Abrazando

Ayer vi una conferencia, que si bien no me dijo nada nuevo, sí que me re-situó.

¡Se me olvida!

Y es que sin darme cuenta, ya estoy transitando el viejo camino otra vez.

Abrazar y aceptar.

Abrazar al síntoma para que deje de gritar. Abrazar a la enfermedad. No enfadarme con ella, es sólo una alarma que me recuerda que hay una desarmonía entre mi mente y mi alma.

Cuando me coloco en esta posición, todo me parece más llevadero. Más fluido. Más amigable.

Y me reconcilio con la vida. Perdono los reproches y las quejas que me hago.

Me perdono y los dejo ir. No me quedo enredada en el desánimo, ni en el dolor, ni la rabia.

Justo hoy, me viene esta canción a la mente y la repito una y otra vez. Con voz muy bajita, con susurros, a pleno grito rasgando mi garganta, con la original sonando de fondo, o con un tarareo parecido que no es fiel reflejo del tema.

Te dejé marchar. Luz Casal. 

He soñado con tus manos...
 pintando el cielo de gris
 con cuidado, muy despacio,
 yo mirando desde aquí
 en un jardín de lágrimas.
 Lágrimas por ti.
 Hemos vivido en una isla
 tanto tiempo juntos,
 flotando sobre el mar.
 Yo te he visto,
 jugando con las olas
 y la arena acariciar...
 Yo sabía que te quería
 y te traje dentro de mí.
 Pero te dejé marchar,
 yo te dejé marchar,
 yo te dejé marchar
 después de la última noche
 yo te dejé marchar.
 Soy una mujer... mi corazón se está desgarrando
 por la ternura que se fue, la que lo mató.
 Mi pelo sopla al viento
 yo canto fuerte... y lento
 canto sobre tus noches..canto sobre el sabor
 de la sal en tu piel.
 Pero te dejé marchar
 y las olas no te traerán aquí,
 pero yo te esperaré... en la orilla
 aunque tú no volverás jamás. 

Te dejé marchar……

Sí. A ratos lo consigo.

A ratos también, abrazo a la EM y me relajo a su lado.

Confío en que todo tiene un sentido.

Y casi que dejo que me cuide. Que sea él, el que dirija el rumbo.

El síntoma. La brújula que indica la senda. Mi senda.

Lo abrazo, sí. Descanso en él y cierro los ojos.

Admito que me da pavor. Que me ha dado o que a veces me da. No sabría decirlo con certeza.

Pero también reconozco, que ya se dan instantes, en los que me fundo en un intenso abrazo con “la bestia”.

Él y yo. En un abrazo tan efímero como eterno. Tan fugaz como infinito. Anhelado y temido abrazo. Un abrazo que me calma y me estremece.

El principio del final o el principio del principio.

Nuestro abrazo.

imagen de Agnes-Cecile
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