Otoño de cambios

Mis hojas caen como en los árboles de otoño…

Se mudan, cambian, ya no sirven.

Y con susto, las despido.

Han estado conmigo otras estaciones, a mi lado, pegaditas a mi. Y ahora marchitas y secas, se caen al suelo.

Tengo un nudo en la garganta. Llevo días con dolor. Creo que es por el adiós. Por el que no dije, por el que no sé decir. Se atora y no sale. Y allí, entre el cuello y el pecho, se quedan encajadas las palabras que no me atrevo a pronunciar.

Se producen cambios.

A veces me siento segura y en el camino correcto. Otras, chiquitita ante la inmensidad.

Y ni el adiós a unos, ni la felicidad por otros, salen de mi boca con contundencia.

Son pequeñas ráfagas de viento que arrastran las hojas.

Pero yo no me lo creo del todo y no lo digo.

Me siento mejor, eso sí.

Estoy mejor.

Mis piernas han bailado un poquito, en alguna ocasión, de último. Y mis labios, sonreído. Es así ¡Ha pasado!

Pero yo no me lo creo del todo y no lo digo.

Como las hojas al caer, que se quedan un tiempo dando vueltas y más vueltas cerca del árbol. Así me siento yo todavía.

Rodeada de lo viejo. Lo conocido. Lo que hice mío.

Mis hábitos, rutinas y terapias, empiezan a cambiar ¡Ya tocaba, menos mal!

Y con los dedos rozo instantes de felicidad. Palpo sus bordes, su textura y los miro absorta. Están ahí. Otra vez están cerca mía.

Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Cambia lo superficial
 Cambia también lo profundo
 Cambia el modo de pensar
 Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
 Cambia el pastor su rebaño
 Y así como todo cambia,
 Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
 De mano en mano su brillo
 Cambia el nido el pajarillo
 Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
 Aunque esto le cause daño
 Y así como todo cambia,
 Que yo cambie no es extraño

Cambia todo cambia...
 Cambia el sol en su carrera
 Cuando la noche subsiste
 Cambia la planta y se viste
 De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
 Cambia el cabello el anciano
 Y así como todo cambia
 Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
 Por mas lejos que me encuentre
 Ni el recuerdo ni el dolor
 De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
 Tendrá que cambiar mañana
 Así como cambio yo
 En esta tierra lejana.

Cambia todo cambia...
Pero no cambia mi amor”. Todo cambia. Mercedes Sosa 

 

imagen de Heo  Jiseon
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Hora del despegue

Ya me voy despidiendo. Va tocando elevar anclas y partir.

Ayer pasé la revisión de la médica rehabilitadora.

– Estás mucho mejor, pero evidentemente no para hacer una vida normalizada. ¿Cómo te ves para dejar ya la rehabilitación?

No sabía qué decir ante esta pregunta. Pero ya me la había hecho varias veces en mi cabeza. Le planteé mis dudas.

– A veces creo que tengo miedo a dejar de venir y volver a la torpeza y debilidad -extrema- al caminar. Pero también creo que me he habituado a la rehabilitación (llevo más de 1 año allí) y estoy retrasando el momento de despegar sola.

– Yo también lo creo. Es buen momento para empezar a probar de manera muy suave, algunos ejercicios por ti misma, en un gimnasio o en casa. No más de 20 minutos al principio. ¿Cómo lo ves?

– Lo que tú creas mejor. Yo me dejo guiar.

– Pues eso haremos y como el médico rehabilitador del hospital, tendrá que volver a valorarte, si necesitas más rehabilitación, siempre puedes volver.

Así fue. Así es.

Creo que me he establecido en mi nueva zona de confort: médicos, revisiones, pastillas, rehabilitación, analíticas….y me asusta enfrentarme, sin tanta parafernalia, a la vida real. La que ocurre más allá de la espiral de batas blancas y olor a hospital.

La he hecho tan mía, que me cuesta decirle adiós.

