58 escalones

58 escalones es lo que a veces, me separa del mundo. Otras veces, 58 escalones, es lo lejos que el mundo está de mí.

No es lo mismo, ni si quiera parecido.

Cuando los escalones me separan de todo lo demás, tengo la posibilidad, si quiero, de bajarlos.

Con mis piernas más sólidas y ágiles, con más lentitud, con muletas o casi de carrerilla. Con zapatos más cómodos o a la aventura con tacones. Agarrándome fuerte a la barandilla, pisando con precaución, o bien, con las manos en los bolsillos. Da igual cómo lo haga o cuánto tarde en conseguirlo. Pero siento que puedo hacerlo.

Sin embargo, si siento que el mundo está separado de mí y no vislumbro los escalones con claridad, es cuando me refugio en mi universo particular y me autoengaño con vuelos inexistentes. Entonces, pierdo la fuerza para decidir bajar los peldaños.

Y 58 escalones se convierten en un abismo…..

Un abismo entre mi mundo y el otro mundo.

¡Qué curioso, si es la misma distancia! La que no lo percibe igual soy yo.

A veces, 58 escalones me parece un espacio infinito. Adquiere una magnitud irreal, lo sé. Pero yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

Y ese, también es un perfil de mi cara. El que está a la sombra. El escondido. El que duele.

58 escalones, ni uno más ni uno menos.

Pero yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

He soñado con bajarlos y llegar a un lugar mágico. Pero también, he deseado subirlos para escapar de un paisaje yermo y desolado.

Depende del perfil de mi cara.

58 escalones es lo que a veces, me separa del mundo. Otras veces, 58 escalones, es lo lejos que el mundo está de mí.

Pero siempre hay por medio, 58 escalones. Aún no he encontrado mi llave. La que abre la puerta que está a ras del suelo. Junto al resto del mundo. Sin escalones que me separen.

Y yo lo siento así. Por momentos. Por lamentos.

 

imagen de Charlie Davoli
Anuncios