Siento, luego existo

Semana de torbellino emocional. Podría decirse que mi alma se afanó en experimentar, miles de sensaciones, días antes de llegar a los 38.

El lunes comenzó con una terapia potente que tocaba bien de lleno en la diana. El centro de mi pecho. Mis emociones más profundas. Sacudida al escudo de María. Por fin se va quebrando la estatua.

Luego, por la tarde/noche, un agotamiento y extenuación que me impidió moverme de la horizontalidad.

El martes, cierre y despedida del curso al que llevo meses acudiendo, en la Asociación Provincial de Esclerosis Múltiple (APEM). Un hasta luego con personitas agradables y de las que he aprendido.

Al regreso, me encuentro una sorpresa muy muy muy bonita, que con el corazón abierto en canal, como lo he tenido, me arrastró algunas de las lágrimas que había guardado esa mañana.

El miércoles, otra terapia (esta vez de biodinámica craneosacral), me coloca y descoloca, mueve y remueve, el ritmo de la respiración y con ella, se acerca y aleja una fuerte opresión en el pecho….Otra vez ese corazón mío, que se agita y se protege a partes iguales.

Por la tarde, tras una siesta reponerdora (o eso creía yo), me aventuro a continuar con mi nueva forma de meditación – mancharme las manos con pintura, pegamento y carboncillo-. Poco duró la energía. Desde que la luz del día cayó, mi fuerza se marchó con ella. Noche de recogimiento y cuidados. Sigo teniendo mi pecho abierto de par en par, emociones que entran y salen sin orden alguno. ¡ Uy, qué susto me da!

El jueves, coincidiendo con el solsticio de invierno, me llega la ansiada carta. Una resolución que notifica la situación laboral en la que voy a encontrarme, al menos, los 2 próximos años. Otra vez el pecho….. Se agita, se acelera el pulso, se entrecorta mi respiración. Ufffff, ¡menos mal!. Por mucho que me duela, es evidente que no puedo ir a trabajar con el ritmo e intensidad que eso supone. Tranquilidad y tristeza, mucha, mucha, mucha, tristeza.

No doy ni 20 minutos de reposo a esta emoción porque rápido me voy a la dermatóloga. Tras 3 meses de antibiótico, el absceso continúa saliendo a su antojo, casi semanalmente. En su consulta y sintiéndome pequeña – no sé por qué- me dice que de nuevo tengo que pasar por el cirujano. – Pum, pum, pum, pum- El corazón corre rápido. No le gusta lo que escucha. No está de acuerdo. No le parece justo. Lo estamos haciendo todo bien, ¡coño!, ¿por qué sigue saliendo?

Vuelvo a casa molesta y enfadada conmigo. No he podido/sabido hacer las preguntas oportunas a la médica. Estaba como colapsada….

Vaya, intuyo lo que va a pasar. Profunda y conocida tristeza aflora, ya acostada.

Viernes, día de almuerzo de “empieza”. Quedo con mis amigas, las que han formado parte de mi vida laboral, pero sobre todo personal, estos últimos 10 años. Cuando llego allí, me sorprendo más aún, porque no esperaba encontrarme con algunas personas. Emotiva comida, bonitos recuerdos, anécdotas graciosos. Una forma preciosa de decirles hola y adiós, en una parcela de mi vida.

Salgo de allí, con ganas de seguir en mi trabajo con las manos, sin el filtro y boicot de la cabeza. ¡¡¡Qué subidón, qué entusiasmo!!!

Cuando paro, en cuerpo se afloja también, pero como llevo años exprimiéndolo sin ser consciente que debo parar, no es nueva esa sensación.

Otra noche de recogimiento y cuidados. El alma se expande y contrae. No logro dormir de la cantidad de estímulos. Mi corazón vuelve a agitarse desorbitadamente – pum, pum, pum, pum- Estoy agotada pero excesivamente excitada.

Sábado, quiero resolver algunas gestiones propias de estas fechas. Salgo, voy, vengo y….. ¡plof!

¿Pero tú no te das cuenta que llevas toda la semana con un torbellino emocional y físico?

¡¡PARA MARÍA, PARA!!

Pero, qué difícil es cuando siempre he hecho lo contrario. Tengo que hacer, tengo que moverme, tengo que tomar decisiones, tengo que estar con los demás, tengo que poder hacerlo, tengo que, tengo que, tengo que……

Ya es domingo: mi cumple. Con pocas expectativas, pero con muchas ganas de compartir con los que están conmigo, con los que me cuidan, me quieren, me arropan, me hacen sonreír, me hacen pensar, con los que me dan la mano, los que me hacen rabiar también. Pues, con todos ellos, me encuentro. Lejos o cerca en distancia, pero me encuentro.

El día ha sido tierno, ha sido rico, ha sido gracioso – me disfracé de duendecilla de la Navidad-, ha sido intenso. He estado con diferentes personas. Compañeros y compañeras de viaje. De mi viaje. Familia de sangre y familia elegida.

No he estado con otras que también han sido parte de mi viaje. La noche anterior, lloré cada una de las ausencias.

Llevo una intensidad dentro de mí que me desborda. Estoy muy sensible. Demasiado. Estoy muy feliz. Demasiado. Estoy muy triste. Demasiado. Estoy muy nerviosa. Demasiado. Estoy muy expuesta. Demasiado. Y eso tiene consecuencias. Las consecuencias son HOY.

Hoy me duele extremadamente el cuerpo, el pecho, las piernas, las manos, la cabeza.

Me duele el silencio y me duele la palabra.

Hoy me doy cuenta, un día más, que siento, luego existo.

¡Qué bello y qué doloroso es sentir!

 

imagen de Cris Valencia
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