Beer para creer

Es el eslogan que veo a diario cerca de mi casa “beer para creer”.

Yo no necesito una cerveza para estar bien, ni un mojito para disfrutar, pero está claro que cuando me tomaba uno u otra, me sabían a gloria bendita.

He estado, por fuerza mayor, más de un año y medio sin probar gota de alcohol. Pocos momentos de gloria, pocos momentos benditos. No por el alcohol; evidente. Sino por las burbujitas de la vida, la espuma o la hierbabuena.

Pocos momentos de gloria, pocos momento benditos.

Pero la fe continúa. La confianza. El deseo. La ilusión. Soy así. Soy soñadora, entusiasta y perseverante.

Y ya ocurrió. Sucedió. Llegó el día. Se puede. Se recomienda. Me lo merezco.

Hay suspiros en los que me huelo a flores, me escucho contenta, me veo sonriendo, saboreo con ganas y camino con fuerza.

María está regresando. Sí, hay suspiros en los que, mientras el aire permanece en los pulmones, María está presente de nuevo.

No es la cerveza. No. Son las burbujitas de la vida, la espuma y la hierbabuena.

 

imagen de Vásquez Rocca
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