afecto

A medio camino

Aparcada, como un coche que se queda sin gasolina, o que se le estropea el motor, que es más complejo de resolver. Así me siento.

Parada, a medio camino entre el cansancio y mis metas.

Parada, cogiendo impulso para seguir.

Parada, pero nunca quieta.

Tras la gripe que dio comienzo la semana del 22 de abril, y de la que creí recuperarme rápido, pero que a finales de esa misma semana, la fiebre ya se instaló en mí. Tras esa caída, no he logrado remontar.

Me siento muy débil, agotada constantemente, sin energía, con dolor de cuerpo, cansancio.

Se une además, una especial irascibilidad que me acompañó durante unos días. Todo me molestaba. Existir y no existir.

Y el ojo, ay el ojo, ay el ojo….

Mi ojo izquierdo también se queja. Desde finales de abril está diferente. Como abombado, con una vibración constante, como si fuera medio mío, medio de nadie. Mi ojo está raro. Eso sin duda.

Y yo, estoy rara con él.

Me canso de tender algo de ropa, o al ducharme. Me quedo extenuada. Mantener los brazos para doblar una pieza, secarme el pelo, o estirar las sábanas. Todo me cuesta un mundo. El yoga, por supuesto lo he tenido que parar y el resto de actividades también.

Aparcada, como un coche que se queda sin gasolina, o que se le estropea el motor, que es más complejo de resolver. Así me siento.

Hoy además, me doy cuenta que el lado izquierdo, sobre todo la pierna, está torpe y sin fuerza. No me sostengo con ella. La rodilla me da latidos, y a cada latido lo acompaña un dolor sibilino.

… Sin querer pensar, pero pensando… ¿será un brote?

Si hago un recorrido por mis años de esclerosis sin nombre, por todas aquellas visitas a médicos buscando qué me ocurría, con malestares y dolencias invisibles, cuando más fuerte me daba, y más me limitaba la vida – ahora sé que eran brotes-, fue por abril/mayo, en la mayoría de las ocasiones.

Y entonces repaso mi último mes:

Irascibilidad.

Agotamiento extremo.

Dolor corporal constante.

Ojo izquierdo “tocado”.

Debilidad en pierna.

… Sin querer pensar, pero pensando… ¿será un brote?

Mañana tengo cita con el neurólogo. No he querido darle muchas vueltas a la cabeza. Pero sí que necesito saber qué me pasa.

Mi mente es una fisgona, que sólo se calma con la información. O sabiendo qué hacer y cómo gestionar esto. Sin caer en la rabia, la frustración, ni en la tristeza o el drama. Porque sí, es así. Tengo una tendencia muy grande a ser drama-queen. A montarme una telenovela en mi mente. Eso sí, con mucho salero y sobreactuación. Si se hace, se hace bien.

Parada, a medio camino entre el cansancio y mis metas.

Parada, cogiendo impulso para seguir.

Parada pero nunca quieta.

 

imagen de Shaza Wajjokh
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Dröm

Dröm en sueco es soñar/sueño.

Ella- mi pequeña- me entenderá.

Recuerdo lo bonito que es relajarse, disfrutar, soltar el control.

Y regreso a mi niña María, tan chica y tan grande siempre. Tan pendiente de todo, tan responsable, tan preocupada. Enjaulada sin saber por qué.

El control. Es la misma sombra que me sigue, en la luz y en la oscuridad.

Mi niña María, tan pendiente de todo, tan responsable, tan preocupada. Enjaulada sin saber por qué.

Dröm!!!! Sueña…..

Suelto equipaje, me libero de cargas y vuelo. En aquel avión de papel que hice en la escuela.

Olvidarse de la hora, del deber, de hacerlo perfecto, de la imagen, de lo que se espera, de la norma, de las obligaciones.

Vacaciones de mi control, por favor.

Sol, playa, liberación, expandirme con el todo. Volar con la mente y con el alma.

Para incorporar el patrón, para hacerlo mío, en mi normalidad, tengo que repetirlo.

Mucha playa, mucha arena, mucha tranquilidad.

Vivir instalada en el “deber” como modo de funcionar, es el mayor detonante de la angustia, de la ansiedad, del malestar.

Me niego.

Está en mis mano. Y me cuesta borrar lo automatizado, pero no pretendo que sea fácil. Pretendo hacerlo posible.

Dröm!!!! Sueña…..

Si paso de las obligaciones de antes, con el trabajo, sus horarios, las funciones, cumplir con todo y todos y, tratar de hacerlo perfecto, además de la hipoteca, resto de responsabilidades, etc. Si paso de éstas y las convierto en otras, pero con la misma carga y pretensiones (mi automático), estaré perpetuando mi problema.

