Si del cielo te caen limones…

Integrar el aprendizaje. Es algo que aún me falta.

36 años de automatismos frente a 22 meses de nuevas maneras.

Estar más presente y escucharme más. Cada día, cada rato, cada minuto.

Ayer me volvió a suceder.

No me miré, ni me pregunté, ni me paré a observar. Y yo creyendo que sí….¡Qué engaño!

Tras una sesión de terapia dura, como de último, me puse como una moto – sin ser consciente-. Hablar, caminar, pensar, evadirme, planificar, organizar, escribir. Todo aquello que me alejara de encontrarme conmigo misma

Luego, poco rato después, me meto en el fisio. Me dejo fluir, me relajo, me sereno.

Salgo de allí, con el firme propósito de integrar ambas experiencias.

De masticar la primera y degustar la segunda.

Analizar lo que duele y colocarlo en su lugar; emociones y contracturas.

Pero poco duró ese propósito. En el camino de regreso a casa, ya estaba esta cabeza loca mía, con otros planes. Y sí, sé que es una huida.

Lo que me doy cuenta, normalmente, a toro pasado.

Me excedí y hoy me encuentro en un día crítico. Que diga, cítrico.

Sí, eso es algo que sí he aprendido. A hacer limonadas con miel, otras más frescas, a veces con hierbabuena, o simplemente exprimir el limón. Pero lo voy consiguiendo.

Mis días cítricos. Los que el cuerpo me grita su desacuerdo. Su malestar. Los que el alma me susurra que no me olvide de ella, que la mire más; con más frecuencia y más atención. Los días en que mi mente me boicotea con su negatividad habitual. Me recrimina mi error, me culpabiliza por no saber.

Ella – mi mente- los llama días críticos.

Yo, los llamo días cítricos. Y los saboreo. Y aprendo de ellos.

Ya no me peleo ni enfado.

Hoy, curso de limonadas on-line.

“mi limón, mi limonero, entero me gusta más……”

 

ilustración de Anne M. Bentley
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