La loca de la casa

 

Hace poco me contaron que Santa Teresa acuñó a la mente como “la loca de la casa”.

Entonces, en mi casa vivimos 3. Pelusa, la loca y yo.

A veces me resulta agotador tratar de lidiar con la cotorra. Todo el día con un parloteo incesante. Salta de un tema a otro, busca problemas donde no los hay, dice negro cuando es blanco y cuando es blanco realmente, se le antoja hablar de los colores del arcoiris.

Suele ser bastante mezquina y trata de boicotear cualquier atisbo de serenidad y bienestar.

A veces nos llevamos bien. Pocas veces para ser sincera.

Quiero mantenerla acallada, entretenida, para poder centrarme en lo verdaderamente esencial. Pero en la mayoría de las ocasiones, no me sale la jugada y la que me tiene entretenida y absorta en sus papanatadas es ella a mí.

¡Qué jodía es! Mira que llevamos años juntas y aún no acierto a cómo relacionarme con ella.

En el fondo es frágil, porque sabe que a poco que la conozca, su luz va quedar relegada a sombra. Pero la verdad es que aunque me esmero en entenderla, suele dominarme y me deja noqueada.

La loca de la casa está exactamente así: loca. Y no siempre es una locura simpática. Muchas veces utiliza tácticas súper destructivas y devastadoras.

Dicen, que ella también es la que nos hace soñar y fantasear. No lo creo, no. La loca de la casa se deja llevar de la mano, cuando el alma nos hace volar e imaginar. Pero en ese momento está al servicio del alma. No es ella. ¡Qué va! En esos momentos, en todo caso si aparece, se encarga de darte un batacazo en mitad del sueño con un toque de aparente realidad teñida de amargura.

La loca de la casa no vive en los animales. Ellos son felices ajenos a esta señora de verruga en nariz. (los pobres ya tienen al ser humano para dañarlos y hacerles sufrir).

Menos mal que la loca a veces se mantiene en silencio. A veces, me deja echarme una siesta sin sus chillidos en el tímpano. En esos momentos, vuelo y suspiro entre notas musicales y olores a jazmín.

Mi propósito es que nos llevemos bien. Eso se traduce en que ella esté al servicio mío y no al revés. Que ella me siga de la mano en mis sueños y anhelos. Ella es buena conocedora de números y letras, pero para el resto, que el corazón me deje ponerlo a mí, con la transparencia que me corresponde y no teñido de matices oscuros o borrones.

Loca, loquita mía, ¡vamos a llevarnos bien! En realidad somos 3 locas viviendo juntas.

¡Gocemos de esta sana locura!

La loca de la casa y yo, ya casi somos amigas.

Collage de Julie Campbell
Anuncios