4`4 kg de puro AMOR

 

Llevo más de una semana, dedicada al completo, a los cuidados y atenciones de mi compañera de vida.

Una vez más la EM, se ha hecho presente en esta situación.

Desde que supe que tenía que llevar a mi chica linda al veterinario, tuve que buscar la manera para que alguna persona viniera a mi casa, para que la bajara por las escaleras y me acompañara a la consulta. Posteriormente habría que hacer el camino inverso. En otro momento de mi vida, podría haberla bajado yo sola, podría haber caminado con ella por la calle dentro de su bolsito y además, habría retenido la información que me diera la veterinaria. Ahora es pedir ayuda para todo. Mi independencia se ve comprometida.

Fue necesaria llevarla 2 veces, antes del día de la operación. El tercero, además, para dejarla a primera hora y recogerla a mitad de la tarde, fue necesario contar con dos personas que me echaran dos manos y dos piernas. E incluso su hombro para consolar el llanto que me dio al despedirme de ella y marcharme.

El cansancio de la noche anterior, no fue lo suficiente para dejar que mis ojos se cerraran un poco antes de ir a su encuentro. Mi corazón agitado, pensaba si ella aguantaría la anestesia y la intervención.

¡Qué alegría al volver a verla!

Ella me reconoció, me miraba adormilada y sin entender qué le estaba pasando y sobre todo, por qué la había abandonado con aquellos extraños que le tocaban sin ella quererlo.

¡Uffff, qué alivio. Mi chica está bien!

En la explicación del proceso de la intervención y de los posteriores cuidados, así cómo los resultados iniciales de los análisis, puedo asegurar que estaba presente, pero no podía atender. Estaba escuchando, pero no reteniendo. Era algo como cuando me dieron mi diagnóstico:

– Bla, bla, bla, bla.

Una vez más, se hizo presente mi EM. Esta nueva torpeza mental y aturdimiento que me producen las situaciones de nerviosismo. Yo estoy, mis sentidos están, mi cuerpo también, pero se produce alguna interferencia entre la información y mi cerebro. Las palabras se quedan flotando por algún universo que no orbita en mi mente.

Yo sólo quería llegar a casa para sacarla del bolsito, dejar que se moviera libremente, poder acariciarla y respirar tranquilas.

Así mismo se produjo el regreso. Ella reaccionó estupendamente, incluso devorando su comida, que desde las 00 horas de la noche anterior, había sido retirada. Yo por fin, sentí que respiraba tras varios días.

Llevamos una semana en alerta por ola de calor, con temperaturas poco habituales. Esto ha provocado cierta ralentización en todos mis movimientos, más torpeza y debilidad. Además, de mucha más fatiga y cansancio. Sin embargo, esa noche ya podía dormir porque todo había pasado.

Debía esperar a las 00 horas para darle la segunda dosis del calmante pautado. Serían 5 dosis de 0.1 ml. Todo el líquido estaba en una misma jeringa que yo debía administrar de a poco.

Estaba realmente cansada a esa hora. El dormir poco de los días previos, la ola de calor que me empujaba a la posición horizontal y lo nervios de la situación, eran la base de mi agotamiento. La EM y mis manos de gomas hicieron el resto. Quise darle su dosis, no titubeé. Le abrí la boca, cogí la jeringa y ahí perdí el control. No sé cómo pero se me escurrió de entre los dedos y el embolo terminó de pulsarse para en lugar de darle 0`1 ml, tomar 5 veces la dosis. En ese momento, tras mi primera reacción que fue entrar en shock, mi mente rápido me culpabilizó por estas manos rudas, torpes y de goma.

Una vez más, la EM y sus consecuencias, marcando el camino de mi vida.

Lloré, me angustié, no sabía qué hacer. Ella y yo solas en casa. A las 00 de la noche, sin poder acudir a la veterinaria, sin querer volver a someterla al estrés de sacarla….. ¡Horror!

Llamé a un veterinario de urgencias que en principio me tranquilizó. La dosis no era tan elevada como para provocar daños irreversibles, pero claro, me decía, cada gato es como cada persona, un ser diferente. Debido a su edad había que estar supervisándola toda la noche – podía darle un paro respiratorio-, o bien, llevarla a un lavado de estómago (esto no lo dijo con insistencia).

Muchas lágrimas después, decidí que nos quedábamos en casa.

Ella con su gran sutura de unos 15 cm, no se sentía cómoda en la cama conmigo. Sino en una alfombra que le preparé en el salón. Así es que pasé las primeras horas de la noche, en el sofá, mirando cada rato si respiraba. A mitad de la noche, me pasé a mi habitación. Sin embargo una fuerza motriz, me despertaba cada poco, para acercarme y comprobar que seguía respirando. Sobre las 6:00h de la mañana, se pasó a la cama conmigo. Ya en ese momento, creo que me relajé un poco más y pude dormir cerca e 2 horas seguidas. ¡Menos mal!. Ella respiraba y eso me dejó descansar.

La EM ha venido para quedarse.

Y sí vale, hay muchas cosas que puedo hacer de manera independiente y autónoma.

También hay otras, que me recuerdan diariamente, que sola no puedo. Que ni mis manos, ni mis piernas, ni mi cabeza, tienen la fuerza, aguante, precisión, lucidez y comprensión de antes.

Mi chica linda está conmigo incondicionalmente. Cuando tenía más fuerza y ahora que tengo menos. Cuando podía bailar y ahora que no puedo. Cuando salía temprano al trabajo y ahora que salgo más tarde a las rehabilitaciones y terapias. Cuando tenía pareja y se metía en la cama en medio de ambos, y ahora, que tiene todo el lado izquierdo del aposento para ella. Cuando me sentaba a reflexionar con una cervecita y un cigarro y ahora cuando me tomo una infusión. Cuando llegaba oliendo a mi compañero peludo -Sidhe- y ahora que a veces acaricio algún otro por la calle.

Sus 4.4kg de puro amor, están conmigo y con mi EM, incondicionalmente.

Gracias compañera. Sentirte cerca me da fuerzas para seguir en la lucha.

 

imagen de Virgina Mori
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