Cuerda

 

Cada día, hacer girar la cuerda.

Como a una caja de música, a mi ánimo hay que darle rosca.

La bailarina no da vueltas. Y aunque abra la caja, si no la ayudo, se queda estática, parada, inerte.

Cada día cuerda, María.

Cuando la bailarina coge impulso, cuando suena la melodía adecuada, cuando se sabe necesaria en la función, entonces, la cuerda sale de su propio corazón. En ese momento, el pum pum pum marca el ritmo de la bailarina.

Cada día cuerda, María.

Me lo quiero tatuar, como tengo mi llave o mis hadas. Recordatorios de vida.

Hoy, al hacer girar la arandela, la música comenzó a sonar de fondo. La bailarina no se movía con soltura, pero hizo el ademán. Luego, otra mano, volvió a bornearla. Esta vez, el impulso fue mayor.

Cada día cuerda, María.

Y cuando menos lo espere, estaré bailando nuevamente. Como siempre me gustó, como siempre hice.

Cada día cuerda, María.

Gracias a todas las manos amigas que hacen girar mi anilla.

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