Una silla, un abismo

Una silla, un abismo.

Triste realidad.

Vuelvo a sentir que estoy viviendo al margen de la vida.

Una silla, un abismo.

El mundo pone trabas a las personas que de por sí, ya las tenemos.

Esta semana, he vuelto a llorar. He llorado por una silla. Me daba igual si era de plástico, de madera, grande o pequeña. No me importaba ni el color ni la ubicación. Simplemente pedía una silla.

Desde hace mucho tiempo, sabía que venían a Las Palmas Love of lesbian e Iván Ferreiro. De mis bandas favoritas. No he visto a ninguno en directo. ¡Mi ilusión era bestial!

Además, parece que esta última etapa- desde antes del ingreso en el hospital- no encuentro muchos motivos para ilusionarme.

El año pasado se hizo este mismo festival, sin acotar el espacio, y yo me compré mi silla plegable y portátil, para poder asistir. Este año, al haber cambiado la ubicación y condiciones, quise contactar con ellos para evitar sorpresas una vez allí. Al cobrar entrada, reducir el espacio, etc., no creía que me dejaran pasar con mi silla, que entre otras cosas en medio del mogollón de personas puede ser agobiante, porque es pequeña e inestable.

Esto fue lo que escribí a la organización del evento:

Hola buenas tardes. Mi nombre es María y con mucha probabilidad asista al festival. Tengo una duda: ¿Habría posibilidad de solicitar una silla? Tengo mucha dificultad para permanecer de pie y, depende del momento, para caminar también ( tengo esclerosis múltiple). Puedo llevar mis muletas, pero debo saber si podré sentarme en algún lugar dentro del recinto. Muchísimas gracias por la atención y espero noticias para saber si puedo asistir. Nuevamente gracias.
Pasados 2 días y en vista de que no respondían, insistí:
Buenas tardes nuevamente. Les agradecería una contestación para saber si puedo sacar la entrada. Un saludo.
Respuesta:
Hola, María. Como bien imaginas el espacio está diseñado sin mobiliario, pero existe una zona para personas con movilidad reducida en silla de ruedas. De todas maneras, habrá otra zona, la destinada a comida, donde habrá mesas y sillas. Naturalmente, su ocupación dependerá de la cantidad de gente que haya en el recinto. Un cordial saludo.

De pronto me sentí en terreno de nadie.

Una silla, un abismo.

No soy completamente normal, porque tengo limitaciones y, aunque sean invisibles, están, me afectan, me condicionan y por qué no decirlo: ME HACEN INFELIZ.

Pero tampoco estoy, afortunadamente, en silla de ruedas.

Entonces, la respuesta de ellos era: o te jodes y te lanzas a la aventura a ver si encuentras silla “depende de la cantidad de gente que haya en el recinto” o no vengas.

En un segundo, la ilusión generada pensando en ver a estas 2 bandas, se me hizo añicos.

Evidentemente, el dolor que sentí tiene que ver con mi no aceptación de todo lo que estoy viviendo. De mi rabia por no poder hacer las cosas de antes, ni de la manera que antes las hacía.

De mi malestar físico constante. De sentirme incomprendida.

Mi dolor era la suma de dolores de 16 meses de desgarro.

Hace poco, muy poco, aprendí a no silenciar mi voz. Aprendí a decir lo que, durante mucho tiempo, he callado. Y no voy a guardar más mis palabras. Gritarlas me salvan de una intoxicación por envenenamiento.

Me parece que la respuesta de la organización deja mucho que desear como sociedad. No pedía una infraestructura especial para mí. No pedía un transporte adaptado. No pedía que reservaran una zona específica. No pedía nada más que una jodida silla, que encima tenían. Sólo había que poner un poco más de interés.

Por suerte, la ley ya se encarga de la obligatoriedad de disponer de espacios delimitados, baños accesibles, etc. para personas con sillas de ruedas. Y eso debe ser cumplido. ¡ Gracias sociedad por ser tan humanos!

Pero para las personas que tenemos movilidad reducida, pero no se nos nota, para nosotros aún no hay nada establecido. Más que las buenas formas de algunos y el interés de otros.

¡Terrible!

Me duele, me duele muchísimo, me hiere, me repatea, me enfada, me genera impotencia….

– Haz una vida normal María, sal más, intenta divertirte, busca nuevas cosas en qué entretenerte…..

Si el mundo ayudara un poco más, igual sería menos duro.

Hizo falta un simple mensaje para sentirme de nuevo en el abismo.

Me pregunto si alguna vez, llegaré a adaptarme a este tipo de situaciones.

Quizás hayan personas que no entiendan mi dolor. Lógico, no tienen ni idea de lo mal que lo paso. Quizás hayan personas que les parezca una respuesta normal la de la organización. Lógico, no saben lo frustrante que es vivir limitada. Es que quizás hayan personas que no sepan que cada día me siento mal y triste por mi situación.

Tras la impotencia de ayer, puse en el facebook lo ocurrido, cosa que no suelo hacer. Diferentes amigos – muchísimas gracias- contactaron conmigo para asegurarme una silla en el festival (a través de contactos). La pena es que si no llego a expresar mi dolor, pocos se habrían enterado de lo sucedido. Y otra pena es que no todas las personas tienen contactos para poder garantizar la silla.

La silla para mí ha reflejado el desinterés, la falta de empatía y lo ensimismados que estamos cada uno con nuestros ombligos.

El mundo así me resulta demoledor.

Una silla, un abismo.

 

 

imagen de Giulia Rosa
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