¿Quién soy cuando no soy?

 

Me conozco y me desconozco.

Estoy en un punto de despedir algunas de mis características y en su lugar, se van instalando otras.

Pero ni soy aquella ni soy ésta.

Lágrimas inagotables que anuncian adioses.

Nostalgia de lo que fue.

Un adiós sin su hola.

Y aquellas rarezas, quizá mías, quizá robadas, se tambalean en mis pies, como se tambalea mi cuerpo.

Estoy triste.

Se van mis recuerdos, como se van mis hábitos, como se van mis afectos.

Y eso no significa que lo que venga no sea bueno. No, no significa eso.

Pero a veces no sé desprenderme de lo viejo y otras veces, no quiero hacerlo. Es lo mío, lo que conozco, lo que me dio de comer durante tantos años.

Recuerdos de dolores, dolores en recuerdos.

¿Quién soy cuando ya no soy?

Ahora mismo no soy. No estoy. No me encuentro. No me conozco.

Y no soy aquella ni soy ésta.

Pero existo en una franja alejada de la frontera.

Soy una sonrisa entre mis lágrimas.

Soy una lágrima que no se acaba. Y a veces, pero pocas veces, una sonrisa que no empieza.

¿Sabes tú quién soy?

No soy mi diagnóstico, eso sí lo sé.

Pero de pronto lo soy.

No soy una enferma, eso sí lo sé.

Pero de pronto soy esclerosis múltiple.

Ya dejé de ser la que era. Pero no sé decirle adiós a ella. Decirme adiós a mí misma. A la que fui. A la que se fue.

Me desgarra esa despedida.

No sé quien soy cuando ya no soy.

Me aferro entonces a lo conocido.

Ya llevo desconociéndome 15 meses y aún no la suelto. Aún no me suelto.

Tengo miedo dejar de ser y quedarme en el olvido. En el olvido de mí. En el olvido de ti.

Tengo miedo de conocer quien soy ahora y decepcionarme y decepcionarte.

Nunca supe quererme bien. Ahora es más difícil hacerlo.

Me conozco y me desconozco tantas veces como parpadeo en un día.

Creo que este es el verdadero dolor de una enfermedad.

Dejar morir a quien fue para dar paso a una nueva persona.

¿Quién soy cuando no soy?

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