Acuérdate de mí

Acuérdate de mí, cuando pises algún charco, cuando escuches a algún pájaro cantar. 
Acuérdate de mí, cuando veas algún rayo agrietando todo el cielo como un cristal.
 No dejes de buscar, incluso en la hora más oscura puede aparecer de pronto la electricidad.
 Yo estaré por aquí escondido en algún recuerdo o en el leve movimiento de sentir.
 Y cabe la posibilidad de que te vuelva a encontrar en algún incendio.
 Y cabe la posibilidad de que te vuelva a encontrar en algún incendio.
 Me acordaré de ti parado en algún semáforo o afinando justo antes de salir.
 Estás por aquí escondida en alguna frase o en el leve movimiento de vivir.
 Y cabe la posibilidad de que te pueda olvidar en algún momento.
 Y cabe la posibilidad de que te pueda olvidar en algún momento. McEnroe. La electricidad.

Sí, acuérdate.

Acuérdate de la que fuiste. La que sigue viviendo en algún rincón. La que está pero no ves. La que eres.

Acuérdate de la que canta, la que sonríe. Acuérdate de la que quiere. La que juega. La alegre María. No me dejes morir. Acuérdate de mí.

A veces respiro y me huele a ti, a mí. Me huele a la que era. La que añoro. Y en esos a veces, me huele a risa. Me huele a mar. Me huele a tierra mojada. Me huele a magia.

Y no sé qué pasa con ese olor que me dan ganas de volar.

Quiero encontrarme nuevamente conmigo. Con mi espontaneidad. Quiero escuchar mis carcajadas. Necesito esa ilusión. Y guiñarte un ojo y flirtear.

No sé manejarme con la tristeza como compañera.

Quiero fugarme de esta realidad.

Estás y no estás. Cada día en mi memoria. Lejana en el espejo.

Incluso en la hora más oscura, puede aparecer de pronto la electricidad”. Y me repito una y otra vez esa frase, aferrada, deseando que vuelva la luz.

Mi luz, que tenue ya, se bate a duelo con la oscuridad.

¡Búscame!

En algún rincón sigo esperando y tengo ganas de volar. 

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