Me niego.

Dröm!!!! Sueña…..

Propongo unas vacaciones de mis maneras. Cerrar los ojos, escuchar las olas, sentir el calor de la arena en la piel. Relajarme y soñar.

Simplemente soñar.

Dröm!!!

Ella- mi pequeña- me entenderá.

Pinchos y púas

Tres días de cama y encierro.

Tres días de retorno a la cueva oscura.

Tres días de pinchos y púas.

La mente se dispara y apunta directo al pecho.

Y como un metralleta, se fija y lanza todas sus balas. Balas de fuego, balas que impactan.

Tormenta de metal en un cuerpo débil.

Me asusta que me pueda dar un brote tras la fiebre. Sí, creo que es lo que más miedo me da.

Me asusta que el ojo izquierdo se queje nuevamente. Sí, se me encoge el estómago con esto. El ojo se siente como ajeno, como de corcho, como que está ahí pero que no está.

Y mi mente, descalabrada mente, me amenazó con lanzarme cuchillos, dardos y flechas. Eso fue el primer día. Los siguientes, ya no hubo amenaza.

Pinchos y púas bien clavados.

Incendio en la cabeza.

Tormenta de metal en un cuerpo débil.

Un cuerpo que grita debilidad. Que huele a cansancio. Que siente incomodidad, pero un cuerpo – mi cuerpo-, que bebe a buches grandes para llenarse de energía.

Cada caída me enseña a poner las rodillas de un modo más estratégico.

Quedan moretones, rasguños y cicatrices. Pero me enseña. Cada caída me enseña.

¡Joder, qué marcada me estoy quedando!

Ahora, con calma, delicadeza y consciencia, lo que toca es ir sacando las púas clavadas.

Ni nuevo brote ni ojo afectado….

Venga, vamos a esmerarnos en sacar este pincho. Éste es uno bien enterrado y doloroso.

¡Vamos allá, muchachita!

Y que de ésto, sólo queden los frutos.

¡Tunos, tunos indios o higos picos!

La bella durmiente

El reloj marca el tiempo. Un tiempo. No es el mío.

Ni es mi reloj ni es mi tiempo.

Yo estoy en reposo. En descanso. Parada. Entre el día y la noche….

Me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

La fatiga se instala. El agotamiento me puede.

Pero no me peleo. Ya no pongo resistencia. No estoy frustrada. Bueno, sí. Algo frustrada sí.

Cancelo cualquier actividad y duermo.

Me genera “un poco” de impotencia aún.

El mundo se mueve mientras yo me detengo.

Sola en una casa grande. En silencio y sin ganas de hablar.

Otro día parada, pienso.

Pero ya no me peleo ni pongo resistencia.

Me dejo cuidar por mí, para mí.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Entre sueño y sueño, me enseñas nuevas formas de vivir la fatiga de la EM.

Un día a la semana de descanso. Un día de no marcar nada en el calendario. Un día elegido para mí.

Visto así es más bonito: mi día.

Día para “verme”. Que aunque lo tengo tatuado, se me olvida.

Me dejo cuidar por mí, para mí.

Duerme, María. Deja que tu cuerpo descanse.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Y me mezo, arrullándome. Como buscando la calma.

Nana del Caballo Grande. Camarón de la Isla

Nana niño nana
 del caballo grande
 que no quiso el agua.

El agua era negra
 dentro de la rana,

cuando llega al puente
 se detiene y canta.

Quién dirá a mi niño
 lo que tiene el agua,
 con su larga cola,
 por sus verdes alas.
 Ea, ea.

Duérmete clavel,
 que el caballo
 no quiere beber,
 duérmete rosal,
 que el caballo se pone a llorar.

Imagen #whomadethis

¿A dónde van?

¿A dónde van los sentires no transitados, no colocados?

Emociones escondidas u olvidadas. Memorias del pasado que una cree tener ‘controladas’ …. pero resulta que sólo están congeladas, paradas, petrificadas, rígidas y esclerotizadas

Y un deshielo casual (¡o no, seguramente!), las deja visibles y palpables.

¡¡COÑO!!, ¡qué grandes, cómo imponen!….

Y como si de un iceberg se tratara, el impacto contra el barco es bestial.

¡¡¡¡¡¡¡PUUUUUUM!!!!!!!!

Se queda al descubierto mucha basura, pero el desastre del estampido, no deja ver con claridad lo que hay…..

Mejor esperar a que las aguas se calmen para descifrar tanto mensaje en clave.

Revisando y dejando que amaine….

