Bittersweet

Ni dulce. Ni amargo. Ni picante. Ni ácido.

Todo entremezclado.

Resaca de emociones.

Bittersweet.

Enraizar mis pies con la tierra y volver a sentir que estoy viva.

Mirar a mi alrededor y recordar que yo ya no bailo.

Sensaciones agridulces.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Es una alarma que se repite y me indica que aquello fue lo que fue. Y que ya no es. Y que no será más.

Y nuevos aires me susurran al oído, muy despacio, que quizás sea mejor. Pero hay un pero. Yo no me lo creo.

Y el sí siempre gana. A ratos. Sólo a ratos.

Anoche volé sentada. Bailé sentada. Me emborraché de la emoción. Del sentir.

Pero miraba a mi derecha y ella sí bailaba con sus piernas. Ella saltaba alto. Ella tenía una copa y un cigarro en la mano.

Y yo la miraba. Y estaba plena de encontrarme allí. Sin saltar, sin bailar, sin beber. Pero allí.

Y el sí siempre gana.

En algún momento, me llamó la nostalgia. No la atendí. No quise.

Bittersweet.

Emociones encontradas y sobredosis de estímulos.

Ahí estaba yo escuchándolo. Canción tras canción. La que fuera mi BSO a la salida del hospital. Poeta Halley.

No estaba sola. Nunca lo estuve en realidad. Pero a veces me siento profundamente sola, detrás de un cristal, viendo el mundo pasar y yo detenida.

Y el sí siempre gana.

Y yo hoy no estoy triste. Ayer cayeron lágrimas. Sensaciones agridulces.

Resaca. Gran resaca. Las luces, los sonidos y toda mi alma expuesta, me han recordado el malestar físico tras una buena noche. -Y sin una gota de alcohol-.

Bittersweet.

Y el sí siempre gana. Pero hay un pero.

No sé deshacerme de él.

Con calma, María. Porque el sí siempre gana.

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