El peso de la esclerosis

¿Sabías que la EM pesa?

Sí, la EM pesa. Y pesa mucho. Por momentos aplasta. Es terrible. Son toneladas de dolor impactando contra un cuerpo resquebrajado.

La EM pesa, sí. Y pesan las lágrimas de la EM.

También pesan los recuerdos. Y lo que ya no será. Esto también pesa.

Los que se fueron, los que ya no están. Ellos son un peso pesado. Deberían ser peso pluma, porque decidieron no estar, pero no. Así son las nostalgias.

Y pesa el futuro incierto. Tira y ahoga. ¡Cuánto pesa no saber cómo va a ser el progreso de la enfermedad!…..Ufff, este es un peso muerto. Una angustia permanente. Si me descuido, puede llegar a hundirme.

Afortunadamente también, hay días que todo pesa menos y el equipaje es más ligero.

Hay segundos que siento apenas unos gramos de más. Son segundos mágicos. Los tengo. Existen. Ellos me recuerdan quién soy. Son gramos efímeros. Se deshacen con el chasquido de los dedos. Están y no están.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

Pesa no poder hacer las cosas de antes. Ni poder realizar ciertas tareas y actividades. Pesa estar siempre cansada. Pesa no tener fuerza para hacer deporte. Pesa no poder subir mi compra por las escaleras. Pesa y mucho, no ser completamente autosuficiente, como siempre me gustó ser.

Y con tanto peso, con tanto peso, los kilos se han ido instalando en mí. Y ya no me siento ágil, ni me siento ligera, ni estoy delgada, ni estoy esbelta. No.

La imagen que veo en el espejo no es la que solía ver.

Un cambio demasiado drástico de rutinas diarias y de actividad. Un exceso -necesario- de horas de descanso y sofá. Cantidad de medicación, algunas de ellas que hinchan. Adiós al hábito insano del tabaco: más ansiedad, más comida.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

En total más de 10 Kg. me ha regalado mi esclerosis. Y eso sólo es el peso de la báscula.

Para los otros pesos no existen unidades de medida que acierten a marcar el dolor.

La EM pesa, sí. Y pesa mucho.

imagen de Bartozs Kosowski
Anuncios