Vacío

 

¿Qué es lo más duro de mi diagnóstico de EM?

El vacío que ha dejado mi vida anterior.

Se han ido quedando huecos o parcelas en mí, que llevan nombres propios y actividades en mi vida, que ya no están.

A muchas personas en edad de jubilarse, les ocurre que cuando paran su actividad (que requería tanta atención e implicación en su vida), al desaparecer, se encuentran con un abismo. Vacío aterrador que puede derivar en una depresión importante.

Pues bien, yo no estoy en edad de jubilarme, pero salí un día, hace mucho ya, de mi segunda casa y no he podido volver. Tengo un hueco en el alma que no sé cómo rellenar. Mi profesión suponía sentirme válida, útil, que ayudaba a los demás, en contacto diario con personas. Suponía escuchar risas, recibir cariño y besos de niños, de niñas. También agradecimiento por parte de compañeros y de familias. Se me ha quedado una parcela vacía (por el momento).

Tenía una vida, además de la parte laboral, con actividades que me nutrían. A veces conciertos, a veces playa, a veces cervecitas, a veces bailes, a veces asaderos, a veces viajes, a veces hacíamos mercadillos, a veces taller de croquetas, a veces nos disfrazábamos, a veces cantábamos…. Y todos esos a veces, se han desvanecido y ya no están. Bien por imposibilidad mía: mi cuerpo, mis piernas, fatiga, debilidad o aturdimiento. Y también, porque hay personas que se han ido de mi lado. En ese fragmento se queda un hueco tremendamente doloroso. Un vacío más desgarrador que el laboral.

Hay parcelas de mi alma, rotas y devastadas. Parcelas que ya no van a volver y me dejan en duelo. Un duelo que se une a otro duelo y otro, que se añade a otros más.

Este aspecto es el más duro de mi diagnóstico.

No sólo lo que supone la enfermedad, con todo su equipaje de la mano, sino los vacíos que han quedado y que no sé cómo llenar ni sanar. – Estoy aprendiendo -.

Algunas pérdidas son para siempre.

Otras han cambiado de situación.

Las hay inexplicables.

La más profunda, me enfrenta cada día con mi espejo para recordarme y aceptar el motivo de la pérdida.

Todas y cada una de ellas me dejan huérfana, vacía, a la deriva.

No es la Múltiple. Es el cambio de vida. Son los huecos que se han quedado y ahora se rellenan, erróneamente, con el nombre de EM.

El tiempo irá pasando y volveré a tener nuevas parcelas llenas de color, llenas de gratitud, llenas de besos y llenas de risas en el patio.

¡No me pienso dar por vencida!

Sólo que hay momentos, en los que los vacíos me llaman a gritos y no sé a qué agarrarme.

Hoy sucumbí al chasquido del hoyo.

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