realizar actividades… Pero el cuerpo, no tiene energía. Se convierte en una masa que me ata a la cama y al sofá.

Entonces el coco, como siempre, se pone a divagar y en la mayoría de las ocasiones, con duras palabras y recriminaciones de todo tipo.

¡Qué impotencia! No puedo parar mi cabeza, con esos pensamientos charlatanes que generan malestar. Pero tampoco puedo hacer ninguna actividad para distraerme porque para lo único que tengo fuerza es para parpadear.

Me convierto en una especie de marioneta presa de mis pensamientos y víctima de mi cuerpo decaído.

¡Profundo hastío!

También es cierto que tengo una gran capacidad para reponerme ante las situaciones. Y como no, en este caso lo haré, antes o después, una vez más. Volveré a escribir bravo a la caminante María (capítulo 144) y momentos como es un clásico (capítulo 44).

La cosa es que en medio de ellas, estoy yo, con mi personalidad de telenovela. La “drama-queen” María. Intensa y profunda. Que lucha pero que está cansada. Que se ríe, pero tiene ganas de gritar….

Y es que la intensidad cuando es para bien, rico, pero cuando es rumiando y entristecida, es potente y desgarradora.

Hasta ser intensa me da flojera en estos momentos….

En fin, esperemos que retorne el peso pluma (y por qué no, perder esos kilos que se me han sumado) y volar un poquillo con más energía y vigorosidad.

Hasta ese momento,

¡Aggg, toneladas!

 

imagen de Tommy  Ingberg

 

Acuérdate de mí

Acuérdate de mí, cuando pises algún charco, cuando escuches a algún pájaro cantar. 
Acuérdate de mí, cuando veas algún rayo agrietando todo el cielo como un cristal.
 No dejes de buscar, incluso en la hora más oscura puede aparecer de pronto la electricidad.
 Yo estaré por aquí escondido en algún recuerdo o en el leve movimiento de sentir.
 Y cabe la posibilidad de que te vuelva a encontrar en algún incendio.
 Y cabe la posibilidad de que te vuelva a encontrar en algún incendio.
 Me acordaré de ti parado en algún semáforo o afinando justo antes de salir.
 Estás por aquí escondida en alguna frase o en el leve movimiento de vivir.
 Y cabe la posibilidad de que te pueda olvidar en algún momento.
 Y cabe la posibilidad de que te pueda olvidar en algún momento. McEnroe. La electricidad.

Sí, acuérdate.

Acuérdate de la que fuiste. La que sigue viviendo en algún rincón. La que está pero no ves. La que eres.

Acuérdate de la que canta, la que sonríe. Acuérdate de la que quiere. La que juega. La alegre María. No me dejes morir. Acuérdate de mí.

A veces respiro y me huele a ti, a mí. Me huele a la que era. La que añoro. Y en esos a veces, me huele a risa. Me huele a mar. Me huele a tierra mojada. Me huele a magia.

Y no sé qué pasa con ese olor que me dan ganas de volar.

Quiero encontrarme nuevamente conmigo. Con mi espontaneidad. Quiero escuchar mis carcajadas. Necesito esa ilusión. Y guiñarte un ojo y flirtear.

No sé manejarme con la tristeza como compañera.

Quiero fugarme de esta realidad.

Estás y no estás. Cada día en mi memoria. Lejana en el espejo.

Incluso en la hora más oscura, puede aparecer de pronto la electricidad”. Y me repito una y otra vez esa frase, aferrada, deseando que vuelva la luz.

Mi luz, que tenue ya, se bate a duelo con la oscuridad.

¡Búscame!

En algún rincón sigo esperando y tengo ganas de volar. 

Una silla, un abismo

Una silla, un abismo.

Triste realidad.

Vuelvo a sentir que estoy viviendo al margen de la vida.

Una silla, un abismo.

El mundo pone trabas a las personas que de por sí, ya las tenemos.

Esta semana, he vuelto a llorar. He llorado por una silla. Me daba igual si era de plástico, de madera, grande o pequeña. No me importaba ni el color ni la ubicación. Simplemente pedía una silla.

Desde hace mucho tiempo, sabía que venían a Las Palmas Love of lesbian e Iván Ferreiro. De mis bandas favoritas. No he visto a ninguno en directo. ¡Mi ilusión era bestial!

Además, parece que esta última etapa- desde antes del ingreso en el hospital- no encuentro muchos motivos para ilusionarme.

