Iceberg

Hace dos días leí la noticia de que un iceberg de 5800 km cuadrados se había desprendido en la Antártida. Al parecer, la brecha llevaba años siendo observada, desde que en 1995 y en 2002, respectivamente, ya se quebrara la barrera Larsen.

Luego me vino a la mente, el símil que se emplea con los iceberg.

Según Hemingway, la teoría del iceberg en Psicología, viene a decir que sólo atendemos aquello que percibimos a simple vista. El resto pasa inadvertido, comparándolo con un iceberg. Es decir, que hay una parte consciente de la información, pero también otra inconsciente.Cuando miramos la realidad que tenemos delante de nuestros ojos, vemos su superficie, lo visible, que según la teoría del iceberg es sólo un 20% del total. ¿Qué pasa con lo todo lo demás? Eso correspondería con la parte inconsciente, ese otro 80 % del total. Esto ocurre también con nuestras emociones y formas de actuar, que se ven completamente influidas por aquello que no somos conscientes pero que está presentes en nosotros.

Como soy mucho de pensar y fantasear, de pronto, me sentí como aquella barrera. Sentí como si una masa de más de un billón de toneladas se estuviera desprendiendo de mí. Una masa invisible, etérea, impalpable, pero tremendamente pesada a su vez.

Y en ese momento siento que se va desanudando la cuerda que me ata, aquello que me obstaculiza, que me limita, que me ahoga. Con el camino que estoy siguiendo, los procesos de crecimiento interior, las diferentes terapias que busco y las que me encuentran ellas a mí, una parte muy pesada y dolorosa, se va rompiendo. Capa a capa, aflojándose, cayendo, desprendiéndose de mi cuerpo, de mi mente, de mi alma.

Soy un iceberg.

Iceberg que esconde una parte importante bajo las profundidades – como todo ser humano- .

Iceberg que se desprende y se separa para ofrecer mayor ligereza – de crisálida a mariposa- .

No quiero cargar piedras en mi espalda, piedras invisibles que me hunden.

Me despido de esa enorme masa helada, veo como se va alejando lenta y suavemente de mí. Con tanta sutileza, que es casi imperceptible para los ojos. Para mí es evidente.

Como dijo el Principito despidiéndose del zorro:

– Lo esencial es invisible para los ojos.

No hace falta que se vea. Está sucediendo.

 

imagen de Oriol Angrill Jordà

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