No es una huida, es que con el barullo de fondo, todo me aturde. Tengo que ordenar y descubrir por qué ha salido basura y dolores viejos.

Sé que tienen que ver con María pequeña. Con María enfadada. Con María triste. Con María insegura. Con María perdida.… Eso sí lo sé.

Hay emociones escondidas u olvidadas. Memorias del pasado que una cree tener ‘controladas’ …. pero resulta que sólo están congeladas, paradas, petrificadas, rígidas y esclerotizadas.

¿Y a dónde van las emociones de esa pequeña María?

¿Dónde viven esos sentimientos?

¿Es mi pecho el baúl de los recuerdos?

¿Son mis poros los que traspiran nostalgias?

¿Mi Casiopea particular está fijada-endurecida por ellos?

¿A dónde van?

¿A dónde van?. Silvio Rodríguez. 

¿Adónde van las palabras que no se quedaron?
 ¿Adónde van las miradas que un día partieron?
 ¿Acaso flotan eternas,
 como prisioneras de un ventarrón,
 o se acurrucan entre las rendijas,
 buscando calor?
 ¿Acaso ruedan sobre los cristales,
 cual gotas de lluvia que quieren pasar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van...?
 ¿Adónde van?
 
 ¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?
 ¿Adónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?
 ¿Por dónde están las angustias,
 que desde tus ojos saltaron por mí?
 ¿Adónde fueron mis palabras sucias
 de sangre de abril?
 ¿Adónde van ahora mismo estos cuerpos
 que no puedo nunca dejar de alumbrar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van...?
 ¿Adónde van?
 
 ¿Adónde va lo común, lo de todos los días:
 el descalzarse en la puerta, la mano amiga?
 ¿Adónde va la sorpresa,
 casi cotidiana del atardecer?
 ¿Adónde va el mantel de la mesa,
 el café de ayer?
 ¿Adónde van los pequeños terribles encantos
 que tiene el hogar?
 ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
 ¿Acaso se van?
 ¿Y adónde van..?
 ¿Adónde van? 
Collage de Shawn Marie Hardy

¡Yo no quiero ser una enferma!

– ¡¡¡¡Yo no quiero ser una enferma!!!, grité mientras lloraba.

Sentada en el sillón de la esquina. En la habitación 219. Mi casa durante aquellas semanas. Largas e infinitas semanas para mí.

Entonces él pronunció mi nombre.

– ¡ MARÍAAA!.

Lo hizo con un tono tajante pero tratando de serenarme. Lo suyo también fue un grito. Un grito que clamaba tranquilidad.

Durante el tiempo que estuve ingresada, en aquellos ratos de soledad en los pasillos del hospital, intentando caminar sin caerme, o en las noches que me costaba dormir, llegué a pensarlo. Llegué a plantearme si lo que tenía podría ser algo “malo”.

Lo de ser algo “malo” era muy abstracto, y encerraba tantas posibilidades dentro de sí, que cuando pensaba en ello, mis ideas eran taxativas y rotundas.

Hoy me atrevo a decirlo.

En mi mente -no sé si llegué a verbalizarlo, creo que no-, me decía:

– Si lo que tengo es “malo”, me quito de en medio.

Fue un pensamiento que durante ese mes, en más de una ocasión, se pasó por mi coco. ¡Qué duro!, ¡qué asustada estaba!.

No quería vivir siendo una enferma. Eso lo tenía claro. No quería estar tomando medicación. No quería ser la pobrecita María. No quería depender de nadie. No quería dejar de trabajar. Tantas cosas que no quería y que temía pudieran suceder. …

Han pasado menos de 2 años, pero casi ya.

Y tantas cosas de las que no quería, han tenidos que ser. Sí, es así, he ido asumiendo, aprendiendo, adaptándome y aceptando.

Sin embargo, tengo la fortuna de cumplir con la primera frase que espeté tras mi diagnóstico.

¡Yo no quiero ser una enferma!

Y no lo soy. ¡No soy una enferma. No estoy enferma!

Tengo una enfermedad, que es diferente. Muy diferente.

Hay personas que viven enfermas y no tienen enfermedades. Ésa es su terrible enfermedad. También las hay que, teniendo una enfermedad, no son enfermas. Ahí se encuentra la sanación. O eso creo yo.

Esa es mi fe, mi credo. Deseo seguir con este talante, con esta energía, con esta vibración.

No soy esclerosis, soy múltiple.

Y eso, decidir ser múltiple, encierra muchas más esperanzas.

 

imagen de Emma Leonard.

Papiroflexia

Hice un avión de papel y escribí tu nombre en él, creyendo que podrías ver con altura lo que no ves. 

