Dibujo un lazo naranja

¡Grita naranja, grita esperanza!

Este año, el día mundial de la EM cae el 30 de mayo. Un día especial para mi, para mi tierra. El día de Canarias.

Con siete estrellas verdes, como dice nuestra canción. Estrellas verdes que anuncian fuerza, valentía, esperanza. Estrellas como mis pequeñas lesiones, como mi constelación particular.

Ayer hablaba con la psicóloga y ella me decía que para normalizar mi vida e integrar del todo, esta nueva realidad, aún debo darme unos 2 o 3 años más.

Incluso el neurólogo me dijo la semana pasada que, a veces, para valorar la adherencia del tratamiento, es necesario que pasen unos 2 años.

Y yo que salí del hospital y 15 días después estaba, desde casa y con muletas, mandando informes al cole para que no se quedara mi trabajo de ese curso escolar a medias.

¡Qué poco situada estaba con la realidad que se me venía encima!

Si hago un pequeño recorrido por este tiempo, la palabras que más me definirían podrían ser: valentía, perseverancia, fuerza, esperanza, lucha, fe, coraje, impulso, intento, aceptación, ilusión, sueños, pero tristeza también. Mucha tristeza. Miedo, enfado, desorientación, nostalgia. Duelos, muchos duelos.

Pero grito naranja y grito esperanza. No todos los días. Por supuesto que no.

Me caigo, me caigo muchas veces. Vuelvo a intentarlo. Me lleno de dudas, de sensaciones que no sé gestionar, de dolores escondidos, maquillados. De incómodos silencios en una casa, que se hace demasiado grande para mí. Pero un día cualquiera, me levanto y vuelvo a cantar en voz alta.

Y grito naranja y grito esperanza,  porque es la única forma que sé de vivir.

No soy persona de estar a medias tintas. O estoy porque lo decido, o no estoy, por lo mismo.

No juguemos al gato y al ratón con la vida. Yo al menos, no quiero hacerlo.

Vivir con EM es una realidad diferente, es un reto, es ser una entre mil, es tratar de simplificar lo complejo y abstracto.

Es ser una delicada obra de arte y ser artesana a la vez.

Pero es una enseñanza. Es vivir 2 vidas diferentes con un sólo nombre. El antes de y el después de. Una María diferente a la otra. Pero la misma.

Y dibujo un lazo naranja y que florezca.

Mañana demos difusión a este grito de paz, que de guerra no me gusta.

¡Grita naranja, grita esperanza!

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