Tiempo de parar el tiempo

 

Hace poco leí la siguiente frase en una foto.

Diagnóstico de la civilización:

En algún lugar de alguna selva, alguien comentó,

– ¡Qué raros son los civilizados! Todos tienen relojes y ninguno tiene tiempo”.

Desconozco quién la dijo, pero me pareció tan significativa…..

Llevo fuera de la espiral que nos sume en esta era, que es: trabajar, agobiarse, preparar comidas, lavadoras, supermercado, limpiar, reuniones, citas, horarios, etc, etc, 14 meses ya. 425 días más o menos, fuera de esa espiral dictada por los segundos que marca el reloj. Cloc, cloc, cloc, cloc.

En esta etapa de tanto cambio para mí, he tenido que parar por fuerza mayor. Y de pronto, gracias a la EM y esta parada, he podido entender que todos -o casi todos-, estamos enfermos. Enfermos por cómo vivimos, por cómo gestionamos nuestra vida, mirando la mayor parte de las veces, el reloj. Enfermos porque a veces ni levantamos la vista hacia la cara de la persona que tenemos en frente. No podemos, el reloj marca la hora de.

Es un mal que nos tiene atrapados y creo que sólo se puede salir de él, con un grado muy elevado de consciencia o cuando el tiempo en tu vida literalmente se detiene- como ha sido mi caso-.

Y me apena haber estado tantos años aprisionada en esa rueda, como a los hamster se les pone para mantenerlos entretenidos.

Y me apena ver ahora desde fuera, cómo es el juego. Juego en el que casi por inercia entramos y, aunque jugamos a diario, no nos aporta diversión. Es “lo que hay que hacer”.

Si pudiéramos jugar de otra forma.

Si el tiempo se midiera por momentos que nos generan bienestar y no por gotas de sudor para llegar a tiempo.

Creo que cuando estaba “sana”, estaba también enferma. Una enfermedad tan invisible como lo puede ser la EM.

Una enfermedad que se contagia sin estar en contacto con nadie. Sólo por vivir ya estamos expuestos a esta enfermedad de la era moderna.

Recuerdo que me gustaba mi trabajo, que me gustaba mi vida, aunque reconozco que había aspectos con los que no me sentía cómoda y que deseaba que cambiaran. Pues ahora, tras este aprendizaje, creo que si volviera hacia atrás, haría las cosas de otra forma. Si tuviera el sentir que tengo hoy, gestionaría mi vida de manera más calmada, más serena.

Hacerlo así es mi plan ahora. Lo que por el camino se han quedado cosas, que quizás no pueda volver a repetir, ni de esta forma nueva, ni de la anterior. Ya no puedo hacerlas….

No estoy triste por ello. Bueno, sí. Sí que lo estoy.

Aún me encuentro en una etapa que recuerdo con mucha nostalgia todo lo anterior. Todo lo que hacía María antes y ya no. Cómo lucía María antes y ahora no.

Pero bueno, con esa tristeza y todo, puedo decir que estoy más curada de la enfermedad del tiempo. Aunque cargue con otra diferente, esta “curación”, me permite estar más presente. Sin segunderos dándome órdenes a gritos.

Y no precisamente porque haya dejado de hacer cosas. Yo diariamente voy a mis respectivas terapias, médicos, revisiones, etc, gestiono mi hogar y mis cosas, pero siento que me salí de la rueda de hamster y, ahora, mis pasos no los doy por inercia para no caerme, sino por elección.

¡Creo que es tiempo de parar el tiempo!

Te invito a bailar con tu propio ritmo.

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