Sentidos

Sentidos que siento y des- siento.

Es extraño. Muy extraño.

Me afano por conocer cada mensaje de mi cuerpo. Pero a veces tiene un código que no sé descifrar.

¿Cuándo la línea es hasta aquí y cuándo es hasta allá?

Siento y des- siento sin saber cómo ocurre.

Hay días que veo mejor, otras veces que todo está menos definido y algunos ratos, que el negro se apodera de mí.

Mis pies se congelan, siento mucho frío, la nariz se vuelve helado de vainilla y, de pronto, a poco que haga, estoy sudando, las gotas caen por mi frente.

Soy el blanco y soy el negro.

Soy izquierda y soy derecha.

Pequeñas corrientes por mis dedos ¿electricidad estática?

Siento y des- siento sin saber cómo ocurre.

Los ruidos excesivamente altos, el barullo, el gentío escandaloso, me desconecta.

– ¡Pero yo quiero estar ahí!

– No María, no toca – Off-.

Y mis manos a veces me engañan. Quiero abrir algo y no puedo. Después, son las mismas manos fuertes que siempre conocí. Las mías, las de verdad.

Estoy- no estoy- Estoy- no estoy.

Mis sentidos y yo jugamos al escondite. Un juego raro, de esos que estropean el recreo en el patio del colegio.

Pero es nuestro juego. El de mis sentidos, el mío.

A veces, mis sentidos sienten tanto que el pecho me vibra. A ese juego también juegan mis sentidos. Juegan a sentir mucho, a sentir hasta emocionarme, hasta hacerme y deshacerme.

Y entonces siento que soy feliz.

Feliz porque bailé, feliz porque oí la lluvia, feliz porque vi que podía, feliz porque sentí su piel con mis dedos, feliz porque sí.

Pero siento y des- siento sin saber cómo ocurre.

Y hay ratos que ésto, también, lo dejo de sentir.

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