Catarsis

 

Catarsis (del griego kátharsis, purificación) es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Mediante la experiencia de la compasión y el miedo (eleos y phobos), los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones.

Según Aristóteles, la catarsis es la facultad de la tragedia de redimir (o “soportar la purificación”) al espectador de sus propias bajas pasiones, al verlas proyectadas en los personajes de la obra, y al permitirle ver el castigo merecido e inevitable de éstas; pero sin experimentar dicho castigo él mismo. Al involucrarse en la trama, la audiencia puede experimentar dichas pasiones junto con los personajes, pero sin temor a sufrir sus verdaderos efectos. De modo que, después de presenciar la obra teatral, se entenderá mejor a sí mismo, y no repetirá la cadena de decisiones que llevaron a los personajes a su fatídico final.

Por otra parte, Josef Breuer y Sigmund Freud, iniciadores del psicoanálisis, retomaron este concepto en sus primeros trabajos, y denominaron método catártico a la expresión de una emoción presente reprimida o recuerdo pasado reprimido durante el tratamiento, en estado hipnótico o mediante la terapia cognitiva, lo que generaría un “desbloqueo” súbito de dicha emoción o recuerdo, pero con un impacto duradero (y le permitiría luego al paciente, por ejemplo, entender mejor dicha emoción o evento o incluso hablar ampliamente sobre ello).

Sea la que apuntaba Aristóteles (pudiendo ver en un espejo ajeno mis propias necesidades de cambio) o la de la terapia cognitiva (desbloqueo súbito emocional), este fin de semana, sin duda alguna, experimenté una profunda catarsis.

Llevaba días en un estado más bien bajo. Poco animada y algo abatida. Sin embargo, nada me hacía imaginar que horas más tarde, se removería en mí algo tan profundo. El día iba transcurriendo con normalidad. En un momento dado y sin que las circunstancias ocurridas, se correspondieran con mi reacción , se abrió un grifo y por él comenzó a salir el dolor de muchos días, meses y años, en forma de lágrimas.

Éstas salían descontroladamente y a borbotones. No respondían a lo que estaba sucediendo en el momento presente. Cada gota salada llevaba impregnada una gran carga emocional, guardada en mi pecho durante días, muchos días, meses, muchos meses, años, muchos años.

Lloré y lloré y lloré. Mi respiración agitada acompañaba al ritmo de las lágrimas. El estómago encogido. Mi cuerpo totalmente entregado. Tenía la garganta atorada de todo lo que quería gritar y estaba guardando en silencio.

Fue como vaciar un estanque que rebosa agua por todo lados. Aguas empozadas, aguas sucias y turbias.

Mi llanto estaba descontrolado como también lo estaban mis emociones acalladas. No era consciente de todo lo que había estado reprimiendo.

Catarsis que anuncia procesos de limpieza, de recolocación, de aceptación. De dejar salir lo viejo, para que entre lo nuevo.

Todavía estoy sensible. Se removió la “basura” de años y aún quedan restos que van saliendo de a poquito. Con más suavidad pero que se limpie, sí.

Ahora con el grifo cerrado, puedo seguir mirando en el espejo mi dolor pero mi alegría también.

Catarsis que anuncia luz en la oscuridad.

 

 

 

 

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