Caminante María

Todo pasa y todo queda,
 pero lo nuestro es pasar,
 pasar haciendo caminos,
 caminos sobre el mar.
 
 Nunca perseguí la gloria,
 ni dejar en la memoria
 de los hombres mi canción;
 yo amo los mundos sutiles,
 ingrávidos y gentiles,
 como pompas de jabón.
 
 Me gusta verlos pintarse
 de sol y grana, volar
 bajo el cielo azul, temblar
 súbitamente y quebrarse…
 
 Nunca perseguí la gloria.
 
 Caminante, son tus huellas
 el camino y nada más;
 caminante, no hay camino,
 se hace camino al andar.
 
 Al andar se hace camino
 y al volver la vista atrás
 se ve la senda que nunca
 se ha de volver a pisar.
 
 Caminante no hay camino
 sino estelas en la mar…
 
 Hace algún tiempo en ese lugar
 donde hoy los bosques se visten de espinos
 se oyó la voz de un poeta gritar
 Caminante no hay camino,
 se hace camino al andar…”
 
 Golpe a golpe, verso a verso…
 
 Murió el poeta lejos del hogar.
 Le cubre el polvo de un país vecino.
 Al alejarse le vieron llorar.
 Caminante no hay camino,
 se hace camino al andar…”
 
 Golpe a golpe, verso a verso…
 
 Cuando el jilguero no puede cantar.
 Cuando el poeta es un peregrino,
 cuando de nada nos sirve rezar.
 Caminante no hay camino,
 se hace camino al andar…”
 
 Golpe a golpe, verso a verso. Antonio Machado. 

¡Ayer, por fin, mis piernas me dejaron volar!

Recorrí un tramo que hacía más de 1 año y medio que no conseguía hacer. Siempre terminaba cogiendo un taxi porque mis piernas a mitad de trayecto, perdían su energía y empezaban a aflojarse.

¡Gran avance, caminante María!

En esta última etapa, de tanto cambio y evolución, han estado muy presentes los verbos progresar, caminar, avanzar, pero mis piernas no me dejaban ir dando esos pasos literales que calzan zapatos y pisan adoquines.

Ayer, poco a poco, con mis piernas lentas y precavidas fui superando metas.

¡Gran avance, caminante María!

Creo que poca gente es capaz de sentir emoción por lograr dar pasos.

Cuando éramos bebés y pasábamos del gateo a estar de pie, quizás en ese entonces, sí se festejaron nuestras huellas en el suelo.

Pero ahora, lo tenemos tan integrado como parpadear o respirar. Sólo cuando algo nos lo impide, es cuando somos conscientes de lo que cuesta.

Ya no vamos a ponernos en casos extremos (perder la movilidad o tenerla limitada), sino situaciones más banales: un zapato hace daño, tienes algo clavado, te molesta una uña…. Dar pasos, en estos casos, es todo una hazaña. Duele, molesta, incomoda, empezamos a cojear, a agarrarnos de las barandillas, coches, personas o directamente nos paramos por no aguantar ese malestar.

Ayer, la caminante María hizo casi 3 km. Con sus cosas clavadas, o su molestia en la uña o su zapato incómodo.

¡Gran avance, caminante María!

Con mis paradas eso sí. Con mi signo de Lhermitte soltando pequeños estallidos y con una sensación grande de estar fuera de órbita. Sin embargo, poco me importa esto otro, cuando soy capaz de decir que he vuelto a caminar casi todo el paseo de Las Canteras.

¡Gran avance, caminante María!

Seguro que pocas veces – o nunca-, te has emocionado por hacer ese recorrido, ¿verdad?

La próxima vez que lo hagas, o que estés paseando en esa u otra dirección, recuerda que existimos personas que contamos los días que podemos caminar. Que un pie se mueva detrás de otro y que rocen durante un rato contra el suelo, es motivo de celebración y regocijo.

Hoy repetí. Con el cuerpo un poco molido, pero con la cabeza bien alta.

¡Gran avance, caminante María!

Quiero volver a volar, como hacía antes, sin darme cuenta que era mágico. Y cada vez que dé nuevos pasos, sabré el valor que tienen. Los pasos y la magia de darlos.

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