No me encuentro

Es como si jugara al escondite conmigo misma.

Pero no me veo.

No me hallo.

No me encuentro.

Y el juego pasa a ser entonces una pesadilla.

Sentada en el sillón, dejo caer mi cabeza, como El pensador, sobre la mano izquierda. Así pasan las horas. Luego cambio hacia la mano contraria.

Pero no estoy en un punto, ni estoy en el otro.

No, definitivamente, no me veo.

No me hallo.

No me encuentro.

Mirarme al espejo no me calma. Allí sigo sin verme. Se refleja una imagen, sí, pero no la reconozco. Quieta, parada, ausente.

Perdida, con una oleada de sensaciones. Perdida, en la mar embravecida. Y aunque sé nadar, no tengo ganas…

Este estar sin estar, me irrita. Me irrita profundamente.

Y sigo sin aparecer, pero tampoco desaparezco.

El juego duele.

¿Dónde estaré yo?

Si me reposo en tus brazos, que a veces son los míos, parece que veo mi reflejo. Distorsionado y parpadeando. Como el ámbar en un semáforo.

– Corre, María. Vamos a correr.

No hay paso de peatones y tengo miedo. Igual me fallan las piernas, o lo hace el alma.

– Corre, María. Vamos a correr. Confía en ti. Yo lo hago.

Mientras el semáforo parpadee y el muñeco tenga vida, tú estás ahí. A su lado. Prendiendo la llama.

Pero yo no me encuentro. Y por momentos tampoco me busco.

Sé que tú me ves. Sé que tú me miras. Sé, también, que me has encontrado y perdido varias veces ya.

Por eso tengo fe.

Porque en algún momento, yo volveré a aparecer.

Bebe. Busco me

Algún día aprenderé el por qué de algunas cosas.
 Empiezo a aprender cómo camina mi corazón
 me precipito, salto al vacío luego me siento y me pongo a buscarme.
 
 Y me busco, busco me busco y no me encuentro
 Yo busco me, busco y no me encuentro
 busco me, busco y no me encuentro
 y yo busco me busco y no me encuentro
 Y busco yo busco y me busco y no me encuentro
 y busco me busco y no me encuentro…”

……………..


 

Anuncios