Domando a la fiera

El redoble de tambores marcaba el ritmo y el paso, del fin de semana. Yo iba saltarina. Pizpireta. Presente.

Y de un baile, saltaba a otro. No importaba si era un tango o un pasodoble, una lambada o danza urbana. Yo quería participar en todos.

Así transcurrió el viernes, con quehaceres varios y mi tambor resonando de fondo –Ran, rataplán, ran, rataplán- ….

Sábado con actividades interesantes, encuentros agradables y linda compañía. El ritmo que siguiera sonando, que yo podía con el baile.

El domingo, más melodías. Mi cuerpo se negaba a la rendición. Paseos, abrazos, comidas y cenas. Todas con gluten, mucho gluten y amor, mucho amor.

Ya en la noche, escuché la primera queja en MAYÚSCULAS: amenazante jaqueca seguida de nauseas.

El lunes en la mañana abrir los ojos se convertía en una temeridad. El tambor se había instalado en mi cabeza con la firme intención de querer batirse en duelo conmigo.

Hice caso omiso a su tentativa y volví a dormirme. No podía moverme. Horas después, seguía la encrucijada sobre mi sien. Presionando, haciendo imposible la tarea de levantarme.

Cuando por fin pude coger las riendas de la situación, abrí los ojos y me comí algo, lo que el cuerpo me dejaba, porque las nauseas seguían por ahí pululando. Mi inactividad poco duró, porque la tarde estaba demasiado bonita como para quedarme en casa.

INCONSCIENCIA-DESCONOCIMIENTO-NO ESCUCHARME.

Me fui de paseo por las Canteras y concluí el cha, cha, cha, en el supermercado. Haciendo una compra interesante para cargar y subir por los tres pisos que llevan a mi hogar.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

El martes todo era un esfuerzo. Hasta hablar, hasta respirar, hasta callarme.

Me sentía incómoda siendo y dejando de ser. Nada me calmaba. El cuerpo estaba molesto con su realidad.

Pero, bueno, igual si salgo, cojo aire y hago un poco de yoga, todo sea diferente. Igual me venga bien y me despeje……Igual es lo que necesito: airearme.

No tienes ni idea Marikitusi……

¡Se te olvida que hay una fiera amenazando!

Y de la amenaza pasó a la acción. La fiera me pilló. O me dejé pillar, no lo sé.

Me quedé en k.o. técnico. Fuera de combate. Noqueada. Vencida.

Ayer martes por la tarde noche, volví al pozo oscuro. Donde todo es confuso. El dolor adquiere una nueva dimensión. La fatiga se eleva a la máxima potencia. Donde la fiera se apodera de toda mi existencia y me deja abatida a su antojo.

La fiera estuvo avisando y yo, ajena a su lenguaje, seguí bailando al redoble del tambor. Me gusta tanto la música que me cuesta aceptar.

Hoy ha sido un día más claro. De darme un tiempo y un espacio para volver a mirar a la fiera de frente. Volver a escuchar sus condiciones, sus necesidades y sus límites. Y terminar ambas fundidas en un abrazo.

Y aquí me encuentro, mano a mano con ella: domando a la fiera que vive en mí.

 

Ilustración de Gabriella Barouch
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