Cartel

Se siguen presentando situaciones donde me veo sin saber cómo gestionar mis dificultades. En este caso, no conmigo misma, sino con el mundo.

Hoy en la mañana, para poder dar de alta a un nuevo contador de agua, he tenido que arreglar papeleo en Emalsa (empresa distribuidora de agua). Es la tercera vez que voy, porque por un motivo u otro, se ha ido complicando el trámite. El boletín no está correcto, el árbol de contadores no está bien nominado, te falta la referencia catastral de la vivienda….

Paciencia, más y más y más, que voy desarrollando.

Cuando llegué, en la entrada había una pequeña fila, donde se suele recoger el número para que atiendan. Allí estaba una trabajadora con su tableta y, por orden, se le explicaba el motivo por el que estabas esperando y te daba un número de atención. Por lo general, lo tecleas tú en la máquina directamente.

Algunos de los que estaban haciendo la fila, entregaban papeles sobre la marcha, a otros los emplazaban para otro momento con cita previa porque debían aportar documentación que no traían consigo, o bien, a otros, les solicitaban que sacaran fotocopia del DNI en el bazar de al lado. Yo tenía todo en regla, solamente tenía que esperar a ser atendida. Me citaron 40 minutos más tarde, era el número que le salía al teclear en su tableta.

Miré dentro de la oficina para ver si había gente esperando. Había unas 6 mesas de trabajo, con sus trabajadores respectivos y el personal de seguridad.

Hasta la fecha siempre había cogido turno fuera y me sentaba a esperar mi momento, en alguno de los más de 30 asientos aproximadamente, que hay allí.

Hoy, a pesar de haber varias mesas con trabajadores y sin público siendo atendido, a mí me atenderían 40 minutos después.

Entré y me senté como de costumbre, con mi mente en los trámites que me quedaban pendientes y en lo mal que me encontraba físicamente (ha sido un fin de semana un poco difícil y me ha pasado factura al cuerpo).

Las sillas estaban TODAS vacías….

El segurita que se paseaba por la sala, se me acercó:

– Señorita, no puede esperar aquí sentada. Tiene que ponerse fuera hasta que llegue su hora.

Le explico que tengo dificultad para permanecer de pie y que siempre se ha hecho uso de esos asientos para esperar.

– Bueno, ya pero ¿se imagina que todo el que tenga que esperar se sentara aquí?. Se llenaría la sala….

Los ojos se me salieron de las cuencas. No daba crédito.

En primer lugar son bancos destinados a tal fin. En segundo no había nadie más esperando excepto yo, que me daban cita para bastante tiempo después, aún estando la oficina sin público.

Realmente, no daba crédito.

– Ojalá todos los que tengan que esperar, como yo, no tengan dificultad para permanecer de pie-. Le espeto tragando saliva y con ganas de mandarlo al carajo.

– Bueno, espere, lo consulto con dirección.

Se aleja caminando a la mesa del fondo. Al poco se acerca a mí nuevamente y como si fuera un favor enorme, el que me está haciendo, me dice:

– Puede quedarse ahí, pero espero que tenga su cartilla de minusvalía.

– NO LA TENGO, NO. Estoy jubilada, no puedo trabajar, no puedo estar de pie, pero no llevo un papel encima que justifique todo eso. NO.

¡Otra vez no puede ser. No me lo creo!

Tener que suplicar por una jodida silla. Tener una cartilla en regla que justifique que no puedo estar mucho rato de pie. Tener que llevar las muletas aunque, afortunadamente ahora no las necesite, para que se note. Levantarte cojeando para que no crean que es mentira lo que cuentas.

¿Tendré que llevar un cartel en la cara que diga algo así?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Me quedé triste, afectada, rabiosa, dolorida. No sabía qué decir, ni qué hacer, porque además aún debía tener claridad y serenidad para resolver lo que me había llevado allí .

Pero verdaderamente me hace sentir fatal.

¿Es tan difícil ser amable?

¿Es necesario acreditar que tienes una patología para que te dejen sentar en una silla?

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

Tengo EM y aunque no lo aprecies, tengo algunas dificultades.

¡Qué impotencia!

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