Sistema incoherente inhumano vs. coherencia humana antisistema

 

No comprendo este mundo y, posiblemente, éste no me comprenda a mí. Siempre fue así. Hace rato que lo vengo sabiendo.

El sistema funciona, a mi juicio, de una manera alocada, sin criterio, sin lógica.

Estuve ingresada en el hospital casi 20 días. Pude comprobar cómo mis ideales de alimentación, por ejemplo, nada tenían que ver con los que se ofrecen en un lugar que “busca recuperar la salud de las personas”. Harinas refinadas, fritos, empanados, verduras congeladas, galletas de paquete…. Sé que es la forma más habitual de comer. Pero en un lugar donde los profesionales de la salud están presentes, no lo comprendo…..para mí es insólito. Pero es lo que interesa. Alimentación industrial y de masas.

– ¡Tú tómate estas pastillitas y ya está, María! No opines que los que sabemos de la salud, somos nosotros.

Cierto es que me lo comía todo y casi que devorando. La ansiedad que viví esos días era desorbitada. En un lugar desconocido para mí, fuera de mi hogar, a la espera de saber qué me ocurría, sin intimidad alguna, medicada hasta las cejas, habiendo dejado de fumar por fuerza mayor y evidentemente muy asustada. Comía lo que me pusieran delante.

Ni durante ese tiempo, ni después, el servicio canario de salud, ofreció apoyo terapéutico emocional. (Supongo que este desinterés por los sentimientos y emociones, no es algo exclusivo ni de las Islas Canarias ni de España).

Los días que transcurrieron allí, podría haber sido muy útil que se me acercara alguien que trabajase las emociones y tratara de ayudarme. A mí y a todas las personas que están privadas de libertad, y/o asustadas, esperando saber qué les ocurre, es un periodo de convalecencia. En definitiva, ingresadas en un hospital – que a no ser que sea por haber dado a luz- difícil que sea agradable.

Mucho más, el día que me dieron el diagnóstico y los posteriores. Fue como soltar una bomba y dejármela en las manos para que me explotara sola en casa. Incoherencia del sistema. Falta de empatía y nada cuidadosos con las emociones de una.

Creo que es fundamental, cuando una persona recibe una noticia de ese calibre, ofrecer un apoyo terapéutico. Ya luego habrá quién lo agradezca y necesite, o quién lo rechace también. Pero creo que dar la opción es importante.

– Nada María, si estás afligida por la noticia, búscate los recursos y las herramientas tú sola en casa con los tuyos. El sistema está muy ocupado en otras cosas.

Tampoco entiendo esta otra etapa. Se supone que los brotes de la EM tiene relación directa con los nervios o situaciones de estrés. Un factor importante es aprender a tener una vida más calmada y tranquila. Pues eso no va de la mano con lo que el sistema me exige:

– Miles de visitas a diferentes médicos y rehabilitadores. No para garantizar mi estado de salud, sino para cumplir cada uno con sus protocolos. El médico de cabecera durante el periodo de baja, la mutua que va detrás del médico de cabecera, el neurólogo cuando me corresponde, recoger la medicación en la farmacia del hospital, analítica regulares de control, médicos rehabilitadores del centro mismo y, del hospital, otro día diferente. Si tienes un brote ir fuera de hora a que te atiendan cuando puedan (5 horas de espera), para el tratamiento del mismo (ir diariamente a ponerte el cóctel intravenoso). Cuando se termina el tiempo de baja, ir a la inspección, haber recopilado los diferentes informes (que no te los dan en las consultas, sino hay que hacer más colas, para solicitarlos. Esperar hasta 1 mes y volver a recogerlos a veces más de 1 h. de espera). Todo ello, tratando de que no coincidan todas estas “burocracias médicas” en fecha y hora. Esto se hace con relativa frecuencia y, en la mayoría de las ocasiones, con largas esperas. E incluso a veces, con un trato desagradable.

¿Realmente creen que así puedo normalizar mi vida y tratar de estar en calma?, ¿es coherente?

Además de ello, como el sistema NO OFRECE alternativas para recuperarme, más que en forma de pastillas químicas, yo he buscado otras posibilidades de mejora. Ellas las cuento con detalle en el capítulo 122 “ensalada de terapias”. Todas las costeo de mi bolsillo, pero ¿qué sucede?. Que el sistema baja el sueldo al haber pasado el año de baja.

Evidentemente, soy afortunada por poder hacer las terapias que hago. Soy afortunada porque si me apuro un mes, tengo respaldo familiar que me ayuda en la economía. Pero vuelvo a plantear, ¿es viable una recuperación real con el sistema en el que vivimos?

Si, bueno. Podría hartarme de pastillas (más aún), quedarme en el sofá y dejar que la EM se apoderara de mi vida. Hacer la rehabilitación, eso sí, que es la única terapia que es pautada por el servicio canario de salud y de resto lamentar mi falta de evolución. Pero esa no es mi opción.

El sistema está poniendo el punto de mira sólo en un interés: las pastillas.

No soy partidaria de apoyar ni aplaudir este sistema.

No quiero ser un número más de una lista de espera. No quiero ser, en vano, una más de mil.

No me parece coherente que los médicos hablen de normalizar una vida, de la necesidad de estar en calma y evitar situaciones de estrés, cuando el sistema mismo está organizado para fomentar, justamente este estrés, la mala calidad de vida y tiene olvidado por completo, el mundo emocional.

Sistema incoherente inhumano vs. coherencia humana antisistema.

Y yo no quiero ser, en vano, una más de mil.

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