Y a aquella cima me subí, desde allí lo lancé. 

Pero el aire no nos quiso nunca ayudar. 

Planeó a ras de suelo hasta que ya dejé de verlo y ya nunca lo volví a encontrar”. McEnroe. Vendaval. 

Hoy me despedí de la terapia visual. Casi un año de sesiones semanales. Ha sido un trabajo de constancia, empeño y voluntad.

Tanto la profesional como yo, consideramos que se han conseguido grandes avances y objetivos. No sólo visualmente, sino en la parte cognitiva, confirmando así la gran plasticidad cerebral que tenemos, aún siendo adultos. Yuju (así con la boca chica lo digo).

Justo de la mano con mi despedida, una jaqueca brutal.

Jaqueca que afecta directamente a mis ojos, o viceversa. ¿Será al revés, son ellos los que mandan señales de dolor a mi cabeza? No lo sé. Aún no lo sé.

Mis ojos están sensibles. Y duelen y lloran.

Hoy duelen, hoy lloran.

Y juegan con mi alma. Remueven lo que veo y lo que no veo.

Esconden mis días de colores y los apagan. Los vuelven grises.

No sólo es mi dolor de cabeza.

No silencies tus sentires de esta última semana, María.

De mis ojos salen aviones, palomitas, estrellas o lágrimas. Vuelan y se van. Tampoco se quedan mucho rato.

El lunes tuve terapia con la psicóloga. En la sesión, el avión colisionaba directa y brutalmente con mi pecho. Con mi sentir pintado de elegante. Con mi cajón ordenado y escondido.

¡PUM!

Destrozo. Pedazos rotos.

El espejo hecho añicos. El puzzle que ya no encaja. Que no sirve. Que ya no es. O que nunca lo fue.

Mis ojos son listos. Mejor no enfocar, todo emborronado. Así, desdibujado, no se nota.

Mis ojos están sensibles. Y duelen y lloran.

Hoy duelen, hoy lloran.

 

Y con los trozos rotos, hago un mosaico. Con los papeles que no dicen nada, hago papiroflexia.

A volar….

 

 

 

 

 

 

Canela en rama

En el año 2001 trabajaba en un hogar de acogida de menores. Por ese entonces, en los intermedios de la TV ponían una canción de un grupo canario, que empezaba diciendo:

– María de la Canela, pelo negro, tez morena. Tiene alas y no vuela (…)

Los niños del hogar comenzaron a llamarme así. A mí me parecía tan bonito….

Poco a poco, alguna de las familias empezaron a creer que ese era mi nombre y cuando venían de visita al centro, me saludaban y decían: – ¿Qué tal María de la Canela, cómo se portó esta semana fulanito?

Siempre me gustó ser María de la Canela. Sí, fui María de la Canela y lo recuerdo con mucha ternura.

Durante otra etapa de mi vida, años más tarde, los chicles de canela se convirtieron en un sabor sagrado. Luego dejaron de comercializarlos, pero hasta hace poco, guardaba el último chicle de un paquete en una caja de madera.

En una de mis limpiezas de cachivaches, lo tiré. El recuerdo permanece. No es necesario guardar cosas – lo digo en voz alta para autoconvencerme-.

En esa época, el aroma a canela también era importante. Muy significativo.

Más tarde, bastante más, empecé a añadirla espolvoreada en la fruta picada. ¡Mmmmmm, me encanta!

Luego la incorporé a algunas comidas.

Ahora lo hago también en las infusiones. A veces en rama, a veces en polvo. Depende.

Y por último, algo muy reciente. Se me viene a la mente la expresión Canela en rama, como forma de decir:

– ¡Olé! Muy bien. Así es. Buen trabajo. Lo estoy consiguiendo.

Como un grito de lucha y esfuerzo, valentía y tesón.

¡¡¡¡Canela en rama!!!!

Así que, de un modo u otro, la canela y yo tenemos un vínculo misterioso y mágico.

Y hoy, cuando me senté a contar mi relación con ella, tecleé las palabras en el buscador para ver si encontraba alguna ilustración que me inspirase, y lo que me sale es el Kanka con un tema que no había oído.

De los brotes, salen las raíces, las ramas y por fin los frutos.

