Destino desconocido

 

Viaje sin trayecto. Compré un ticket de ida y no sé hacia dónde.

Pasado, presente, futuro. Ninguno es real, tampoco lo contrario.

¿En qué momento de mi vida me encuentro?

Simplemente he dejado que saber.

Conocía tanto de mí. Me sabía de memoria. Con los ojos cerrados, podía ir repasando cada lunar de mi cuerpo. Cada detalle de mi vida. Y lo voy olvidando y me pierdo en mí misma.

Ahora me siento en un cuerpo prestado, que no conozco y no me entiendo con él. Cuerpo torpe y débil.

Una mente que juega conmigo. Que ha decidido tomarse un descanso, dejándome un montón de tareas acumuladas.

Mente, cuerpo y María, todos nuevos y desconocidos. En algunos aspectos me gustan, en otros estoy molesta, enfadada y con miedo.

Dime, ¿qué harías en mi situación?

Cuando todo lo conocido se derrumba, cuando nada es cierto. Cuando tu propia cabeza, aquella que creías todopoderosa, se te escurre entre los dedos.

Olvidar, trastabillar con mis propios pensamientos, sentir lentitud en mis movimientos y, cada vez más, en mis silencios.

Me iría. No sé a dónde. No sé a qué. No sé si querría regresar de nuevo.

Este billete que compré hace años y me tiene en este destino, no me convence. No sé por qué hice esta elección en el viaje, pero me está resultando muy complicado disfrutarlo.

¿Qué hago ahora?

Espero sentada en el andén, con las piernas colgando por el borde. Cabizbaja. Espero en el andén. En silencio. Escuchando el choque de uno de mis sueños con otro. Y al chocar hacen mucho ruido. Dejan mucho polvo en el aire. Por eso hay días que me duele tanto. Es difícil no ahogarse con la polvareda.

Pero decidí quedarme un tiempo más en esta estación. No sé el motivo. Aquí estoy. Aún no me pienso marchar.

No sé a dónde lleva este ticket . Seguiré con la duda.

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