Voy a coger la cometa. Voy a echarla a volar. Y si no alza el vuelo, si el viento no está de mi lado, como cuenta McEnroe en su canción Vendaval, sacaré mis alas. Y en mi más profunda intimidad, volaré con ellas por el salón de mi casa, asegurando no caerme a la primera. Y luego, extenderé los brazos para coger impulso y volar hacia el resto del universo.

Ya me voy despidiendo. Va tocando elevar anclas y partir.

 

imagen de Mihai Criste

El eterno lumbago

Mayo de 2015. Tenía muchas ganas de retomar las clases de yoga.

Ya había estado tiempo atrás y por mis “mareos” lo había dejado. Luego me dio vergüenza volver al mismo centro, porque si se repetían – y siempre se repetían-, tendría que dar explicaciones y se darían cuenta de mis rarezas. Al menos así lo sentía yo.

Cuando llevaba un tiempo algo mejor de los mareos, me decidí a probar unas clases es un centro diferente.

¡Qué ganas!

Otra vez poder hacer ejercicio con mi cuerpo y darle serenidad a mi mente.

La primera clase me encantó. Hablé con la instructora y le pedí que tuviera en cuenta mi hiperlaxitud (sobre todo en las piernas) y que a veces no sé cómo colocarme en las posturas -asanas- para no hacerme daño.

Salí de allí muy satisfecha y contenta. ¡Genial!

Al día siguiente, con el pasar de las horas, comenzó un dolor en la zona lumbar.

¡Vaya, creo que me pasé para ser el primer día!, pensé.

La siguiente clase, le comenté el dolor a la chica. Ese día, estuvo más pendiente aún y se acercaba a colocarme mejor. El dolor estaba muy presente, pero bueno, eran “agujetas”. Eso creía yo.

El fin de semana, el dolor comenzó a hacerse más y más agudo. Hasta el punto que no podía incorporarme de la cama con normalidad. Tenía que ponerme de lado y ayudarme con los brazos para levantarme. Al sentarme y acostarme era aún peor.

El tercer y – último día que pude ir a yoga-, estaba otro instructor. Le comenté lo que me ocurría y supervisó cada movimiento. Ese día poco pude hacer. El dolor era enorme.

Pero como siempre, yo vivía en una eterno disimular cómo me encontraba por vergüenza a ser, una vez más la que se quejaba de malestares, la que dejaba de hacer cosas, la rara.

Llegué a casa frustrada. Otra actividad más que, por el momento, tenía que suspender.

Pensé que pasados unos días, las agujetas irían remitiendo. Sin embargo, no desaparecía el dolor. No aumentaba, pero tampoco iba mejorando.

Fui a urgencias. Decían que era lumbago y me mandaron antiinflamatorios y calor. Pasado el tiempo de tratamiento y en vista que no se quitaba, fui al traumatólogo. Él determinó que no era lumbago sino los piramidales. Entonces empecé con sesiones de rehabilitación. Estando allí, me sugirieron hacerme un estudio de la pisada porque al caminar mal podía estar dañándome. Lo hice y renové mis antiguas plantillas. En fin, todo un periplo con mi eterno lumbago.

Así estuve todo el verano. Con dificultades para moverme, con un caminar torpe y adolorida, frustrada por haber dejado las clases de yoga y habiendo pasado mis vacaciones completamente doblada.

La rehabilitación siguió hasta el mes de septiembre. Mes en el que comenzaba el curso escolar – mi trabajo- y, además, se me ocurrió la brillante idea de meterme con reformas en casa.

No suelo medir estas cosas. Cuando me siento frustrada – y lo estaba por el nefasto verano que había vivido- y de pronto, siento una ilusión, actúo con impulso y sin meditar.

Entre rodar muebles, cargar cajas, coger rodillos, subir escaleras, cambiar lámparas, pintar paredes, taladro va, taladro viene, viajes a Ikea, sueños y cambios, mágicamente, mi lumbago se fue.

Estuve 4 meses con él a cuestas. Luego se marchó sin despedirse.

Ahora me doy cuenta que ni era lumbago, ni piramidales, ni mala pisada, ni agujetas. Era una vez más mi EM gritándome y afanosa por darse a conocer.

imagen de Sandra Cumplido

Revival

Soy de recordar los pequeños detalles. Repaso en mi mente con precisión aquéllo que fue. Cómo era, su color, qué había, quiénes, etc.