Canela en rama.
Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote.
 Y aunque diga mi oculista
 que tengo muy mal la vista
 hoy me quedé mirándote.
 Y pese a que el insomnio me desvela cada noche
 hoy me quedé; soñándote...
  Yo que hablo hasta debajo del agua
 hoy me sorprendí escuchándote.
 Y aunque de puro cobarde
 siempre he sido pacifista,
 hoy te luché;
 y te gané.
 Yo, que siempre he sido de poner tierra por medio
 hoy te vi, y me quedé.
 Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón;
 canela en rama.
 Hoy cocino en tu cocina, corazón.
 Yo que siempre fui animal nocturno
 hoy me quedo a ver amanecer.
 Y yo que siempre fui rockero
 hoy te canto por boleros
 ay "si tú me dices ven"...
 Yo que siempre he huido de las modas
 hoy visto Pret a Porter.
 Son las cosas de la vida,
 son las cosas del querer.
 Yo venía de visita,
 yo venía de visita y me quedé.
  Aunque soy alérgico a la franela me quedé en tu cama.
 No combinan mis cortinas con tus entretelas
 y aún así hoy cocino en tu cocina, corazón
 canela en rama.
 En tu cocina, corazón, canela en rama
 En tu cocina, corazón.
 Yo que nunca supe llegar a mi hora
 hoy me quedé esperándote... El Kanka.

 

ilustración de Nono Astro Irareza

Si del cielo te caen limones…

Integrar el aprendizaje. Es algo que aún me falta.

36 años de automatismos frente a 22 meses de nuevas maneras.

Estar más presente y escucharme más. Cada día, cada rato, cada minuto.

Ayer me volvió a suceder.

No me miré, ni me pregunté, ni me paré a observar. Y yo creyendo que sí….¡Qué engaño!

Tras una sesión de terapia dura, como de último, me puse como una moto – sin ser consciente-. Hablar, caminar, pensar, evadirme, planificar, organizar, escribir. Todo aquello que me alejara de encontrarme conmigo misma

Luego, poco rato después, me meto en el fisio. Me dejo fluir, me relajo, me sereno.

Salgo de allí, con el firme propósito de integrar ambas experiencias.

De masticar la primera y degustar la segunda.

Analizar lo que duele y colocarlo en su lugar; emociones y contracturas.

Pero poco duró ese propósito. En el camino de regreso a casa, ya estaba esta cabeza loca mía, con otros planes. Y sí, sé que es una huida.

Lo que me doy cuenta, normalmente, a toro pasado.

Me excedí y hoy me encuentro en un día crítico. Que diga, cítrico.

Sí, eso es algo que sí he aprendido. A hacer limonadas con miel, otras más frescas, a veces con hierbabuena, o simplemente exprimir el limón. Pero lo voy consiguiendo.

Mis días cítricos. Los que el cuerpo me grita su desacuerdo. Su malestar. Los que el alma me susurra que no me olvide de ella, que la mire más; con más frecuencia y más atención. Los días en que mi mente me boicotea con su negatividad habitual. Me recrimina mi error, me culpabiliza por no saber.

Ella – mi mente- los llama días críticos.

Yo, los llamo días cítricos. Y los saboreo. Y aprendo de ellos.

Ya no me peleo ni enfado.

Hoy, curso de limonadas on-line.

“mi limón, mi limonero, entero me gusta más……”

 

ilustración de Anne M. Bentley

Me veo

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Me miro, me miro tan ajena, tan despistada, tan ausente de mí, que es como estar orbitando en un universo paralelo.

Yo, que he creído estar tan presente, tan consciente, tan “despierta”.

Anestesiada de mí, con mi propio veneno. Y yo pensando que era el antídoto.

Y poco a poco, en este intervalo de tiempo en el que estoy conmigo, empiezo a saberme. A sentirme, a encontrarme, a verme.

¡Por fin!

No sé dónde estaba. No me recordaba.

Conectada con el mundo y desconectada de mí.

Pero me voy viendo. Y me gusta lo que veo. Me enternece y también me incomoda.

Es raro, hacer visible lo oculto. Lo tapado.

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Ir decapando todas aquellas manos de maquillaje que, lenta y sutilmente, me he ido poniendo.

Tienes más ojeras de las que crees, pero eres bonita. Eres tierna, vulnerable y caprichosa. ¡Sí, lo eres! No pasa nada por serlo. A veces, eres coherente y serena, pero otras, tienes pataletas sinsentido.

Y me veo y me reconozco.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Y no pasa nada. ¡Aquí sucede la magia!

¡¡¡NO PASA NADA!!!

Me veo. Me veo. Me veo…..

Y es entonces, con esta realidad que agarro en mis manos, que abrazo y que no suelto más, que empiezo a verme.

A verte a ti.

Me da tanta fuerza verme, que mi vulnerabilidad se convierte en polvo de estrellas. Ahora es sensibilidad. Presencia para estar, para verte.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Me veo.