Destellos y psicodelia

No sé si me resultaba más incómodo lo que veía o lo que dejaba de ver. Era una sensación desagradable y desconocida. Me estaba agobiando.

Fue este viernes por la tarde.

Ya, a medio día, sentí un calor excesivo. Salí a hacer unas gestiones cerca, muy cerca de casa. En el trayecto, el calor me invadió. Pero no es algo nuevo para mí. Empiezo a sudar casi sin moverme. En la tienda, las gotas empezaron a bajar por la frente y el cuello. Alguna se colaba por los ojos y bajaba por la nariz.

¡Qué incómoda me sentí! Era desagradable y a la vez me dejaba como floja, débil.

Desde que llegué a mi casa me metí en la ducha, porque aquella situación me había dejado decaída. El fuego estaba instalado en mi cuerpo, no en la calle. Era un calor interno.

Después de comer, no descansé – como debería haber hecho-. Salí a tomarme una infusión y dar un paseo. Ya había refrescado un poco y llevé un abrigo puesto.

Nos sentamos en la calle peatonal y tras tomarnos algo, seguimos de camino al estudio. Al llegar allí y entrar, mi visión comenzó un juego diabólico conmigo.

Empecé a sentir mucho, muchísimo calor. Y acompañando a la sensación térmica, todo comenzó a desdibujarse. No veía bien por los laterales, ni tampoco hacia arriba ni abajo. Se me puso una especie de visión túnel. En lugar de apreciar con nitidez, las imágenes se convertían en destellos, líneas blancas que ondeaban, acercándose y alejándose de mí, colores superpuestos….

Mi vista, la que había felicitado unos días atrás, me estaba retando nuevamente.

Yo no quería asustarme ni llamar la atención. Primero tenía que identificar qué era lo que me estaba pasando. Así que salía, cogía aire, cerraba los ojos, me ponía las gafas de sol, respiraba, buscaba temas para evadirme y no entrar en pánico.

De este modo, estuve más de una hora. Intentando quitar la atención de aquella desagradable experiencia psicodélica y a la espera de que remitieran los síntomas.

Estaba casi segura de lo que me estaba pasando- fenómeno de Uhthoff (*)- , pero eso no aliviaba la sensación de aturdimiento y alteración que me producía aquéllo.

Mantuve la calma, al menos aparentemente.

Estando quieta y sentada, poco a poco, las figuras comenzaron a tomar su forma habitual. Los destellos y luces agudas, desaparecieron y pude retomar mi vuelta a casa.

Sin embargo, no fue el único episodio en el día. Tras cenar, con el calor que produjo el alimento en el cuerpo, otra vez: distorsiones, ondas blancas, aturdimiento, visión parcial, mareo…..

A esta segunda ocasión, se le sumaba el cansancio. Junto a ella, vino un fuerte dolor de cabeza, presión en la cuenca de los ojos, gran tensión en el cuello y tristeza. También vino la tristeza.

Cuando vienen sensaciones así, que alteran tanto mi “normalidad”, caigo en un pozo oscuro.

Afortunadamente, con las horas de sueño, con una sonrisa, con mi talante y con las ganas de luchar que tengo, ese pozo quedó en el recuerdo. Ayer sábado tenía resaca del dolor. Resaca visual y resaca emocional. No veía bien del todo y mis ojos se quejaban. Pero eso fue ayer.

Ya hoy es domingo. Y es un domingo en el que siento aturdimiento. Sí, lo siento. Que tengo miedo a que me dé otro brote y que haya sido un aviso. Sí, tengo miedo. Es mi domingo post- psicodelia. Pero es un domingo sin pozos oscuros. Y es un domingo con esperanza y valentía.

Hoy es mi domingo astromántico, como dicen Zahara y Santi Balmes.

Y ya lo sé, otra vez ha sucedido
 volaron los manteles y el domingo se hizo especial.

Flotaba en azoteas todo mi deseo,
 un solecito bueno y tus faldas al viento,
 nada más.

Aeroplanos que saludo moviendo un espejo,
 la ropa y tu pelo se movían al mismo compás,
 nada más.
 Te deslizas como si fueras de viento
 y al contacto con mis dedos te desvanecieras.
 Si tu magia ya no me hace efecto,
 ¿cómo voy a continuar?
 Si me sueltas entre tanto viento,
 ¿cómo voy a continuar?
 ¿cómo voy a continuar?

Recuerdo que sopló la luna y era en pleno día
 y entre aquellas nubes vislumbraste la estrella polar,
 y algo más.

Madelmans haciendo slalom por tu cuello,
 aire que se lleva mis misterios,
 hacia el Sur se van.

Y sé que a veces piensas que estoy algo ido,
 pero nunca pierdo una sola oportunidad
 de admirar cómo …

(*) El síndrome de Uhthoff es un síntoma de la esclerosis múltiple que se caracteriza por el empeoramiento o la visión borrosa causada por un aumento de la temperatura , generalmente asociado con el ejercicio o el sobrecalentamiento.

Lleva el nombre de un neuroftalmólogo alemán llamado Wilhelm Uhthoff, quien lo describió por primera vez en 1890..

¿Qué causa el síndrome de Uhthoff?

A medida que aumenta la temperatura corporal, se reduce la capacidad de los nervios dañados para conducir impulsos.

Las fibras nerviosas dañadas por la MS transmiten mensajes hacia y desde el cerebro mucho más lentamente, si es que lo hacen. Un aumento en la temperatura corporal puede hacer que los mensajes dejen de enviarse, o que se envíen aún más lentamente, lo que empeora los síntomas hasta que la temperatura corporal regrese a la normalidad.

El empeoramiento y la borrosidad de la condición de la visión generalmente se resuelven por sí solos con descanso.

Cómo manejar el síndrome de Uhthoff.

No hay tratamiento para el síndrome de Uhthoff excepto para evitar el sobrecalentamiento del cuerpo. Todos los pacientes con EM que se ven afectados por este fenómeno deben definir sus límites al hacer ejercicio y la mejor hora del día para hacer ejercicio (por lo general, las mañanas son mejores para la mayoría de los pacientes con EM).

El uso de chalecos y vendas de enfriamiento, tomar baños o duchas frías, chupar cubitos de hielo o trozos de hielo o usar aire acondicionado o un ventilador también puede ayudar a reducir la temperatura corporal.

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