Esta semana, recordaba, como me pasa con cierta frecuencia, mi relación con el humo. Ese mal hábito que durante tantos años me acompañó. Pero que a su vez -y para ser honesta- a veces echo de menos.

Mis manos cogiendo el cigarro, las uñas rojas cerca de los labios, rojos también.

Durante unos instantes me recreé con la fantasía de una maravillosa unión con el tabaco. Segundos de confusión. Los tengo, es así.

En el vagar de los recuerdos, me di cuenta que había borrado por completo de mi memoria, qué ceniceros habitaban en mi casa. Recordaba los de las casas ajenas, pero los míos – que regalé nada más salir del hospital-, los había desterrado de mi memoria.

¿Cómo eran?, formas, colores, tamaños….. ¡No lo recordaba!

Tras repasar minuciosamente mis ratos acompañada de los marlboro lights, me dí cuenta que ese dato no iba a aparecer en mi mente, al menos no por sí solo.

¡¿Qué le pasa a mi cabecita?! No sé si me enfada, me frustra, me entristece, o nada de eso, o todo a la vez.

Tiré de fotos. Entonces me encontré rebuscando en imágenes que me agitaron de nuevo. La que era, la que fui, la que ya no soy.

Y allí estaban. A lo lejos, uno. Más enfocado otro. En la mesa de la cocina. Escondido tras algún vaso de cerveza otro más. Allí estaban, en mis auto fotos, en las que había celebraciones compartidas, en las que estaba de reformas en casa…. Así, repasando mi vida en imágenes, volvieron a mi memoria los colores, formas y tamaños de los ceniceros de mi hogar. Los que ya no están, los ya no son bienvenidos.

Hoy, 4 de noviembre de 2017, hace un año y medio que entré en el hospital y también un año y medio de dejé de fumar.

Sí, sueño y mucho con mi relación con el tabaco. Pero ese será otro capítulo.

Hoy celebro mi valentía y fortaleza por haber roto, para siempre, con él.

imagen de Petite Bohème

Mi B.S.O.

No recuerdo cómo ni cuándo fue, pero en algún momento de mi existencia, la música y yo nos fusionamos.

Desde pequeña recuerdo tener marcado mi criterio musical, elegir qué me apetecía escuchar. No sólo música infantil, sino aquellas otras que me eran familiares de oírlas a mis mayores y me hacían sentir.

Ahí radica mi pasión por la música. Me hace sentir.

Me mueve y remueve emociones de una forma muy potente.

Mi vida está estructurada por etapas bien definidas y, cada una de ellas, tiene su propia banda sonora.

Escuchar algunos temas, supone para mí, trasladar mi corazón y cada poro de mi piel, a momentos ya pasados. Soy capaz de transportarme con las melodías. Es así de real, así de sencillo.

Yo soy con la música. Sin ella no soy.

Al igual que los aromas. Esencias y melodías. Ambos me hacen vibrar.

Soy sensible. Muy sensible.

Lo que me llega por los sentidos se expande dentro de mí y genera una explosión de sensaciones y sentimientos. A veces me encanta esta realidad. Otras me duele.

Hoy quiero cantar y decirte:

“Con la mano en el corazón
¡Vamos, juntos!
Descubramos mi libertad
Olvidemos entonces

Todos tus prejuicios
Bienvenido a mi realidad
Quiero amor, diversión, buen humor
No es tu dinero lo que me hará feliz”

https://www.youtube.com/watch?v=RJPBhWtqnGg

Je veux. Zaz
Donnez moi une suite au Ritz, je n'en veux pas
Des bijoux de chez Chanel, je n'en veux pas
Donnez moi une limousine, j'en ferais quoi?
Papa lapa papa
Offrez moi du personnel, j'en ferais quoi?
Un manoir a Neuchâtel, c'est pas pour moi
Offrez moi la tour Eiffel, j'en ferais quoi?
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
 J'en ai marre d'vos bonnes manières
 C'est trop pour moi
 Moi je mange avec les mains
Et j'suis comme ça
J'parle fort et je suis franche
Excusez moi
Fini l'hypocrisie moi,
J'me casse de là
J'en ai marre des langues de bois
Regardez moi
Toute manière j'vous en veux pas
Et j'suis comme ça
J'suis comme ça
papalapapapala
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
 Bienvenue dans ma réalité
Je veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur
Ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur
Moi j'veux crever la main sur le cœur
Papalapapapala
Allons ensemble découvrir ma liberté
Oubliez donc, tous vos clichés
Bienvenue dans ma réalité
imagen de Julian Landini

