¡Gracias a la vida!

 

Llevo días mejor. La sonrisa va de mi mano.

Mi cuerpo me acompaña y entonces la mente y el alma se ponen contentas.

El alma se siente más viva y entonces mi cuerpo tiene mejor aguante.

Magia, estrellas, color.

Y es en estos días, con el corazón más sereno, que puedo decir: gracias a la vida.

Esta canción la escuché en mi infancia en muchas ocasiones.

En el radio cassette de mi madre, con su cinta original. Bajo la guitarra de mi padre, cantada en un tono más agudo de lo que es su voz…

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros, que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el oído que en todo su ancho
Graba noche y día, grillos y canarios
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos
Y la voz tan tierna de mi bien amado

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario
Con el las palabras que pienso y declaro
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montanas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano
Cuando miro al bueno tan lejos del malo
Cuando miro al fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es mi mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto
Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Mercedes Sosa.

Me descubrí hace dos días, bajando las escaleras del edificio casi corriendo. Iba con prisa y fue a mitad del trayecto, que fui consciente de la velocidad de mis piernas.

¡Gracias a la vida!

Me sentí viva, quería correr por las calles, gritarle al mundo que mis piernas podían funcionar otra vez.

¡Gracias a la vida!

Llegué a rehabilitación llena de energía, sonriente, casi eufórica.

Quizás para otra persona poder bajar las escaleras con cierta rapidez, es un hecho que pasa desapercibido. Lo era para mí hace tan sólo un año y poco….¡Pero ahora fue un hecho tan importante!

¡Gracias a la vida!

Ese fue el colofón en una sucesión de anécdotas de color verde. Tras ellas, he ido sintiendo que todo fluye de un modo más mágico, más sereno, más esperanzador, más alegre, más bonito….

¡Gracias a la vida!

¡Gracias a la vida!

¡Gracias a la vida!

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montanas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio”

 

Mis piernas me sirven para bailar, entre otras actividades que adoro.

Si ellas me lo permiten y me dejan bailar nuevamente, tengo que devolverles el favor, con la melodía saliendo por mis poros, correspondiendo sonrisas, reparando sueños, compartiendo abrazos, regalando amor.

Llevo días mejor. La sonrisa va de mi mano.

Mi cuerpo me acompaña y entonces la mente y el alma se ponen contentas.

El alma se siente más viva y entonces mi cuerpo tiene mejor aguante.

Magia, estrellas, color.

¡Gracias a la vida!

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