C´est fini

4 largos meses – y 6 días más-, de toma continuada de antibióticos.

Por fin ha terminado esta etapa. ¡San se acabó!

Adéu, agur, ciao, bye, tschüss, adjö, sayonara, arrivederci!!!!!

Como dirían The Doors:

This is the end, beautiful friend
 This is the end, my only friend, the end
 Of our elaborate plans, the end
 Of everything that stands, the end
 No safety or surprise, the end
 I'll never look into your eyes, again

Can you picture what will be, so limitless and free
 Desperately in need, of some, stranger's hand
 In a, desperate land...”

Durante todo este tiempo, desde que entré en el hospital hasta ahora, he superado muchísimos obstáculos y barreras. Algunos lo saben, otros lo intuyen y los y las hay, que los han sentido y saltado conmigo. De la mano, a mi vera. Sin fallarme.

Pero pocos, muy pocos, conocían de mí, un miedo oculto. Un miedo que ha salido a la luz. Un miedo que ha salido perdiendo. Un miedo que ya no lo es.

Nunca fue un secreto. Ni era un misterio. Era, sin embargo, una parcela de mí que no salía en todas las escenas de mi vida. No se solía dar como tema de conversación ni yo tampoco hacía alarde de ello. Era una característica más, peculiar quizás, de mi sombra.

Con toda la experiencia vivida, primero en el largo ingreso y posteriormente a mi salida, he conseguido vencer ese miedo que me devoraba. Además, lo he hecho con matrícula de honor. No me ha quedado otra que transitar por ese camino del terror. Y atravesarlo yo solita, porque aunque me haya sentido acompañada, ha sido un mano a mano entre el miedo y yo.

¿Mi pánico? Tomar medicación. Sea cual fuera, me daba muchísimo miedo tomar medicinas. No sé cuándo empezó, ni qué pensaba que podía sucederme, pero no era nada amiga de ninguna cosa que tuviera que tomar y que pudiera generarme algún efecto secundario. Siempre tenía que mantener el control de todo y con química extraña, podía ser que interfiriera. Algo así era mi miedo…. ¿..?

Yo sacaba chistes de mis temores y preguntaba entre risas, si me tomo por ejemplo el hierro (he tenido varias veces anemia) y me duele un día la cabeza, ¿puedo tomarme un paracetamol o me hace interacción? (risas, risas, risas…). Yo lo necesitaba preguntar en serio y escuchar que me dijeran con certeza y seguridad que nada iba a pasarme.

Pues así ocurría con cualquier cosa. No era amiga de las pastillas. No sólo por mis creencias sobre ellas, sino en este caso, por MIEDO. Una sensación paralizante.

Creo que hay un dicho para estos casos:

– No quieres sopa, pues toma 2 tazas.

En el hospital, me negué a tomar parte de la medicación inicial. Yo sentía que podía pasarme algo y me daba pavor. No podía racionalizar aquella sensación. Ni tan si quiera me tranquilizaba la idea de estar atendida por médicos. YO NO IBA A TOMAR TANTAS PASTILLAS DE GOLPE Y PUNTO. El miedo me superaba. Aguantaba los dolores por la noche como una auténtica jabata. Al tercer día, el malestar era tal que accedí a tomarlas. Las primeras veces, necesitaba estar acompañada y tratar de no pensar en ello. Pocos días después y al comprobar que no me ocurría nada, me fui relajando, ya no estaba tan tensa al tomarlas.

Sin embargo, lo más difícil fue cuando salí. Estando en casa, debía hacerme cargo de ese miedo y aún con él, tomarme lo que me habían prescrito. Además, el número de pastillas empezó a aumentar progresivamente. Bien porque los pinchazos -copaxone- no me hacían el efecto deseado y tuve que pasar a Tecfidera, porque hubo que empezar con antidepresivos, por los antibióticos para el absceso incansable…. En definitiva, que al final, me vi con 20 gominolas al día, algunas químicas y otras naturales. Era como transitar cada día por el túnel del terror.

Es de chiste, lo sé. Pero era así.

Ya hoy las tomo sin miedo. Lo hago como un acto mecánico. Ya no entro en colapso mental. Ya no tiemblo por dentro.

Tras tomarme no sólo 2, sino casi 20 tazas de caldo al día, puedo decir con total determinación que he superado ese miedo.

Pero aunque ya no lo tenga, aunque me haya liberado de él, no me gusta tomar tanta medicación. Es algo que no va conmigo. Así que irme despidiendo de ellas, me genera gran alegría y tranquilidad.

Les digo, ¡¡¡¡¡ adéu, agur, ciao, bye, tschüss, adjö, sayonara, arrivederci!!!!!

imagen de Luis Quiles
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