Despistes al por mayor

¿Dónde está mi mente?

Llevo tiempo muy despistada. Con gran dificultad para concentrarme. Siento que estoy pasando por la vida de puntillas, como articulada por hilos que no muevo yo.

¿Dónde estoy?

Algunos me dicen que puede ser debido al shock de la noticia del diagnóstico, que aún la estoy procesando, otros comentan que igual es por tanta medicación, también se ha escapado algún comentario -desafortunado- sobre un posible deterioro cognitivo o secuelas de los brotes. Yo no sé qué será. Pero me siento muy rara. Como si no llevara las riendas. Como si estuviera en un segundo y difuso plano, casi que inerte, pero observando lo que ocurre.

Una espectadora de mi vida.

Me dejo llevar por esta corriente, que ni entiendo, ni me gusta, pero no lucho contra ella. Ya no. Me agota demasiado. Al principio me aferraba con coraje a tenerlo todo controlado, como siempre. Ya no….ya no lucho. Me agota demasiado.

Pero me sigo preguntando, ¿dónde está mi mente?, ¿dónde estoy yo?

A veces siento que mi cuerpo está presente, pero sólo mi cuerpo.

Y el resto de mí, no sé dónde se encuentra. Si vagando tristemente en el pasado. Un pasado que ya no existe. Si sobrevolando ansiosa el futuro, una realidad incierta aún. O sencillamente, en el presente pero adormilada y despistada.

Se me olvidan cosas – importantes y superficiales- , tengo que hacer listas para todo, al mantener conversaciones, a veces no retengo el contenido de lo hablado, me cuesta entender conceptos nuevos que requieran de lógica, pensamiento abstracto y procesamiento de la información, hay detalles que antes me sabía al dedillo que ahora siento difusos en mi mente….

¿Dónde está mi mente?

The Pixies dirían:

Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo
Prueba este truco y dale una vuelta, sí”

¡Allá voy!, a poner mi vida del revés. Vamos a ver si me funciona.

The Pixies - Where Is My Mind

Oh, stop
With your feet in the air and your head on the ground
 Try this trick and spin it, yeah
 Your head will collapse
 But there's nothing in it
 And you'll ask yourself
  Where is my mind?
 Where is my mind?
 Where is my mind?
  Way out in the water
 See it swimmin'
 I was swimmin' in the Caribbean
 Animals were hiding behind the rocks
 Except the little fish
 But they told me, he swears
 Tryin' to talk to me, coy koi*
 Where is my mind?
 Where is my mind?
 Where is my mind?
  Way out in the water
 See it swimmin' ?
  With your feet in the air and your head on the ground
 Try this trick and spin it, yeah
 Your head will collapse
 If there's nothing in it
 And you'll ask yourself
 Where is my mind?
 Where is my mind?
 Where is my mind?
 Way out in the water
 See it swimmin'
 With your feet in the air and your head on the ground
 Try this trick and spin it, yeah .
imagen de Antonio Bencivenga

El peso de la esclerosis

¿Sabías que la EM pesa?

Sí, la EM pesa. Y pesa mucho. Por momentos aplasta. Es terrible. Son toneladas de dolor impactando contra un cuerpo resquebrajado.

La EM pesa, sí. Y pesan las lágrimas de la EM.

También pesan los recuerdos. Y lo que ya no será. Esto también pesa.

Los que se fueron, los que ya no están. Ellos son un peso pesado. Deberían ser peso pluma, porque decidieron no estar, pero no. Así son las nostalgias.

