Me veo

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Me miro, me miro tan ajena, tan despistada, tan ausente de mí, que es como estar orbitando en un universo paralelo.

Yo, que he creído estar tan presente, tan consciente, tan “despierta”.

Anestesiada de mí, con mi propio veneno. Y yo pensando que era el antídoto.

Y poco a poco, en este intervalo de tiempo en el que estoy conmigo, empiezo a saberme. A sentirme, a encontrarme, a verme.

¡Por fin!

No sé dónde estaba. No me recordaba.

Conectada con el mundo y desconectada de mí.

Pero me voy viendo. Y me gusta lo que veo. Me enternece y también me incomoda.

Es raro, hacer visible lo oculto. Lo tapado.

Antes de verte a ti, me he de reconocer, ¿verdad?

Ir decapando todas aquellas manos de maquillaje que, lenta y sutilmente, me he ido poniendo.

Tienes más ojeras de las que crees, pero eres bonita. Eres tierna, vulnerable y caprichosa. ¡Sí, lo eres! No pasa nada por serlo. A veces, eres coherente y serena, pero otras, tienes pataletas sinsentido.

Y me veo y me reconozco.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Y no pasa nada. ¡Aquí sucede la magia!

¡¡¡NO PASA NADA!!!

Me veo. Me veo. Me veo…..

Y es entonces, con esta realidad que agarro en mis manos, que abrazo y que no suelto más, que empiezo a verme.

A verte a ti.

Me da tanta fuerza verme, que mi vulnerabilidad se convierte en polvo de estrellas. Ahora es sensibilidad. Presencia para estar, para verte.

¡Qué alivio! Soy tan humana como imperfecta.

Me veo.

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