Al agua patos

¡Al agua patos!

Patos o patosa. No sabría bien qué decir.

Llevaba más de un año sin ir a la piscina.

Brote- debilidad del brote.

Absceso – operación de absceso.

Absceso- absceso- absceso (…).

Para cuando vine a remontar, ya había perdido la plaza. Así que decidí probar con yoga, que en algún momento aunque breve, ya había practicado . La verdad es que estaba muy contenta. Me gustaba y me sentaba bien.

Y entonces, estando yo “tan contenta” 🙂 , e integrando la nueva actividad en mi vida, es cuando me tumba la gripe; debut del nuevo brote.

¡Otra vez!, más de un mes fuera de combate.

P-A-C-I-E-N-C-I-A

Una vez recuperada, la actividad por la que debía empezar -recomendación del neurólogo-, era la natación.

Hoy volví a la piscina.

Para mi sorpresa, por tener la incapacidad, me descontaron un tanto por ciento en la mensualidad. ¡Bien!

Ya en el vestuario, me encontré con antiguas compañeras, que recordaban mi cara y hasta mi nombre. Intercambiamos un qué tal, cuánto tiempo y esas cosas. Se alegraron de verme.

Yo estuve rápida en justificarme por no haber ido y explicar mis kilos de más.

¡A quién le importa, María!

Debería recordar más la canción que durante muchos años en mi infancia, se convirtió en mi tema estrella.

Mi destino es el que yo decido,
el que yo elijo para mi.
¿A quién le importa lo que yo haga?
¿A quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré”.

Haciendo el calentamiento inicial, me sentía inestable y floja. Pero ahí estaba yo, una vez más resurgiendo. Volviendo, retomando, empezando, sonriendo.

Los brazos se cansaban demasiado, pero poco a poco, iba logrando dejarlos levantados. En círculos, arriba- abajo, estirando, doblando.

¡A la ducha y al agua!

Tuve varias peleas. Una de ellas con las gafas, que no sé por qué, no lograba regular y, a cada momento, me entraba agua en los ojos. Fue la peor, porque me paraba a colocarlas cada poco. O eso, o me pegaba con tanta potencia la ventosa, que me sentía absorber las cuenca de los ojos. Otro trajín con el gorro, ¡qué follón! Coño, que aprieta demasiado y notaba como si tuviera un lifting recién hecho. ¿Habré engordado en la cabeza también? No recordaba que me oprimiera tanto.

Luego las piernas, tras 10 aleteos más o menos, se quedaban extenuadas. Y me paraba un poco y luego seguía.

Las señoras me adelantaban. Ellas con su edad, más en forma que yo, que iba con un churrito nadando a mi ritmo.

Un cuadro, vamos.

Está claro que si alguien lo observó desde fuera, no le habría parecido tan dantesco como lo relato. Pero fue mi sensación. Ser el patito feo nadando en el lago de los cisnes. Bueno, no tan exagerado, vale.

La realidad es que me alegro mucho de haber vuelto.

De levantarme de nuevo tras cada caída. De resurgir. De luchar. De no rendirme.

Y seguimos cantando….

¿A quién le importa lo que yo haga?
¿A quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

Quizá la culpa es mía
por no seguir la norma,
ya es demasiado tarde
para cambiar ahora.

Me mantendré
firme en mis convicciones,
reportaré mis posiciones”.

A quién le importa de Alaska y Dinarama.

imagen de Eleni Karlorkoti
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