Y pesa el futuro incierto. Tira y ahoga. ¡Cuánto pesa no saber cómo va a ser el progreso de la enfermedad!…..Ufff, este es un peso muerto. Una angustia permanente. Si me descuido, puede llegar a hundirme.

Afortunadamente también, hay días que todo pesa menos y el equipaje es más ligero.

Hay segundos que siento apenas unos gramos de más. Son segundos mágicos. Los tengo. Existen. Ellos me recuerdan quién soy. Son gramos efímeros. Se deshacen con el chasquido de los dedos. Están y no están.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

Pesa no poder hacer las cosas de antes. Ni poder realizar ciertas tareas y actividades. Pesa estar siempre cansada. Pesa no tener fuerza para hacer deporte. Pesa no poder subir mi compra por las escaleras. Pesa y mucho, no ser completamente autosuficiente, como siempre me gustó ser.

Y con tanto peso, con tanto peso, los kilos se han ido instalando en mí. Y ya no me siento ágil, ni me siento ligera, ni estoy delgada, ni estoy esbelta. No.

La imagen que veo en el espejo no es la que solía ver.

Un cambio demasiado drástico de rutinas diarias y de actividad. Un exceso -necesario- de horas de descanso y sofá. Cantidad de medicación, algunas de ellas que hinchan. Adiós al hábito insano del tabaco: más ansiedad, más comida.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

En total más de 10 Kg. me ha regalado mi esclerosis. Y eso sólo es el peso de la báscula.

Para los otros pesos no existen unidades de medida que acierten a marcar el dolor.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

imagen de Bartozs Kosowski

Bittersweet

Ni dulce. Ni amargo. Ni picante. Ni ácido.

Todo entremezclado.

Resaca de emociones.

Bittersweet.

Enraizar mis pies con la tierra y volver a sentir que estoy viva.

Mirar a mi alrededor y recordar que yo ya no bailo.

Sensaciones agridulces.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Es una alarma que se repite y me indica que aquello fue lo que fue. Y que ya no es. Y que no será más.

Y nuevos aires me susurran al oído, muy despacio, que quizás sea mejor. Pero hay un pero. Yo no me lo creo.

Y el sí siempre gana. A ratos. Sólo a ratos.

Anoche volé sentada. Bailé sentada. Me emborraché de la emoción. Del sentir.

Pero miraba a mi derecha y ella sí bailaba con sus piernas. Ella saltaba alto. Ella tenía una copa y un cigarro en la mano.

Y yo la miraba. Y estaba plena de encontrarme allí. Sin saltar, sin bailar, sin beber. Pero allí.

Y el sí siempre gana.

En algún momento, me llamó la nostalgia. No la atendí. No quise.

Bittersweet.

Emociones encontradas y sobredosis de estímulos.

Ahí estaba yo escuchándolo. Canción tras canción. La que fuera mi BSO a la salida del hospital. Poeta Halley.

No estaba sola. Nunca lo estuve en realidad. Pero a veces me siento profundamente sola, detrás de un cristal, viendo el mundo pasar y yo detenida.

Y el sí siempre gana.

Y yo hoy no estoy triste. Ayer cayeron lágrimas. Sensaciones agridulces.

Resaca. Gran resaca. Las luces, los sonidos y toda mi alma expuesta, me han recordado el malestar físico tras una buena noche. -Y sin una gota de alcohol-.

Bittersweet.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Con calma, María. Porque el sí siempre gana.

Noche de Reyes

Siempre fue así. Ante cualquier evento especial, la emoción me superaba.

Recuerdo los días previos a alguna excursión en el colegio, a una celebración de cumpleaños, algún viaje, la noche de Reyes…Me costaba dormir, sentía cosquillas en la barriga y en mi cabeza repasaba minuciosamente cada detalle para cerciorarme de que todo estaba listo.

Sí, siempre fue así.

Poco a poco, desparecieron las excursiones y en su lugar se fueron colocando otras situaciones que me siguen agitando como una batidora emocional.

Soy adulta con ilusiones infantiles ¡Me encanta!

Me han definido como una mujer intensa. Lo creo yo también.

