Welcome to the jungle

Bienvenida a la jungla
 Tenemos diversión y juegos
 Tenemos todo lo que quieres
 Cariño, sabemos los nombres
 Somos gente que puede encontrar
 Lo que sea que necesite
 Si tienes dinero, cariño
 Tenemos tu enfermedad
 
 En la jungla
 Bienvenida a la jungla
 Míralo traerte a tus
 Rodillas, rodillas
 Quiero verte sangrar
 Bienvenida a la jungla
 Lo tomamos día a día
 Si tu lo quieres, vas a sangrar
 Pero es el precio que pagas
 Y tu eres una chica muy sexy
 Es muy difícil de complacer 

 
Welcome to the jungle
 We've got fun 'n' games
 We got everything you want
 Honey, we know the names
 We are the people that can find
 Whatever you may need
 If you got the money, honey
 We got your disease
 
 In the jungle
 Welcome to the jungle
 Watch it bring you to your
 knees, knees
 I wanna watch you bleed
 Welcome to the jungle
 We take it day by day
 If you want it you're gonna bleed
 But it's the price you pay
 And you're a very sexy girl
 That's very hard to please.

Welcome to the jungle. Guns`n Roses.

Lunes, 8:00 de la mañana. Toca analítica de rigor.

Dormida, muy dormida, cojo la muestra de orina. La guardo en una bolsa. Me visto, como puedo, y salgo a coger un taxi.

No recordaba que por las mañanas, el mundo funciona. Y tiene mal carácter. Pero no todas las personas, afortunadamente. ¡Bien!

Tocan la pita del coche si te tardas más de un segundo en arrancar o si al bajarte del coche, no lo haces con la velocidad de Flash, el súper héroe.

– ¡Jesús caballero, estese tranquilito, hombre!

Entro en la sala de extracciones del hospital.

WELCOME TO THE JUNGLE!!!! Debería figurar un cartel que lo indicase. 

¡Mi madre, mi madre, mi madre! Pero, ¿esto qué es?

Llevo 2 años viniendo a hacerme analíticas, con cierta frecuencia, por esto de la medicación; para comprobar si afecta a la función renal o hepática y demás cuestiones que prefiero no pensar.

Pero hoy especialmente parecía la entrada a un concierto multitudinario. Pero ninguno íbamos con cara de festejar.

Unos dormidos, como yo.

Otros apurados de tiempo.

Algunas hablando en voz alta entre ellas. Me enteré de la vida de la señora y su vecina.

Un señor gritando por la mala organización.

Colas inmensas con botes de diferentes colores y tamaños con orina…. Y lo que no es orina también.

Llamadas por megafonía, en grupos de 5 en 5, con más de 1 hora de retraso.

Sillas y sillas ocupadas.

Los habíamos de pie. Con dolor en las piernas, como yo, o con más de 80 años a sus espaldas, pero ahí estábamos, de pie. Porque no siempre se cede el asiento en este mundo.

Y oyes quejas al fondo. Preguntándose los unos a los otros a qué hora estaban citados. El malestar se huele, se siente, se ve.

Yo me pongo a pensar en las gestiones de hoy, para resolver las incidencias de la inundación.

Cuando por fin me llaman por megafonía, me dan el volante, para entonces pasar a una segunda fila, larga, muy larga, de pie claro, para hacer entrega de la muestra de orina.

Es cierto que para determinadas cosas soy un poco “fina”, y algunos botes estaban muy a la vista, o con gotitas en el suelo, o, qué se yo. Me estaba dando un poco de náuseas. Entre el hambre, el sueño y la situación…. Agggggg.

Cuando hago entrega de mi muestra y explico el por qué del color, me dicen que con la menstruación hay que evitar que pase la sangre al bote.

– Vale, vale. Lo tendré en cuenta para la próxima vez.

Y me alejo un poco avergonzada por no haber caído en eso.

Por fin, en la zona de extracciones propiamente dicha. Ya hay sillas libres. Mi número es el 26. Vamos por el 10, y más de 1 hora de retraso.

Una vez sentada, observo mejor el panorama.

¡Qué pena! ¿ y esto es la sanidad?, parecemos pollos hacinados en jaulas camino al matadero. Y me apena la vida de los pollos, sí. Y me apena la nuestra, la de los humanos.

Por fin me toca. Allá vamos. Entrego mi brazo izquierdo y me dejo hacer.

Llevamos un ratito cuando me dice:

– Va lento. Me parece que eres un poco rácana, por la sangre, que no sale…..

– Jajajajaj. Ya ni me queda, le dije.

La sangre está tan asombrada como yo. Prefiere quedarse en su escondite. 

Vivimos en un mundo de locos. Y yo formo parte de esta locura también.

Y estoy igual de desquiciada que el señor que grita, perdida como la chica que pregunta en todos los mostradores dónde debe hacer la fila, enfadada como la madre que le dice a la hija que se vayan ya y vuelven otro día. Soy tan cotilla como ellas que hablan y critican de los demás, o tan resignada, como la señora que aguanta calladita y pegada a una columna, con su espalda encorvada y su piel arrugada por la vida, o como el joven que trae su muestra de orina de 24 horas, sin bolsa, sin nada y se aprecian las gotas en la tapa. Soy tan loca y tan necia como ellos.

Nos quieren así. Nos vuelven así.

Pienso nuevamente, ¡Qué pena! ¿ y esto es la sanidad?, parecemos pollos hacinados en jaulas camino al matadero. Y me apena la vida de los pollos, sí. Y me apena la nuestra, la de los humanos.

Ahora hasta el viernes, que vuelvo para la resonancia. 

imagen de Effenemea
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