Búsqueda eterna

No soy persona de quedarme de brazos cruzados. Lo intento una y otra vez. De múltiples maneras y formas. Me caigo, me levanto, cojo impulso y de nuevo a seguir probando.

Ha sido así siempre, creo.

Caprichosa pero constante y luchadora.

Antes de saber qué me ocurría, durante los muchos años que me sentía mal, extraña y con dolencias inexplicables, probé una y mil terapias – convencionales y alternativas-. Estrategias para sobrellevar aquellas situaciones.

Resistencia y paciencia.

Una vez pusieron nombre y apellido a lo que ocurría, no iba a ser menos.

Incansable buscadora de recursos.

No vivo en el mundo de la fantasía y no creo en las pociones mágicas y milagrosas. Pero sí que puede haber diferentes formas de abordar, de una manera más integral, cualquier situación.

Con la EM, no iba a ser menos.

Una, dos, tres, veinte terapias diferentes. Las veces que sean necesarias, hasta ir dando con la que, en cada etapa y momento, me sirva para sobrellevar síntomas y emociones desajustadas.

No desacredito determinados enfoques, si no los he probado. Los pongo en duda, los investigo, analizo, escucho experiencias propias, valoro…. Y en base a ello, tomo mis decisiones.

Mi manera de ser, resonará más con unos que con otros, claro está. Lo que no digo, de esta agua no beberé. Porque aquí estoy, habiendo sido una detractora ferviente de la medicación química, por miedos y por ideología. Y sin embargo, he terminado haciéndome – por ahora-, su cómplice. No puedo meterme algo diariamente en el cuerpo y estar enfrentada con ella y, por tanto, conmigo misma.

Pero, aún hermanada con la medicación convencional, sigo siendo yo. La eterna buscadora. En este período he probado diferentes vías. He leído mucho. He pensado más. He sentido, cada día, mi cuerpo incómodo y ajeno. Por eso no me doy por vencida, porque no me siento bien.

Cuando decido emprender una nueva terapia, suelo darme unos meses de prueba. De ver cómo me sienta, si resuena con mi forma, si me va convenciendo, si percibo mejoras….

Algunas me han servido más que otras. Algunas me han removido más que otras. Algunas me han aburrido más que otras. Algunas me han decepcionado más que otras. Pero lo que está claro, es que todas me han hecho aprender, experimentar y saber qué sí, o qué no.

Cuando hablo de terapias, me refiero desde la parte más física (piscina, rehabilitación, yoga, pilates, caminar, fisioterapeuta, rehabilitación visual semanal durante un año también…),  a otras más de crecimiento y autoconocimiento personal y emocional (con psicóloga). Algunas más energéticas y espirituales (reiki, craneosacral, acupuntura…), a diferentes cambios de alimentación y suplementación, con naturopatía (…).

En fin,  un gran abanico que para mí no caen en saco roto. Todas suman. Todas aportan.

En la actualidad, he empezado con un tratamiento de choque importante. Un tratamiento que me va a hacer estar un poco más dedicada en “exclusiva” a él. Tengo ganas y empuje, que es lo primero. Tengo confianza e ilusión….

Iré valorando, cada dos meses aproximadamente, datos objetivos de mejora.

Mi tratamiento convencional, sigue de la mano conmigo. Mis pruebas con el neurólogo, analíticas y revisiones también. No son incompatibles. Todo lo contrario.

Quién me está llevando en este nuevo enfoque, es un médico internista, con muchos años de experiencia como facultativo en un hospital y, además, con amplia formación en naturopatía.

Ya iré explicando con mayor detalle.

Sólo decir que la primera consulta fueron 5 horas, que se dice rápido. Miró con detalle cada una de las pruebas, informes, analíticas. Riguroso y detallista al máximo.

Es que no soy sólo una persona que tiene EM. Hay millones de otros factores que se relacionan con mi cuerpo, con mis emociones, con mi energía, con mi genética, con mis hábitos, con mi SER, que también hay que abordar.

Hipócrates decía algo así como: “No hay enfermedades incurables. Pero hay enfermos que sí lo son”

Y yo estoy en la búsqueda eterna, por carácter seguramente, pero también por necesidad. No quiero ser una enferma y mucho menos, una incurable.

Buscando mis estrellas.

 

imagen de Andrej Mashkovtsev
Anuncios