Revival

Soy de recordar los pequeños detalles. Repaso en mi mente con precisión aquéllo que fue. Cómo era, su color, qué había, quiénes, etc.

Esta semana, recordaba, como me pasa con cierta frecuencia, mi relación con el humo. Ese mal hábito que durante tantos años me acompañó. Pero que a su vez -y para ser honesta- a veces echo de menos.

Mis manos cogiendo el cigarro, las uñas rojas cerca de los labios, rojos también.

Durante unos instantes me recreé con la fantasía de una maravillosa unión con el tabaco. Segundos de confusión. Los tengo, es así.

En el vagar de los recuerdos, me di cuenta que había borrado por completo de mi memoria, qué ceniceros habitaban en mi casa. Recordaba los de las casas ajenas, pero los míos – que regalé nada más salir del hospital-, los había desterrado de mi memoria.

¿Cómo eran?, formas, colores, tamaños….. ¡No lo recordaba!

Tras repasar minuciosamente mis ratos acompañada de los marlboro lights, me dí cuenta que ese dato no iba a aparecer en mi mente, al menos no por sí solo.

¡¿Qué le pasa a mi cabecita?! No sé si me enfada, me frustra, me entristece, o nada de eso, o todo a la vez.

Tiré de fotos. Entonces me encontré rebuscando en imágenes que me agitaron de nuevo. La que era, la que fui, la que ya no soy.

Y allí estaban. A lo lejos, uno. Más enfocado otro. En la mesa de la cocina. Escondido tras algún vaso de cerveza otro más. Allí estaban, en mis auto fotos, en las que había celebraciones compartidas, en las que estaba de reformas en casa…. Así, repasando mi vida en imágenes, volvieron a mi memoria los colores, formas y tamaños de los ceniceros de mi hogar. Los que ya no están, los ya no son bienvenidos.

Hoy, 4 de noviembre de 2017, hace un año y medio que entré en el hospital y también un año y medio de dejé de fumar.

Sí, sueño y mucho con mi relación con el tabaco. Pero ese será otro capítulo.

Hoy celebro mi valentía y fortaleza por haber roto, para siempre, con él.

imagen de Petite Bohème
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