Un paso de peatones triste

 

Hay una falta de empatía y, además, unos prejuicios respecto a las personas con movilidad reducida, MUY GRANDE.

En un periodo muy breve de tiempo, he experimentado ejemplos de ambas situaciones. Una vez más, me he sentido mal, poco comprendida y nada respetada.

Ya no sólo tiene una que lidiar con sus dolores físicos, con la aceptación de la enfermedad, con la tristeza de lo que está ocurriendo, sino encima con las estupideces humanas, que me vuelven a situar en la pena que damos como especie.

Este domingo, venía caminando de casa de mi amiga Caro, ¡después de meses sin hacer un paseo tan largo!. Ya era tarde, las 20:30 h. más o menos, tras un día encantador con mi pequeña sobri jugando, dándole de comer, bañándola, etc.

A esa hora y después de un día entero, mis piernas me sirven, pero van a una velocidad mucho más lenta de lo habitual y además, con algunas torpezas y flojeras.

Iba atravesando un paso de peatones, a mi ritmo, lento pero sin pausa. A lo lejos venían coches. Es un paso de peatones que no tiene semáforos. Cuando comencé a cruzarlo, no había ninguno parado aún. Yo seguía mi camino, cuando de pronto, una señora mayor que venía reduciendo la velocidad, pero se ve que sin ganas de frenar, se pone a gesticularme, a tocar la pita y en un momento dado pega un acelerón que casi me atropella. ¿A la señora le molestaba que yo no pudiera ir más rápido o que no eché a correr por un paso de peatones?

Mi amiga Ruth dijo, señora, un poco más de paciencia y siguió hacia adelante. Yo, en ese momento, aún perpleja por lo sucedido, me giro frente a ella, cara a cara, cruzo los brazos y entonces sí que me paro. Mientras ella ponía caretos, empecé a decirle que no podía caminar más rápido, que tenía dificultades para caminar, que si no se daba cuenta. El resto de coches, que observaban la escena, no dijeron nada, no tocaron pita ni hicieron gestos de acelerar, pero tampoco fueron capaces de decirle a aquella señora nada al respecto de su actitud poco cívica y menos humana.

Seguí cruzando, con una tristeza enorme. Cabizbaja, enfadada, molesta…. Me llegué a cuestionar si es que estaría tardando demasiado en cruzar, porque no podía, ni puedo, llegar a entender que ninguna persona, pero menos una mayor (que probablemente tenga sus achaques), meta prisa y de forma tan desagradable a otra que ¡encima no puede caminar más rápido!

En fin….. Un año de muchísimos aprendizajes y más decepciones. Cuántos valores nos faltan….

Otro anécdota, esta vez con los prejuicios, ha sido hace poco en un hotel, en una hamaca para PMR (personas de movilidad reducida). Dado que justo esos días tenía las piernas totalmente de gelatina, casi no podía sostenerme y había 10 hamacas con el cartel (PMR), yo hice uso de una de ellas. Las otras “normales” estaban muy alejadas de la piscina y no podía ir y volver para bañarme sin agarrarme de una barandilla o muletas (que no tenía).

Estando en la hamaca, viene una señora extranjera y me muestra el cartel, a lo que asiento con la cabeza, como diciendo que lo sé y que yo pertenezco a ese grupo. Le sonrío agradeciendo que me informe.

Más tarde, viene un matrimonio extranjero también, que han visto la primera escena y me lo repiten. Les digo que sí y les señalo hacia mis piernas, asintiendo. Se van muy molestos y no dejan de cuchichear el resto de la mañana, de ponerme malas caras desde lejos. Otra pareja mayor, más cerca de mí, que también observaban la situación, me dicen a modo de justificación, es que no se te nota nada con lo bonita que eres….. ¡ehhhh!….¡Grrrrrrrr!.

Eso se volvió a repetir al día siguiente. Malas caras por estar en una hamaca que tengo necesidad y derecho a usar. Encima me sentía mal por sus comentarios, por sus caras y expresiones….

Sentí unas ganas de llorar enormes. Impotencia, frustración….. Es decir, ojalá pudiera estar en una hamaca diferente y correr hasta la piscina, ojalá tuviera excedente de energía y gastarla en esas cosas, ojalá las rodillas me sostuvieran más y mejor, ojalá no tuviera que experimentar ser objeto de cuchicheo, por el hecho de que no se te nota nada “con lo bonita que eres”……

En todo este tiempo, he vivido varias situaciones dolorosas para mí y que ponen en evidencia lo mal que vamos como sociedad. Desde meterse delante mía en la cola del supermercado por ir yo más lenta, a hacer comentarios en voz alta cerca si estoy sentada (y hay personas sin asiento que claramente lo quieren), a ir caminando y que choquen contra mí y hacerme perder el equilibrio, a tratarme como impertinente en una tienda cuando digo que no puedo estar de pie. No sé si el hecho de tener una dificultad que es evidente por días y en otros momentos no, es lo que hace que las personas actúen así, o si llevara siempre las muletas, cambiaría su actitud hacia mí.

¡Jamás querría aprovecharme de las circunstancias para salir beneficiada! Son necesidades que tengo y me parece muy triste, tener que justificarme constantemente o aguantar malos momentos, porque no se me note mirándome a la cara.

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