De rabia y miel

María es mitad rabia, mitad miel.

María está hecha de lo que nunca dijo, también de lo que gritó.

A María le duele, le duele tanto que sigue luchando. No se rinde. Es su manera de combatir el dolor.

Ella se enfada, se le agria el carácter, se le huele soberbia, se le intuye altanera. Pero es un espejismo de María. La verdadera María está detrás de ahí. Escondida y con la cabeza algo gacha.

María toca música y María desafina. No sabe, no aprende.

María es miel, pero no es abeja. No es aguijón. A veces la confunden. A veces, ella misma se confunde.

¡Pero no, María no es abeja. No es aguijón!

María es dulce. Es rabiosamente dulce. Estratégicamente dulce.

María esconde un secreto. El secreto de no ser de miel. De no ser de rabia. De no ser dulce y de no ser amarga.

A veces María deja de saber quien es. Y se pierde es sus sabores, mezclados todos.

María está hecha de lo que nunca dijo, también de lo que gritó.

Es posible que lo que nunca dijo, sea más de María que lo que contó, con suave voz, con letras, cantando o a pleno grito.

Maldita dulzura, María. Maldita dulzura la tuya….

Hablemos de ruina y espina
hablemos de polvo y herida
de mi miedo a las alturas
lo que quieras pero hablemos,
de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos. 

Hablemos para no oírnos,
bebamos para no vernos,
hablando pasan los días,
que nos quedan para irnos.

Yo al bucle de tu olvido
tú al redil de mis instintos.

Maldita dulzura la tuya,
maldita dulzura la tuya,
maldita dulzura la tuya. 

Me hablas de ruina y espina,
te clavas el polvo en la herida,
me culpas de las alturas
que ves desde tus zapatos.
No quieres hablar del tiempo,
aunque este de nuestro lado
y hablas para no oírme,
y bebes para no verme,
yo callo y río y bebo.
No doy tregua ni consuelo.
Y no es por maldad lo juro
es que me divierte el juego.

Maldita dulzura la mía
maldita dulzura la mía
maldita dulzura la mía.

Maldita dulzura la nuestra.

Vetusta Morla. Maldita dulzura.
imagen sacada de internet
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