Help

Help! I need somebody
 Help! not just anybody
 Help! you know i need someone
 Help! when i was younger, so much younger than today
 I never needed anybody's help in any way
 But now these days are gone i'm not so self assured
 Now i findi've changed my mind, i've opened up the doors
 Help me if you can, i'm feeling down
 And i do appreciate you being 'round
 Help me get my feet back on the ground
 Won't you please, please help me?
 And now my life has changed in oh so many ways
 My independence seems to vanish in the haze
 But every now and then i feel so insecure
 I know that i just need you like i've never done before
 Help me if you can, i'm feeling down
 And i do appreciate you being 'round
 Help me get my feet back on the ground
 Won't you please, please help me?
 When i was younger, so much younger than today
 I never needed anybody's help in any way
 But now these days are gone i'm not so self assured
 Now i findi've changed my mind, i've opened up the doors
 Help me if you can, i'm feeling down
 And i do appreciate you being 'round
 Help me get my feet back on the ground
 Won't you please, please help me?
 Help me. help me, oooh!!! 

Mítico tema de “The Beatles”.

Help!

Escuchando y traduciendo la letra, me doy cuenta, cómo adquiere un sentido muy vívido para mí.

¡Me cuesta tanto pedir ayuda! No supe hacerlo en el pasado. Siempre podía sola – eso creía y eso creé-.

Y ahora, lograrlo, es todo un entrenamiento.

Necesito ayuda, pero me siento como una niña pequeña aprendiendo a montar en bicicleta. Con miedo a dar el paso, con la vergüenza de caerme. Lo estoy intentando. Aunque cueste. Y no paro, entreno una y otra vez.

Hubo un tiempo en que tuve los pedales de atrás puestos. Me resultaba más sencillo. Mantener el equilibrio sin necesidad de ayuda externa, era lo habitual para mí. Estaba metida en esa dinámica de pedalear y pedalear. No necesitaba “tanto” de las personas. Mi bicicleta, aunque algo oxidada, y sus ruedas de atrás, me permitían moverme. A veces hasta soltaba las manos y gritaba al viento. Sólo ocurría a veces. Me caí en diferentes momentos, pero me levantaba, soplaba la herida y seguía el paso. Si la pupa era muy grande, solía pedir agua oxigenada o una tirita, pero sólo si era grande.

En la actualidad, dentro de mi independencia, tengo que contar mucho más, con la manos y las piernas, de mi entorno. Y como no, contar con su corazón latiendo cerca del mío.

¡Es tan complicado tratar de hacerlo todo sola!, tan agotador….

Ya mi bicicleta está completamente oxidada y las ruedas de atrás chirrían. No puedo manejarme como antes, ni creo que quiera hacerlo como antes tampoco.

Pero también me cuesta aflojar esa imagen de super woman. Dejar caer el disfraz de heroína, de cara a los demás y de cara a mí misma. Buffff, ¿cómo se hace?

Me empeño en buscar mil y una solución para hacerlo yo sola – con el estrés que eso me genera- en lugar de aflojar un punto y pedir, tranquila y naturalmente, que me ayuden.

Estoy metiendo este aprendizaje, en la lista de nuevos estados de María.

Aprendizaje número 1582: María aprende a pedir ayuda.

No dejo de hacerlo por soberbia o altanería. No me creo superior, ni hay una explicación lógica. Simplemente es que no sé pedirla. Me bloqueo, me quedo paralizada y mi cabeza utiliza la estrategia de disco rayado, buscando una solución -que pueda hacer yo sola-. Evidentemente, esa no es la forma adecuada; estoy en bucle para ver cómo gestiono algo (en lo que actualmente sí necesito ayuda), pero sólo cuando pasa un buen rato, soy capaz de salir de ahí y darme cuenta que no tengo por qué hacerlo yo sola. ¿Y si pides ayuda, Mariquilla?

Es algo que estoy interiorizando. Aún, lo que me sale de manera automática es querer resolverlo yo sola, con mis manos, mis pies y con mi cabeza, y no, “robándole” el tiempo a nadie.

Pero, más o menos, voy cogiendo rodaje a esta manera de pedalear a tres o cuatro.

Bueno, pues a desnudarme una vez más en este tramo del camino.

“Aprendiendo a pedir ayuda”.

PD: Gracias, siempre, por brindarme ese bastón.

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