Poder o no poder, ésa es la cuestión

Está claro que aún no me conozco. No sé medir mis fuerzas en esta nueva situación.

A veces me veo esforzándome porque siento que puedo y creyendo, que en ese mismo esfuerzo, es dónde está la voluntad para tirar hacia adelante.

Otras veces, en ese mismo empeño de superarme y no caer en el victimismo, me excedo. En esos casos, es cuando paso la línea y mi cuerpo quiebra.

Es complicado.

Aún me siento perdida dentro de mí.

Me cuesta estar parada. No quiero ser una gandula o vaga. Creo que tengo capacidad de hacer determinadas cosas. Me siento feliz por conseguirlo y además, hacerlo con éxito.

Y de pronto, sin saber qué ha cambiado, mi capacidad de respuesta ya no es esa. Me veo impedida, floja, agotada, extenuada.

No conozco ni este cuerpo que habito, ni esta mente que, en muchos casos, me domina.

De todas formas, sí que creo que tengo que abrir más los sentidos, para estar alerta y parar a tiempo.

Me cuesta tanto aceptar que no puedo hacer actividades tan cotidianas como pasar un día fuera de casa, comiendo y pasando el rato con amigas. O que puedo hacerlo, pero estando sentada, sin participar en la organización del almuerzo. O bien que puedo participar, pero que ello va a tener un coste físico importante. Es como si me negara a asumirlo.

Tengo sentimientos encontrados.

Por una parte, quiero ser la María efectiva y eficaz de antes. Me siento plena al saber que soy útil, colaborando y ayudando. Y por otro lado, si no puedo participar, está el sentimiento de ¿vergüenza, impotencia, frustración?, que a su vez se convierten en percibirme inválida.

Sé que son sensaciones y sentimientos totalmente desacertados y nada coherentes….. pero es parte de mi proceso de aceptación.

De todas formas, no me siento triste ni desalentada con esta situación. Al contrario, con ello me voy dando cuenta de mis nuevas circunstancias y que tengo que seguir conociéndome y entendiéndome.

Tengo muchas ganas de hacerme amiga “de verdad” de la nueva persona que soy. De tenderme la mano, cuando lo necesite y de hacerme mover el culo, también cuando la ocasión lo requiera. Pero, todavía me encuentro un poco atolondrada y haciendo muchas cosas por la inercia de como las hacía antes.

Se me ocurre, no sé si será bueno, ponerme algún recordatorio: tipo anillo, elástico o escribirlo con bolígrafo en mi mano, para asegurarme que no me despisto.

Es importante aprender a diferenciar cuándo realmente puedo y cuándo es que no.

También en esos momentos, cuando realmente no pueda, es un gran aprendizaje que sigue pendiente, saber pedir ayuda. Estoy dando mis pasitos.

No soy más ni soy menos.

¿En qué momento de la vida adopté el papel de super woman?, no lo sé, pero desde luego es un lastre importante.

Parafraseando (a mi manera) a Shakespeare:

Poder o no poder, ésa es la cuestión. 

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