El año pasado se hizo este mismo festival, sin acotar el espacio, y yo me compré mi silla plegable y portátil, para poder asistir. Este año, al haber cambiado la ubicación y condiciones, quise contactar con ellos para evitar sorpresas una vez allí. Al cobrar entrada, reducir el espacio, etc., no creía que me dejaran pasar con mi silla, que entre otras cosas en medio del mogollón de personas puede ser agobiante, porque es pequeña e inestable.

Esto fue lo que escribí a la organización del evento:

Hola buenas tardes. Mi nombre es María y con mucha probabilidad asista al festival. Tengo una duda: ¿Habría posibilidad de solicitar una silla? Tengo mucha dificultad para permanecer de pie y, depende del momento, para caminar también ( tengo esclerosis múltiple). Puedo llevar mis muletas, pero debo saber si podré sentarme en algún lugar dentro del recinto. Muchísimas gracias por la atención y espero noticias para saber si puedo asistir. Nuevamente gracias.
Pasados 2 días y en vista de que no respondían, insistí:
Buenas tardes nuevamente. Les agradecería una contestación para saber si puedo sacar la entrada. Un saludo.
Respuesta:
Hola, María. Como bien imaginas el espacio está diseñado sin mobiliario, pero existe una zona para personas con movilidad reducida en silla de ruedas. De todas maneras, habrá otra zona, la destinada a comida, donde habrá mesas y sillas. Naturalmente, su ocupación dependerá de la cantidad de gente que haya en el recinto. Un cordial saludo.

De pronto me sentí en terreno de nadie.

Una silla, un abismo.

No soy completamente normal, porque tengo limitaciones y, aunque sean invisibles, están, me afectan, me condicionan y por qué no decirlo: ME HACEN INFELIZ.

Pero tampoco estoy, afortunadamente, en silla de ruedas.

Entonces, la respuesta de ellos era: o te jodes y te lanzas a la aventura a ver si encuentras silla “depende de la cantidad de gente que haya en el recinto” o no vengas.

En un segundo, la ilusión generada pensando en ver a estas 2 bandas, se me hizo añicos.

Evidentemente, el dolor que sentí tiene que ver con mi no aceptación de todo lo que estoy viviendo. De mi rabia por no poder hacer las cosas de antes, ni de la manera que antes las hacía.

De mi malestar físico constante. De sentirme incomprendida.

Mi dolor era la suma de dolores de 16 meses de desgarro.

Hace poco, muy poco, aprendí a no silenciar mi voz. Aprendí a decir lo que, durante mucho tiempo, he callado. Y no voy a guardar más mis palabras. Gritarlas me salvan de una intoxicación por envenenamiento.

Me parece que la respuesta de la organización deja mucho que desear como sociedad. No pedía una infraestructura especial para mí. No pedía un transporte adaptado. No pedía que reservaran una zona específica. No pedía nada más que una jodida silla, que encima tenían. Sólo había que poner un poco más de interés.

Por suerte, la ley ya se encarga de la obligatoriedad de disponer de espacios delimitados, baños accesibles, etc. para personas con sillas de ruedas. Y eso debe ser cumplido. ¡ Gracias sociedad por ser tan humanos!

Pero para las personas que tenemos movilidad reducida, pero no se nos nota, para nosotros aún no hay nada establecido. Más que las buenas formas de algunos y el interés de otros.

¡Terrible!

Me duele, me duele muchísimo, me hiere, me repatea, me enfada, me genera impotencia….

– Haz una vida normal María, sal más, intenta divertirte, busca nuevas cosas en qué entretenerte…..

Si el mundo ayudara un poco más, igual sería menos duro.

Hizo falta un simple mensaje para sentirme de nuevo en el abismo.

Me pregunto si alguna vez, llegaré a adaptarme a este tipo de situaciones.

Quizás hayan personas que no entiendan mi dolor. Lógico, no tienen ni idea de lo mal que lo paso. Quizás hayan personas que les parezca una respuesta normal la de la organización. Lógico, no saben lo frustrante que es vivir limitada. Es que quizás hayan personas que no sepan que cada día me siento mal y triste por mi situación.

Tras la impotencia de ayer, puse en el facebook lo ocurrido, cosa que no suelo hacer. Diferentes amigos – muchísimas gracias- contactaron conmigo para asegurarme una silla en el festival (a través de contactos). La pena es que si no llego a expresar mi dolor, pocos se habrían enterado de lo sucedido. Y otra pena es que no todas las personas tienen contactos para poder garantizar la silla.

La silla para mí ha reflejado el desinterés, la falta de empatía y lo ensimismados que estamos cada uno con nuestros ombligos.

El mundo así me resulta demoledor.

Una silla, un abismo.

 

 

imagen de Giulia Rosa