De vuelta a las aulas

Con sed de conocimientos. Siempre ha sido así. Me encanta aprender.

La eterna aprendiz.

Ahora, vuelvo a sentarme al otro lado del pupitre. Y esta vez con más convicción, aún, por querer saber.

No estudio por un título. Lo digo bien alto.

– ¡QUIERO APRENDER, no colgar un diploma!

Tras muchos años como docente, me embarco de nuevo, en la apasionante tarea de acudir a clase, de escuchar, de coger apuntes, de ¡ser una alumna otra vez!

Esto marca una clara línea en la dirección de mis pasos.

Llevo más de dos años en una especie de ciclón, aturdida y zarandeada, sin saber qué y cómo enfocar mi vida. Dejándome llevar por los momentos de calma y protegiéndome en mitad de las tormentas, que no han sido pocas.

Y a lo lejos una luz se enciende. Me acerco a ella, temerosa, pero con paso firme. Siento que empiezo, por fin, a transitar una sendero de calma. Mi nuevo sendero.

Mi Senda.

Yo sé que me das la mano. Es una certeza que tengo.

De alguna forma, esa fuerza que emerge de mí, es tu manera de seguir cuidándome.

Y cuando salgo de clase, paso por tu casa. Me siento en tu sillón y estoy un ratito con Tato. Estoy con él.

Llevo mi libro en la mano derecha. En la izquierda, te llevo a ti.

Todo va a salir bien, todo va a salir bien….

La eterna aprendiz.

Encontrando la senda. Con ganas, ilusión, esperanza y fuerza.

 

Ilustración de Anne Siems
Anuncios