Toneladas

Una vez pasada la debilidad propia de la gripe, pensé que iría retornado mi energía.

Sin embargo, no ha ido así.

Estuve unos 10 días mala y el resto, hasta ahora, en proceso de recuperación. Pero aún continúa una sensación de debilidad y agotamiento extremo al hacer lo más mínimo. Y con lo más mínimo pongo el ejemplo de doblar una sábana y quedarme empadada en sudor y exhausta.

Meses atrás también se hizo presente esta fatiga (capítulo 62), pero poco a poco empezó a disminuir y pude llegar a hacer algunas actividades más.

Ahora ha vuelto la pesadez de cuerpo, la dificultad para moverme, el sopor constante aunque no duerma, la sensación de pesar toneladas. Y bueno, reconozco que con el cambio de rutinas y sobre todo de actividad física, he cogido unos kilitos, pero no me he convertido en un peso pesado para esta sensación de tonelada- woman.

Luego se genera la apatía, la culpa por no estar haciendo cosas, la sensación de estar perdiendo el tiempo, sentir que los días pasan y no hago nada de provecho….

Es un juego mental complicado de gestionar.

La cabeza está lúcida y querría emplear el tiempo de otra manera. Hacer cosas, entretenerme, disfrutar de la playa, el campo, los paseos, de las personas, realizar actividades… Pero el cuerpo, no tiene energía. Se convierte en una masa que me ata a la cama y al sofá.

Entonces el coco, como siempre, se pone a divagar y en la mayoría de las ocasiones, con duras palabras y recriminaciones de todo tipo.

¡Qué impotencia! No puedo parar mi cabeza, con esos pensamientos charlatanes que generan malestar. Pero tampoco puedo hacer ninguna actividad para distraerme porque para lo único que tengo fuerza es para parpadear.

Me convierto en una especie de marioneta presa de mis pensamientos y víctima de mi cuerpo decaído.

¡Profundo hastío!

También es cierto que tengo una gran capacidad para reponerme ante las situaciones. Y como no, en este caso lo haré, antes o después, una vez más. Volveré a escribir bravo a la caminante María (capítulo 144) y momentos como es un clásico (capítulo 44).

La cosa es que en medio de ellas, estoy yo, con mi personalidad de telenovela. La “drama-queen” María. Intensa y profunda. Que lucha pero que está cansada. Que se ríe, pero tiene ganas de gritar….

Y es que la intensidad cuando es para bien, rico, pero cuando es rumiando y entristecida, es potente y desgarradora.

Hasta ser intensa me da flojera en estos momentos….

En fin, esperemos que retorne el peso pluma (y por qué no, perder esos kilos que se me han sumado) y volar un poquillo con más energía y vigorosidad.

Hasta ese momento,

¡Aggg, toneladas!

 

imagen de Tommy  Ingberg

 

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