Cuando me doy cuenta de que nuevamente puedo fantasear, que la emoción hace que me cueste dormir, que mi barriga esté en un puñito, es cuando recuerdo que soy pura pasión.

Y todo vuelve a cobrar sentido.

Perfectamente imperfecta.

Llevo varias noches soñando despierta. Emocionada. Como la niña que se va a la cama esperando que esa noche aparezcan los Reyes Magos y dejen los paquetes en el salón.

Mi paquete, mi regalo, mis mariposas.

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Mis ganas, mi ilusión, mi nervio sano instalado en la barriga, me ha transportado a vivencias y sensaciones casi olvidadas.

¡Entusiasmada, agitada, excitada, alterada!

Estas noches previas al festival, se me han removido emociones. La cama se me hacía pequeña y las sábanas se enredaban en mis piernas de dar vueltas.

Necesario contacto con la vida.

Hoy volveré a ver y sentir estrellitas. Mañana será mi nueva excursión.

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Por unos días la EM ha pasado a un segundo plano ¡BIEN, COÑO, BIEN!

Tarros de ideas

¡Gran comedura de tarro!

Mi cabeza, esa que no para. Como una olla exprés repleta de pensamientos. No cesan. Se chocan unos con otros: agitados, desordenados, trastabillan entre sí.

He intentado retomar la meditación, que durante mucho tiempo practiqué a diario, también serenar el ritmo mental mediante la respiración, con música, sola, de manera guiada, en clases… pero, ahora mismo, no logro tener las riendas de la situación. La loca de la casa está potente.

La semana pasada, en una actividad guiada, me decían que imaginara los pensamientos dentro de un tarro de cristal. Yo necesité varios frascos. Podía ver aquellos pensamientos, estaban expuestos, pero no me arrastraban. Esa era la consigna. Vi lo tarros, allí estaban todos los pensamientos metidos, flotando, volando, saltando dentro de los botes, pero en ese mismo intento de organizar y parar un poco la mente, rápido me enfrasqué con diferentes ideas para escribir esta entrada.

Nuevamente mi cabeza iba desbocada.

Frascos, ideas, pensamientos, imágenes…

Me cuesta concentrarme, me cuesta mantener la atención, me cuesta entender una lectura densa a la primera. Son aspectos totalmente nuevos que unidos a que mi cabeza tiene fuegos artificiales de pensamientos, me siento incómoda y molesta.

A veces, las ideas que me vienen son buenas, divertidas, interesantes. Entonces, me veo divagando sobre ese aspecto y sin darme cuenta, he desarrollado toda una nueva teoría en mi mente. Otras veces estoy manteniendo una conversación pendiente con alguien, en la que expongo todos mis argumentos, aquellos que he callado o no he podido decir. Y ese alguien me responde y entonces elucubro un nuevo discurso. También me hablo a mí misma, me doy ánimos y me consuelo. Me he escuchado riendo por aquéllo que pensé. O con el ceño fruncido por la otra historia que estaba rumiando mientras hacía rehabilitación o en el taxi. Por momentos, gesticulo, acompañando con movimientos mis pajaritos mentales.

Así los 1440 minutos que tiene un día. Incluyo los que paso durmiendo, porque mi cabeza sigue su espectáculo teatral por las noches.

¿Cuántos tarros necesitaré para meter mis pensamientos?

A la par que mis pensamientos, están los estados de ánimo, que le siguen. Por ratos es sosiego, en otros momentos me siento abatida, la ira y el enfado también se hacen presentes. La alegría y ganas de bailar me sorprenden de vez en cuando. Ohhhh y la tristeza, ella me rapta con frecuencia…..

Quisiera tener las tapas de los tarros e ir cerrando algunos. Conseguir ordenar un poco el disparate mental y emocional que me acompaña.

Necesito equilibrio.

Dice Ivan Ferreiro en uno de sus temas que el equilibrio es imposible. Pero él habla de un amor.

Y yo hoy hablo de mi, sin amores de pareja.

Yo quiero cantar y decir en voz alta que el equilibrio sí es posible y que yo lo voy a conseguir.